martes, 12 de abril de 2011

Dando razón de nuestra fe. La propuesta de Vito Mancuso

Resumen y crítica del libro de Corrado Augias y Vito Mancuso, Disputa su Dio e dintorni
(Milano, Mondadori, 2009)
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Hace dos veranos leí un libro italiano que me fascinó y que quiero compartir con los lectores de habla hispana de este blog, ya que aún no ha sido traducido al castellano y creo que es muy enriquecedor, sobre todo para los que nos preguntamos acerca de nuestra fe teniendo presente a los que no creen. Al no conocer a los autores — sí había oído hablar de Corrado Augias —, lo que al principio llamó mi atención fue el título de la obra Disputa su Dio e dintorni, que traducido podría ser Disputa sobre Dios y aledaños. Como sugiere el mismo título que no defrauda, el libro es el resultado de un diálogo intenso y extenso entre un creyente y un no creyente sobre varios temas, la mayoría de mucha actualidad y polémicos. Leyéndolo desde el punto de vista de un católico, se puede considerar como un ejercicio moderno de apologética, es decir, como un intento de ‘dar razón de nuestra esperanza’, de exponer de una forma razonable nuestra fe a quien está dispuesto a escucharnos aunque no la comparta.
                Corrado Augias es muy conocido en Italia, al ser no sólo escritor y periodista, sino también político y director de programas de televisión. Define así su visión de la vida al comienzo del libro: “... no creo que hemos sido creados por voluntad de un dios, ni mucho menos que hemos sido hechos ‘a su imagen y semejanza’; hay días que miro a mi alrededor, veo o leo lo que pasa y encuentro esta afirmación (¿presunción? ¿suposición?) como mínimo inapropiada. Si después pienso en los horrores que los hombres, también los hombres de Iglesia, han sido capaces de realizar, me parece incluso blasfema. No creo que nuestra vida sobre esta tierra tenga un significado trascendente, no creo que haya otra vida después de la muerte, estoy convencido que con el último respiro todo termina y lo que era polvo vuelve a ser polvo, o cenizas, es decir que vuelve a formar parte del gran flujo del Ser... Alguna vez me he preguntado si todas las religiones no hayan nacido justo de la necesidad de huir de algún modo del terror de la muerte, de dar consuelo en el dolor.... Personalmente, no creo que nuestro actuar moral tenga que ser dictado por el temor a una pena o por la esperanza de una recompensa en aquel territorio lejano...Creo que la necesidad de una moral recta es innata en todo ser humano... (p. 10). Curiosamente, se ha acusado a Augias de haber plagiado en este libro un texto de Edward Osborne Wilson, fundador de la sociobiología, por ejemplo: exsurgatdeus.blogspot.com. El autor de este blog dice —simpáticamente — que la similitud entre los textos permite sólo dos interpretaciones: o Augias copió de Osborne, o que los dos fueron inspirados a escribir lo mismo ‘por el diablo’.
                Vito Mancuso es un teólogo laico italiano, un teólogo 'fuera de las murallas' se le ha ha llamado (p. 85), casado y con dos hijos. Había sido seminarista y fue ordenado sacerdote en 1986 por el entonces cardenal-arzobispo de Milán Carlo Maria Martini, pero obtuvo la dispensa papal. Es autor del varios libros; siendo el más conocido el que lleva por título L'anima el il suo destino, Milano, Raffaello Cortina, 2007; traducido al castellano para la editorial Tirant lo Blanch. Este libro trata ‘el concepto de alma a partir de la cuestión de si hay vida después de la muerte’ y ha sido muy leído y criticado. Ya el cardenal Martini en la carta-prefacio del libro, señala que algunas de las ideas que aparecen en  él, ‘no coinciden con la enseñanza tradicional y oficial de la Iglesia’ y lo mismo se afirma en un artículo de l’Osservatore Romano escrito por el obispo Bruno Forte, y en otro de La civiltà cattolica del jesuita Corrado Marucci, los dos hechos públicos el mismo día, el 2 de febrero de 2008. Según estas críticas, que hay que considerar casi-oficiales de la Santa Sede, aunque la Congregación para la Doctrina de la Fe no se haya pronunciado, se considera la teología de Mancuso cercana al 'gnosticismo'   y al 'semipelagianismo', en el sentido de que para él la salvación sería fruto de nuestro esfuerzo y conocimiento y no de la fe y la gracia. También se expresan dudas acerca de la ortodoxia de sus ideas sobre el pecado original, la resurrección de Cristo, la eternidad del infierno, la creación... Para profundizar más, se puede consultar el siguiente enlace: chiesa.espresso.repubblica.it.
                Quiero aquí centrarme en el pensamiento de Vito Mancuso más que en el de Corrado Augias, para ofrecer a los lectores de este blog algunas aportaciones que él hace que creo son útiles e interesantes, aunque quizás puedan ser discutibles desde el punto de vista de la ortodoxia católica. En estos casos, lo señalaré. Esto lo haré resumiendo sus ideas por apartados y preferiblemente citando las mismas palabras del teólogo, traduciéndolas al castellano.
Entre las ideas de Vito Mancuso que yo destacaría, hay una que me ha impactado por su simplicidad y utilidad en nuestro contexto mundial amenazado por el fanatismo religioso. Es la que equipara la búsqueda de Dios a la búsqueda del bien. Mancuso hace especial hincapié en la experiencia ética y moral, pero lo que afirma del bien lo podemos ampliar para incluir los demás trascendentales de la metafísica clásica: la verdad, el uno, la belleza y el ser. Buscar y servir a Dios es buscar y servir lo verdadero, lo bueno, lo bello, lo uno, y lo que es. Esto evita que caigamos en la idolatría, ya que si nos limitamos a hablar de ‘Dios’ podemos entender cosas distintas, formándonos una falsa idea de Él, haciendo de Él un objeto, lo que fácilmente puede llevar al fanatismo. Los trascendentales, en cambio, al no ser ‘objetificables’, ya que siempre van más allá, evitan este riesgo de cosificar a Dios y manipularlo para otros fines.
                Otra idea interesante que propone este teólogo surge al comentar unas palabras de Augias, en las que éste se queja de que pensadores como Vito Mancuso sean una minoría en la Iglesia. Partiendo de Hegel que decía que la ‘filosofía es el propio tiempo captado por el pensamiento’, dice que un pensamiento teológico es válido en la medida en que capta el espíritu del tiempo y esto es lo que hace que al final se valore y permanezca y prevalezca sobre otros. Esta es una idea reconfortante para todos los que nos dedicamos a la búsqueda de la verdad y a la teología: lo que cuenta no es el éxito mundano, sino captar y transmitir la verdad y esto al final es lo que queda.
Iglesia
taringa.net
Mancuso distingue — incluso quizás llegándolas a separar, lo que no sería lícito — la dimensión institucional, política, administrativa y económica de la Iglesia de su dimensión espiritual. La dimensión institucional es una necesidad, ya que forma parte de la lógica de la encarnación y es la manera de poder incidir en este mundo en contra de lo que piensa un espiritualismo desencarnado destinado al fracaso, pero en cuanto tal no el objeto de la fe del creyente y es criticable como cualquier otra institución mundana. En ocasiones también, este teólogo propone la idea de una Iglesia de los justos, la Iglesia ab Abel, distinta de la Iglesia institucional. Si esto último no se matiza, cayendo en la idea de una iglesia de los perfectos, de los santos, que sería la verdadera Iglesia distinta de la institucional-visible — en contra de los que enseña Jesús con la parábola de la cizaña —, estaríamos dentro de la herejía gnóstica.
        Algunas afirmaciones del autor:
“El alma del creyente comete un error espiritual cuando trueca su fe cristiana con la adhesión incondicionada a la dimensión político-institucional de la Iglesia. Lo que hace de la Iglesia un misterio divino al que me adhiero con alegría, es que es guiada por el Espíritu Santo, cuyo fruto, escribe san Pablo, “es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, bondad, lealtad, mansedumbre, dominio de sí”, no sin añadir que, “contra estas cosas no hay ley” (Gal 5, 22-23). Es decir, que aquí no hay papas y cardenales, sino está la suprema libertad del “hombre espiritual que todo lo juzga” (1Cor 2, 15), y es esto, sólo esto, lo que hace de un hombre un verdadero cristiano, no el servilismo de quien se doblega siempre y en todo momento a besar la zapatilla papal, la cual, cuando oportuno, ha sabido transformarse (para nada milagrosamente) en botas con clavos. La consecuencia es que la dimensión institucional tiene que estar en función de esta más pura dimensión espiritual, si quiere ser cristianamente legítima” (pp. 39-40).
“Lo sé bien por mí mismo y lo he escrito en mis libros, que hay una idolatría de la estructura eclesiástica que se trueca por fe en Dios” (p. 45)
“Es algo terrible, una especie de drama histórico-metafísico en el cual me siento implicado, que la misma institución que me ha hecho encontrar a Jesús (y que por eso considero una especie de madre) ha actuado a veces como su enemiga (y yo no puedo no considerarla por estas cosas como enemiga mía)” (p. 62).
“Hans Küng sostiene que el catolicismo se divide en su interior en base a la aceptación del paradigma del Iluminismo: de un lado los católicos democráticos y progresistas que lo aceptan, y del otro los católicos conservadores y reaccionarios que se oponen. Y también en esto tiene perfectamente razón” (p. 69).
“El derecho-deber de la Iglesia de hacer cultura también en un nivel político no se debe transformar en abiertas maniobra de lobby, como en cambio tal vez pasa” (p. 87).
En referencia al tema bioético de la muerte ‘natural’: “También aquí valen las palabras de Jesús sobre la primacía del hombre respecto a la ley (o doctrina) del sábado. La ética de la Iglesia está llamada a servir la vida concreta del hombre, no a añadir sufrimientos psíquicos y espirituales a los dolores físicos que ya están presentes por su cuenta. Aceptando este criterio que pone en el vértice al hombre concreto en la situación concreta y no a una desencarnada fidelidad a la doctrina, desde mi punto de vista todo se clara” (p. 70).
“Si se quiere volver a evangelizar con fruto, hay que tener el coraje de ‘ser anatema’ por amor a los hombres y por amor a la verdad; hay que preferir los hombres y la verdad, a las doctrinas, los cánones y los dogmas” (p. 111).
“Yo estoy convencido que la condición para que sobreviva el cristianismo es que en la elaboración doctrinal y moral del catolicismos el principio de autoridad sea sustituido por el principio de verdad. Es conocida la célebre afirmación atribuida a Aristóteles: Amicus Plato, sed magis amica Veritas. Hay que reformularla así: Magistra Ecclesia, sed magis magistra Veitas” (p. 110).
Evolución
elkortxo.es
         Mancuso acepta la doctrina de la evolución a partir de la noción de materia como energía y de la idea de 'emergencia' de lo inferior puede surgir lo superior como una nueva organización de los elementos precedentes, lo que implica un salto cualitativo en el proceso aunque ya todos los elementos de la nueva fase están presentes en la anterior; por ejemplo, la célula viviente que surge y está compuesta de moléculas pero que tiene propiedades distintas a ellas.
“La evolución es la lógica del ser-energía y esta lógica está siempre trabajando: trabaja a largo plazo formando las distintas especies vegetales y animales, y trabaja a corto plazo formando día tras día cada ser individual. El fruto más bello de esta lógica evolutiva dentro del ser humano es la aparición de la libertad y de la dimensión ético-espiritual” (p. 113).
“Es verdad, en el género humano hay un desarrollo, una evolución, un incremento de la complejidad, un aumento de la información, una victoria contra el desorden de la entropía que los físicos llaman ‘negentropia’. Pero si esto existe, como usted mismo escribe y como está delante de los ojos de todos, se debe al hecho que el ‘emergentismo’ es la lógica general de la naturaleza, ya que el género humano (a no ser que caigamos de nuevo en el dualismo dogmático) es a su vez naturaleza. Y con esto pienso que uno de los baluartes del ateismo contemporáneo, es decir la negación de cualquier dirección o finalidad de la naturaleza, demuestra su insostenibilidad” (pp. 139-140).

Experiencia ética y moral
Para Mancuso la experiencia moral y la búsqueda del bien es un tema central. Algunas de sus afirmaciones:
“Tanto usted como yo estamos de acuerdo con el hecho de que el hombre no debe hacer el bien para obedecer a Dios (moral heterónoma), sino tiene que hacerlo por sí mismo (moral autónoma). Pero cuando hace el bien por sí mismo, con el carácter absoluto e imperativo que ello supone, el hombre entra en presencia de una esfera superior del ser, llamada por Kant ‘reino de los fines’, por Platón ‘reino de las ideas’, y por Jesús ‘reino de los cielos” (p. 116).
“Desde mi punto de vista, no hay posibilidad de fundar la ética si no es en la ontología. ¿Y qué es la teología? Es una especial configuración de la ontología, una doctrina del ser según la perspectiva del bien, de la justicia, del amor, en el sentido de pensar que son éstas las dimensiones últimas del ser” (p. 220).

Fe y Dios
“¿Es sólo una ingenua proyección, quizá provocada por el miedo de la muerte, la que genera la religión? Las palabras de Plotino dicen que no. Existe también el amor por la belleza y por el bien que podemos albergar, si nos hacemos dignos; y lo podemos albergar no porque lo inventamos nosotros, sino porque nos despertamos al verdadero sentido del ser: es la iluminación o bodhi de la que habla el budismo, el satori del zen, análogo a la conversión de la mente o metanoia de la que habla el cristianismo (no es por casualidad que en el cristianismo primitivo se designaba al bautismo precisamente como photismòs, iluminación)” (p. 120).
“Existen una fe verdadera y una fe falsa. La fe verdadera se nutre de los interrogantes radicales de la vida porque sabe que está al servicio de la vida, y piensa que no vale por sí misma, pero únicamente en función del camino hacia la verdad. Es la verdad que salva, no la fe. La fe solo tiene sentido si, sin identificarse con la verdad, se pone a sí misma al servicio de la verdad en cuanto confianza que la verdad exista, y después su búsqueda apasionada (de hecho, no se busca una cosa si no se conoce, o por lo menos se espera, su existencia). La fe falsa, en cambio, no busca, sabe ya, es ideología” (p. 141).
padrejosemedina.blogspot.com
“Usted se pregunta quién soy yo. Yo soy un seguidor de Jesús, que llamaba ‘padre’ al fundamento del mundo y consideraba el amor por encima de cualquier otro valor. Con el anuncio de ‘Dios es amor’, la religión de Jesús sostiene que la dimensión ontológica más alta y por consiguiente el valor más preciado por el que vivir, es el bien” (p. 108).
“Lo que está en juego con el concepto de Dios no es un ser misterioso, escondido en algún lugar allá arriba, sino el hecho de que el ser, y por ende nuestra vida como parte del ser, tenga un fundamento, y que tal fundamento sea racional y eterno” (p. 229).

El mal
Mancuso señala como el catolicismo tradicional es incapaz de dar una solución satisfactoria — en la medida en que esto es posible— al problema del mal, y cae en contradicciones como se puede demostrar comparando la enseñanza de Juan Pablo II con la de Benedicto XVI. El pontífice polaco, en su libro Memoria e Identidad, al tratar el nazismo y el comunismo, citando el Mefistófeles del Fausto de Goethe (ein Teil von jener Kraft, die stets das Böse wiil und stets das Gute shafft: una parte de aquella fuerza, que quiere siempre el mal y obra siempre el bien), parece sugerir que el mal es en algún modo necesario y útil, que entra dentro del proyecto de Dios. Por el contrario, Joseph Ratzinger, siendo cardenal, en su libro Fe, verdad y tolerancia, citando el mismo texto de Goethe, niega que el mal pueda ser considerado como ‘parte necesaria de la dialéctica del mundo’. Esta misma contradicción se encuentra en el Catecismos de la Iglesia Católica  y en su Compedio. A favor de la postura Juan Pablo II: “La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir el bien del mal mismo” (n. 58); a favor de Benedicto XVI: “Dios no es, en modo alguno, ni directa ni indirectamente, la causa del mal” (n. 57).
                Esta contradicción nace de la exigencia de tener que afirmar conjuntamente tres verdades que parecen irreconciliables entre sí y a la vez indiscutibles: 1) el mal existe; 2) Dios no lo quiere; 3) Dios gobierna el mundo. La solución consiste para Mancuso en matizar el modo en que Dios gobierna, que no es directamente, sino “a través de un principio ordenador impersonal inmanente al ser, cuya finalidad es el nacimiento de la vida espiritual y de la libertad”; principio impersonal que en la Biblia “es conocido como ‘sabiduría’, entre los chinos como tao, entre los antiguos egipcios como maat, entre los griegos como logos, entre los hinduistas y budistas como dharma” (p. 145).

El Jesús histórico
                Ante unas afirmaciones de Augias, recogidas también en su libro  Inchiesta sul cristianesimo, sobre la diferencia entre el Jesús de la historia y el que nos propone la Iglesia, Mancuso señala que la única forma de abordar este tema es ver lo que han escrito los estudiosos que han dedicado a él mucho tiempo y esfuerzo. Si consideramos sus escritos nos damos cuenta de que llegan a conclusiones distintas. Por ejemplo, acerca de la cuestión si Jesús quiso fundar una nueva religión y la Iglesia superando la Alianza del Sinaí, o más bien si quería sólo llamar Israel a la conversión en la línea de los demás profetas, renovando la Antigua Alianza pero sin hacer otra nueva, hay pensadores, tanto judíos como cristianos, a ambos lados de la controversia. Así, los judíos Geza Vermes, Joseph Klausner, Leo Baeck, Jules Isaac, Schalom Ben-Chorin, Pinchas Lapide, David Flusser, Martin Buber y los cristianos E.P. Sanders, Joachim Gnilka, John P. Meier y también el cardenal Carlo Maria Martini, subrayan la continuidad entre Jesús y el judaísmo y su fidelidad a la Alianza del Sinaí. Mientras que el judío Jacob Neusner y el Papa Benedicto XVI ponen de relieve su discontinuidad.
                Como se ve, sólo a partir de los estudios históricos, y limitándonos a los más serios entre ellos, es posible llegar a conclusiones contrapuestas. Como también sólo a partir de la Sagrada Escritura es posible sostener ideas contrarias. Muchos han hecho notar que todos tenemos la tendencia de proyectar en el Jesús supuestamente 'histórico', que se piensa distinto al que nos ha transmitido la Iglesia, nuestros propios deseos e ideales y los de una determirnada época histórica. Así, se ha hablado de un Jesús socialista o comunista o liberal o revolucionario o maestro de moral, etc.
Sin embargo, según Vito Mancuso, lo más preocupante de este debate es que pone de manifiesto que “hay un sentimiento difuso de desconfianza, incluso de sospecha, hacia la Iglesia y su enseñanza oficial, la sensación de que algo haya sido escondido, porque callado o hecho callar, o porque elaborado partiendo de verbosos  conceptos doctrinales, instrumentales a las luchas de poder, sin ninguna relación con la cosa en sí misma” (p. 191).

El cristianismo y las otras religiones
Yo no creo que exista una sola verdadera religión, y que todas las demás sean falsas; creo, más bien, que existe una sola verdadera dimensión espiritual, que se declina en las múltiples religiones históricas con elementos más o menos verdaderos o más o menos falsos, y que las múltiples religiones históricas están más unidas entre sí en lo profundo de lo que se puede pensar si uno se queda en la superficie de las elaboraciones dogmáticas. Según mi parecer, es equivocado pensar que el dogma o la doctrina sean el nivel último de verdad; hay algo más profundo, a que el dogma y la doctrina (si son verdaderos) remiten, y esta profundidad es el espíritu que habita, fecunda y mueve la vida, y la experiencia que hacemos” (p. 186)
        Estas ideas de Mancuso, tomadas como las expresa aquí, son incompatibles con la enseñanza católica oficial y suenan muy cercanas al gnosticismo. Podríamos encontrar ideas muy parecidas en exponentes de la New Age.
El pecado original
Lucas Cranach el Viejo (1513)
Mancuso hace notar como hay pensadores que son pesimistas respecto a la naturaleza humana, como William Golding, autor de El señor de las moscas, y anteriormente Lutero que usa para el ser humano la expresión vas damnationis, o san Pablo y Freud. Sin embargo hay otros que tienen una idea más positiva del hombre como Rousseau, que pensaba que éste nace fundamental bueno e inocente y es la sociedad la que lo pervierte. El pecado original puede entenderse como un mito para explicar esta tendencia al mal que tiene el hombre que, a diferencia de lo que sostienen los pensadores como Rousseau, es innata y no adquerida. No obstante, para Mancuso no es aceptable la idea de transmisión de la culpa, y más a través del acto de generación, como pensaba san Agustín. Aunque es verdad que crea dificultad para la mentalidad contemporánea pensar que un niño ya al nacer, antes de realizar cualquier acto libre, hereda una culpa, esta idea forma parte de la doctrina tradicional sobre el pecado original que no se limita a la sola concupiscencia. Quizás pensar en la existencia de una ‘solidaridad en el mal’ de los hombres, como hay también una 'solidaridad en el bien’, ayudaría a entender y hacer aceptable esta enseñanza tradicional de la Iglesia, sin tener que rechazarla y proponer un concepto complicado de ‘caos original’ como hace Vito Mancuso.

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2 comentarios:

  1. Su resumen y crítica sobre este libro me ha suscitado una gran curiosidad y quiero comprarlo y leerlo. Por suerte entiendo italiano y las dudas me las puede aclarar mi marido que es italiano.
    Son cuestiones que todo cristiano católico que profundiza en su fé, antes o despues necesita aclarar, tomar partido, discernir y, en este libro, por sus explicaciones, creo que se pueden encontrar respuestas a nuestras dudas y ampliar conocimientos.
    Gracias por la recomendación y su resumen.

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  2. LA PAIDEIA GRIEGA DE CRISTO: La semana santa es tiempo de recogimiento, meditación, ejercicios espirituales y rectificación: La paideia griega tenía como propósito educar a la juventud en la virtud (desarrollo de la espiritualidad) y la sabiduría (cuidado de la verdad), mediante la práctica continua de ejercicios espirituales (cultivo de sí), a fin de prevenir y curar las enfermedades del alma. El educador, utilizando el discurso filosófico y la discusión de casos y ejemplos prácticos, más que informar trataba de inducir transformaciones buenas y convenientes para si mismo y la sociedad, motivando a los jóvenes a practicar las virtudes opuestas a los defectos encontrados en el fondo del alma, a efecto de adquirir el perfil de humanidad perfecta (cero defectos) __La vida, ejemplo y enseñanzas de Cristo coincide cien por ciento con el currículo y objetivo de la filosofía griega. Y por su autentico valor pedagógico, el apóstol Felipe introdujo en los ejercicios espirituales la paideia de Cristo (posteriormente enriquecida por San Basilio, San Gregorio, San Agustín y San Clemente de Alejandría, con el currículo y la metodología de los filósofos greco romanos: Aristóteles, Cicerón, Diógenes, Platón, Séneca, Sócrates, Marco Aurelio,,,), a fin de alcanzar la trascendencia humana (patente en Cristo) y la sociedad perfecta (Reino de Dios). Meta que no se ha logrado debido que la teología judeo cristiana fruto de la unión de la paideia de Cristo con Antiguo Testamento, al apartar la fe de la razón, castra mentalmente a sus seguidores extraviándolos hacia la ecumene abrahámica que conduce al precipicio de la perdición eterna (muerte espiritual)__ Es tiempo de rectificar y retomar la paideia griega de Cristo, separando de nuestra fe el Antiguo Testamento y su teología fantástica que han impedido a los pueblos cristianos alcanzar la supra humanidad. Pierre Hadot: Ejercicios Espirituales y Filosofía Antigua. Editorial Siruela. http://www.scribd.com/doc/33094675/BREVE-JUICIO-SUMARIO-AL-JUDEO-CRISTIANISMO-EN-DEFENSA-DEL-ESTADO-LA-IGLESIA-Y-LA-SOCIEDAD

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