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sábado, 8 de febrero de 2014

Chequeo al ecumenismo en España

Entrevista en Radio Exterior de España con ocasión de la 
Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2014

Lo que sigue es el texto preparado para una entrevista que se me hizo en el programa Horizonte de Radio Exterior de España, presentado por el Padre Manuel Muñoz, con ocasión de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos y que se emitió el sábado 25 de enero 2014.


-  Como hemos venido señalando en este y en anteriores programas, del 18 al 25 de enero, un año más, y ya van más de cien, todas las Iglesias y confesiones cristianas celebran la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. En España, en la CEE, el responsable de ecumenismo es el sacerdote romano-madrileño Manuel Barrios Prieto, con quien ya conversamos.

            Sí, está bastante bien dicho lo de ‘sacerdote romano-madrileño’. Porque aunque nací en Madrid hace 51 años de padres canarios, he vivido toda mi infancia y juventud en Roma. Me formé en el Seminario Romano de San Juan Letrán y fui ordenado sacerdote en 1988 para la diócesis de Roma. Sin embargo, ya llevo 15 años en Madrid, donde soy párroco y he sido delegado episcopal durante varios años de Pastoral Familiar.

-- ¿Cuándo y por qué llegó Manuel Barrios al mundo del ecumenismo?

            Yo diría que los comienzos están en el colegio en el que estudié en Roma, que era un colegio
El Rev. John Macquarrie
Fuente de la imagen: nytimes.com
internacional inglés donde me encontraba a diario con compañeros de distintas confesiones cristianas y diferentes religiones, con muchos de los cuales sigo conservando relaciones de amistad que se han visto facilitadas en los últimos años por las redes sociales. De una forma más específica, mi interés por el ecumenismo se fortaleció al escribir mi tesis doctoral en la Universidad Gregoriana que vertía sobre los escritos de un teólogo anglicano escocés que en sus inicios había sido presbiteriano. Esto me llevó a familiarizarme con la teología protestante y a establecer contactos y a conocer la Iglesia de Inglaterra. Este teólogo, John Macquarrie, ha sido también un convencido impulsor del ecumenismo y del diálogo interreligioso y sus libros han sido muy influyentes en la formación de los ministros de la comunión anglicana.

 -- ¿Para servir en este ámbito pastoral, se necesita una vocación específica?

Yo diría que se necesita más bien tener una cierta sensibilidad: sentir un cierto dolor, una cierta pena, por la desunión de los cristianos y sentirse llamado a comprometerse para que el deseo del Señor, que expresó en su oración sacerdotal en la última cena de que todos sean uno, se haga realidad. Quizás ya en un segundo momento también son útiles ciertas dotes diplomáticas para evitar herir inútilmente sensibilidades en un ámbito donde aún perduran desavenencias del pasado, y quizás también dotes teológicas para poder acercarse sin miedo todo lo permisible a los hermanos separados.

-- ¿En qué medida la pastoral ecuménica es, de hecho, y ha de ser, como principio y necesidad, una acción pastoral de toda la Iglesia?

            En la medida en que la Iglesia se involucra en la tarea misionera y evangelizadora, que es su razón de
X Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias
ser, se hace cada vez más necesario trabajar por el testimonio unido de todos los cristianos, ya que se percibe con mucha claridad que la desunión es un fuerte impedimento para la evangelización.

-- En este sentido, ¿con que otros sectores pastorales es imprescindible la intercolaboración de cara a un buen trabajo y servicio pastoral?

            Es verdad que hay algunos sectores pastorales que están más directamente relacionados con el ecumenismo y el diálogo interreligioso como el de las misiones, el de las migraciones, el del turismo, el penitenciario, el de la acción social, etc. Sin embargo, creo que el espíritu ecuménico, es decir el deseo de trabajar juntos con todos los cristianos, debe de estar presente en todas las acciones de la Iglesia. Por ejemplo, en la pastoral familiar y de la defensa de la vida humana a la que me he dedicado muchos años, se pueden llevar a cabo muchas iniciativas con los hermanos de otras Iglesias y comunidades eclesiales, como también con miembros de otras religiones que comparten nuestra misma visión del hombre y de la familia. Esto ya se hace en algunos países con muy buenos resultados.

-- Con todo, ¿sigue siendo en España una “maría” de la pastoral el ecumenismo?

            En España la situación sociológica cuenta mucho. Tenemos que tener presente que en nuestro país más
Sede de la Conferencia Episcopal Española
o menos el 73% de la población se declara católica aunque después más de la mitad no participe regularmente en los actos de culto, mientras que los miembros de otras confesiones cristianas y religiones no pasan del 2,5 por ciento. Aunque esta realidad pueda verse afectada por la inmigración como ha pasado en los últimos años, los no católicos siguen siendo una pequeña minoría en nuestro país. Sin embargo, de esto no se si sigue que se deba descuidar la labor ecuménica, aunque no se perciba con la misma necesidad y urgencia que en otros lugares donde los católicos son minoría y con frecuencia minoría perseguida. Los católicos estamos llamados a sentir con toda la Iglesia y a llevar a cabo nuestra acción de acuerdo con las orientaciones eclesiales que valen para todos.

-- En la CEE, ecumenismo, en cuanto a organismo, está unidos a diálogo interreligioso. De hecho, la Comisión Episcopal cuyo secretariado diriges desde hace dos años y medio se denomina Comisión Episcopal para las Relaciones Interconfesionales. Explícanos lo que esto significa y cómo coordináis los trabajos en estos dos sectores.

            Yo personalmente preferiría que la Comisión se llamase de Ecumenismo y Diálogo Interreligioso como en otros lugares, ya que son dos ámbitos de acción muy distintos y con finalidades diferentes. Con los hermanos cristianos separados buscamos la unidad visible, mientras que con los miembros de otras religiones perseguimos un diálogo sincero, el conocimiento mutuo, y la colaboración para el bien común de la sociedad y el progreso humano. Las palabras ‘confesión’ y 'confesional’ pueden llevar a confusión.

-- Por cierto, Madrid acogió en octubre una cumbre internacional para el diálogo entre católicos y judíos. Haznos una breve referencia de la reunión y de sus principales conclusiones.

            Fue una reunión de un organismo que surgió a raíz del Concilio Vaticano II, llamado Comité de Enlace
Reunión del Comité de Enlace en Madrid en octubre 2013
Judeo-Católico (Jewish-Catholic Liasion Committee), que tiene la finalidad de servir como un instrumento de diálogo del más alto nivel entre la Iglesia católica y el mundo judío y que se reúne cada dos años. La reunión de octubre en Madrid fue la XXII y tenía como tema “desafíos a la religión en la sociedad contemporánea”. Participaron 50 delegados nombrados a partes iguales por la Pontificia Comisión para las Relaciones Religiosas con el Judaísmo y el Comité Judío para las Consultas Interreligiosas (
International Jewish Committee for Interreligious Consultations). Entre los participantes católicos estaban los cardenales Koch, Rouco Varela y Sistach, los arzobispos de Toledo y de Granada, varios profesores universitarios y expertos. Fueron unos días de intenso encuentro interpersonal y debate sobre temas de interés común. También se hicieron algunas visitas a sitios emblemáticos, como la ciudad de Toledo y la sede de la Comunidad Judía de Madrid. Una de los temas que salió más fue la persecución de cristianos en Oriente Medio y la preocupación que esto causa también en la comunidad judía.

 -- Con el Islam, ¿qué relaciones y cauces de diálogo y colaboración hay en España?

            De momento con el Islam las relaciones son más a nivel personal que institucional. Creo que es uno de los grandes retos para el futuro.

-- Volvamos al ecumenismo, al mundo intercristiano. ¿Cómo se prepara en la Iglesia en España la Semana de Oración de la Unidad: materiales, sensibilización?

            La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos se prepara sobre la base de un material que es

elaborado conjuntamente por la Comisión “Fe y Constitución” del Consejo Mundial de Iglesias y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, a la luz de una propuesta que les llega de un grupo ecuménico local. A partir de ese material las Iglesias particulares y las comunidades eclesiales locales elaboran su propuesta y sus iniciativas para la Semana.

-- ¿Cuál ha sido su lema del 18 al 25 de enero, bien recientes?

Este año le tocó a un grupo del Canadá preparar la propuesta inicial que, partiendo de la riqueza natural y la multiculturalidad que caracteriza su país, eligió como texto bíblico de referencia un pasaje tomado de la primera carta a los Corintios de San Pablo en el que se encuentra la pregunta ¿Esta Cristo dividido?, que es lema de este año. En la propuesta que nos hacen se nos invita a saber agradecer y valorar los dones espirituales presentes en otras Iglesias y comunidades y a darnos cuenta de nuestra fundamental unidad en el bautismo y en la cruz de Cristo. Nosotros, en el hemisferio norte, acabamos de celebrar esta semana, pero en hemisferio sur, en el que ahora es verano, se suele celebrar alrededor de Pentecostés.

-- ¿Y cómo se celebra? Ponnos algunos ejemplos.

En Madrid, por ejemplo, donde soy delegado episcopal de ecumenismo, se celebra desde dos perspectivas. Por un lado, todas las parroquias, comunidades religiosas, colegios y capellanías reciben el folleto y los materiales de modo que puedan organizar según sus circunstancias un camino comunitario a lo largo de esos días. Por otro lado, también se propone conjuntamente con las demás Iglesias y comunidades eclesiales un programa de celebraciones ecuménicas en varios templos de la ciudad. También es importante que los católicos a título personal se unan a esta plegaria, utilizando para su oración personal a lo largo de la semana los mismos textos. En Madrid es oportuno destacar la importante labor que en este ámbito lleva a cabo el Centro Ecuménico Misioneras de la Unidad.

-- ¿Qué significa, qué está aportando el Papa Francisco para el ecumenismo?

            Bueno, creo que es indudable el fuerte impulso que el papa Francisco está dando al ecumenismo desde
Fuente de la imagen: revistaecclesia.com
la primera semana de su pontificado. Han sido muchos los discursos y gestos en este sentido, desde recibir a los representantes de las demás Iglesias y comunidades eclesiales y religiones el día después del inicio solemne de su pontificado, al reciente anuncio de su viaje a Tierra Santa que tiene un marcado carácter ecuménico e interreligioso. Junto con la conversión misionera y evangelizadora de la Iglesia, la atención preferencial por los pobres y la reforma de la curia, será sin duda uno de los grandes temas de este pontificado.

 -- Francisco habla de una nueva dimensión ecuménica: la de la sangre, la del martirio.

Sí, lo hizo el pasado el mes de diciembre en una entrevista y es una perspectiva muy interesante a la luz de la persecución de los cristianos en distintas partes del mundo y de una Iglesia que en el siglo veinte ha vuelto a ser Iglesia de mártires, como decía Juan Pablo II. Habrá que ver como se desarrolla esta interesante perspectiva.

-- A los 50 años del histórico encuentro y reconciliación en Tierra Santa entre los entonces Obispo de Roma y
Patriarca de Constantinopla, sus actuales sucesores, Francisco y Bartolomé, reeditarán el 25 de mayo próximo otro encuentro. ¿Qué supone el 5 de enero de 1964 en Jerusalén y cuáles son las expectativas del encuentro del 25 de mayo?

       Evidentemente, el encuentro del 5 de enero de 1964 fue un rencuentro histórico con muchísima repercusión ecuménica. Tuvo lugar después de la segunda etapa del Concilio Vaticano II, cuando ya se habían empezado a debatir los esquemas sobre la Iglesia y el ecumenismo. Poco después de ese encuentro se estableció el Secretariado para los no cristianos y se promulgaron estos documentos y se levantaron por ambas partes los decretos de excomunión vigentes desde hace siglos. Mucho cabo esperar, por tanto, de este próximo encuentro en mayo de este año en la Ciudad Santa.

-- ¿Sigue siendo tan importante el ecumenismo de los gestos?

Evidentemente, junto con el espiritual, el institucional, el de la caridad y el teológico, para que los gestos tengan contenido.

-- En 50 años, en este medio siglo, el ecumenismo ha avanzado más que un milenio. Recuerdas algunos hitos de este recorrido y señala las cuestiones pendientes.

            Muchísimos, desde las distintas comisiones mixtas y los importantes documentos que de ellas han
Fuente de la imagen: protestantedigital
surgido, como el de la justificación. Sobre todo destacaría el buen clima que se ha creado en las relaciones ecuménicas, que es fundamental para seguir progresando en el camino hacia la unidad visible y que era algo impensable antes del Concilio.

-- ¿Qué datos tienes del diálogo, de la cercanía Roma-Moscú-Moscú-Roma?

            Es un diálogo complicado por cuestiones históricas y por la presencia católica en Rusia, aunque las relaciones personales son muy buenas y se han dado pasos importantes en los últimos meses..

-- ¿Por qué caminos, ante su pluralidad y hasta dispersión, se ha de seguir avanzando en las relaciones con los hermanos cristianos surgidos de la Reforma Protestante?

El diálogo con las Iglesias surgidas de la reforma implica hoy tratar, además de los temas teológicos e institucionales, como el lugar de la mujer en la Iglesia, cuestiones también éticas relacionadas con la familia y la sexualidad que hacen más complejo este diálogo.

-- Participaste, Manuel, en octubre, en una reunión internacional en Corea de Consejo Mundial de la Iglesias (CMI). ¿Qué es el CMI y qué misión tiene?

Oración de apertura de la X Asamblea del CMI
El Consejo Mundial de Iglesias se define como una “comunidad (fellowship) de iglesias que confiesan al Señor Jesucristo como Dios y Salvador”. Representa actualmente a más de 300 Iglesias y es probablemente la expresión más importante del movimiento ecuménico. Aunque la Iglesia católica no es miembro de este consejo, participa como observadora en sus reuniones y es su interlocutor principal para el diálogo ecuménico.

-- Por favor, en un minuto, haznos una crónica del encuentro del CMI en Coria, su significación, perspectivas…

            Fue una intensa experiencia ecuménica, de encuentro con hermanos separados de muchos países y tradiciones eclesiales distintas, de oración en común, de debate sobre temas de interés común. Entre las distintas cosas surgidas, de esta X Asamblea destacaría una importante declaración sobre la misión que está llamada a inspirar la acción evangelizadora de las Iglesias pertenecientes al Consejo Mundial en los próximos años y que tiene muchas similitudes con la Exhortación Apostólica Evangelii gaudium, por ejemplo su insistencia sobre el protagonismo de Dios y del Espíritu en la misión.

martes, 12 de noviembre de 2013

He luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe


Homilía Domingo 27 de octubre de 2013
XXX Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)

Uno de los deberes pastorales más importantes y de mayor trascendencia que tenemos los
sacerdotes es el acompañamiento de las personas que están a punto de morir. Es un momento crucial de la vida, profundamente humano, difícil; es el momento de la verdad y siempre es muy significativo lo que los moribundas cuentan de su vida, de su historia, de como la juzgan, de lo bueno y malo que han hecho, de los éxitos y fracasos que han tenido, de sus alegría y sufrimientos, de las preocupaciones que tienen sobre las cosas no resueltas que dejan en herencia... A diferencia del psicólogo que intenta ayudar a la persona para que pase por ese momento con la mayor paz, el sacerdote está llamado a hacer algo mucho más grande: está llamado a poner a la persona ante la mirada misericordiosa de Dios para que viva ese momento a la luz de la fe, aceptando su verdad de ser criatura dependiente de Dios y pecador. Es decir, el sacerdote debe ayudar al moribundo a que asuma la actitud del publicano de la parábola de hoy, que se sitúa ante Dios por lo que es, un pobre pecador, pero que confía en su misericordia infinita. Hay que evitar que caiga en la otra actitud, la del farseo, la de aquel que se siente justo y cree injusta su muerte, que piensa que tiene derecho a reclamar cosas, o también –lo que es más grave- la de aquel que se rebela a su historia y a su muerte.

                Junto al evangelio de hoy, la segunda lectura nos puede iluminar mucho acerca del modo correcto de ponerse ante Dios de un verdadero cristiano cuando llega ese momento, ese kairós, en que la ‘partida ya es inminente’. En esta lectura se nos ofrece lo que muchos llaman el testamento espiritual de san Pablo que, como dice el texto, ya sabe que ha llegado el momento de ‘soltar las amarras’, de emprender la marcha, de navegar sin impedimentos a la casa del Padre. Puede que este texto no lo haya escrito directamente el apóstol sino algún discípulo cercano a él como piensan la mayoría de los exegetas, pero recoge su lenguaje y sus metáforas preferidas y su experiencia espiritual, es decir, su enseñanza y su testimonio de vida que conservaron cuidadosamente sus discípulos, empezando por Timoteo al que va dirigida la carta. Para nosotros este texto, al formar parte del canon del Nuevo Testamento, es Palabra de Dios que ilumina este momento tan crítico de la muerte. Pero, ¿qué nos dice concretamente sobre ese momento tan importante de la vida? ¿Cómo ve su vida san Pablo cuando su muerte ya está cerca? El apóstol utiliza unos conceptos para hablar de su vida y de su muerte que encontramos en otros escritos suyos y que son muy elocuentes, como los de sacrificio, lucha, carrera, corona…
Fuente de la imagen: mediasmaratones.com

Pablo empieza diciendo que está a punto de ser derramado en libación. La libación era un acto de culto que se llevaba a cabo en muchas tradiciones religiosas de la antigüedad y que consistía en verter líquido, generalmente vino, sobre un altar u otro objeto sagrado; era un modo de hacer un ofrecimiento a la divinidad y de entrar en comunión con ella. Así interpreta Pablo su vida, como un ofrecimiento, un sacrificio al Señor que ya está a punto de consumarse del todo. Dice que ya llegado el momento de su partida, de que los vínculos sean disueltos, para poder llegar a ‘estar con Jesús que es con mucho lo mejor’, como dice en otra de sus cartas. Continúa diciendo que ha “luchado la noble lucha”, la lucha de la vida, la lucha del apostolado, la lucha de quien se sintió justificado gratuitamente por la cruz de Cristo y quiere llevar esta buena noticia a todo el mundo. Pero la lucha también interior, la lucha contra aquello en nosotros que nos aleja del Señor, contra el pecado y las potencias de este ‘mundo de tinieblas’. Pablo combatió este noble combate y no se quedó a medio camino; corrió la carrera hasta el final. Y en todo esto ha guardado el depósito de la fe que le entregaron los apóstoles sin alterarlo, transmitiéndolo con fidelidad a la segunda generación de cristianos. Pero también ha guardado la fe porque se ha mantenido fiel al Señor. Y ahora lo que le espera es esa ‘corona de justicia’ que el Señor, juez justo, dará a todos los que aguardan con amor el encuentro con Él, y que es el verdadero premio de todo cristiano: disfrutar de la comunión de vida con el Señor para toda la eternidad.

Este es el testimonio de lo que vive un santo en el momento de su partida. Sabe y acepta que ha
llegado su hora y lo hace con una alegre y confiada esperanza que se va a encontrar por fin con el Señor, verdadero motivo de todas sus luchas. Cree que no obstante sus pecados y debilidades hizo lo que debía hacer. No se echó para atrás en los momentos difíciles, siguió corriendo uniéndose a la cruz de Cristo; luchó contra enemigos de fuera y de dentro con lealtad, y mantuvo lo que el Señor y la Iglesia le había confiado con fidelidad, sin tergiversarlo para acomodarlo a este mundo o a los deseos de algunos, como aquellos judíos que no habían entendido la libertad que nos había conquistado Cristo con su cruz. Pablo puede verdaderamente decir al final de su vida que ‘ha luchado el noble combate, he acabado la carrera, he conservado la fe’.


¡Qué también nosotros podamos decir lo mismo cuando llegue ese momento!

jueves, 27 de junio de 2013

El papa Francisco y la invencibilidad de la cruz


Homilía Domingo 23 de junio de 2013
XII Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo C)
Solemnidad de Pentecostés en las Iglesias ortodoxas y orientales

Hace una semana el papa Francisco cumplía sus primeros cien días de pontificado, tiempo
Fuente de la imagen: practicaespanol.com
que le ha bastado para ganarse el cariño de los fieles y para suscitar grandes expectativas y esperanzas dentro y fuera de la Iglesia. Su sencillez, su cercanía a las personas, su preocupación por los más pobres y desfavorecidos, su sobriedad, su poner al centro de su ministerio el ser pastor, su insistir en la misericordia divina... todo esto y más cosas nos han vuelto a ilusionar a muchos después de momentos muy difíciles por los que hemos pasado -y digo esto sin querer quitar nada a la grandeza de los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI. No se trata de comparar sino de discernir y agradecer la acción de Dios en su Iglesia. En este sentido, dentro de este momento de gracia que estamos viviendo con el comienzo del pontificado del papa Francisco, junto a la capacidad de renovación que tiene la Iglesia, lo que realmente impresiona es su invencibilidad, cosa de la que yo estoy cada día más convencido según la promesa del Señor de que “el poder del infierno no la derrotará”. Por mucho que los hombres de Iglesia hagamos para destruirla, por muchos que las fuerzas del mal presentes y actuantes en este mundo la ataquen, por mucho que Satanás la asalte, la Iglesia no puede perecer, pero no por virtud propia, sino porque se funda en Cristo, más aún, porque surge de un acontecimiento que es un fracaso para el mundo, porque nace de la cruz. La Iglesia es invencible porque la cruz es invencible. Cuando la Iglesia se aleja de ella, cuando se vuelve mundana entremezclándose con los poderes de este mundo, pierde su razón de ser y salen a la luz todas sus miserias y su pecado. Cuando, en cambio, vuelve a su fuente, vuelve a la cruz, todo se pone en su sitio y brilla de nuevo el ser y la razón de ser de la Iglesia. Es esto lo que creo está pasando en estos primeros días del papa Francisco. Hoy percibimos con más claridad la trascendencia de aquellas palabras sobre la cruz que pronunció en la primera misa que celebró con los cardenales en la capilla Sixtina el día después de su elección:

"Este Evangelio prosigue con una situación especial. El mismo Pedro que ha confesado a Jesucristo, le dice: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Te sigo, pero no hablemos de cruz. Esto no tiene nada que ver. Te sigo de otra manera, sin la cruz. Cuando caminamos sin la cruz, cuando edificamos sin la cruz y cuando confesamos un Cristo sin cruz, no somos discípulos del Señor: somos mundanos, somos obispos, sacerdotes, cardenales, papas, pero no discípulos del Señor."

(Homilía misa con los cardenales, Capilla Sixtina, jueves 16 de marzo 2013)


            Esta importante homilía del papa Francisco hace referencia al episodio de la confesión de fe
Fuente de la imagen: evangelio.wordpress.com
de Pedro que hemos escuchado en el evangelio de este domingo. En aquella ocasión, en la misa con los cardenales, se proclamó según la versión del evangelio de san Mateo, en la que se incluye el diálogo entre Jesús y Pedro en el que el Señor le da el primado sobre su Iglesia y en el que el apóstol rechaza el mensaje de la cruz. Hoy hemos escuchado el relato que nos ofrece san Lucas que omite este diálogo entre Jesús y el príncipe de los apóstoles, pero que sin embargo es el único de los evangelistas que pone de relieve el carácter cotidiano del tomar la cruz.

            Como acabamos de escuchar en el evangelio, después de que Pedro confesara su fe en Jesús como el Mesías y de que el Señor prohibiera divulgar esto para evitar malentendidos y anunciara su pasión, se explicitan los requisitos para ser su discípulo: “Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga”. Solo Lucas añade a la exigencia de tomar la cruz, que esto hay que hacerlo cada día. ¿Qué significa concretamente esto? ¿Qué significa tomar la cruz y hacerlo cada día?

            Para entender esto y retomando lo que decíamos antes de los primeros cien días del papa Francisco y su poner al centro la cruz, quizás lo más apropiado es citar lo que él mismo hoy ha dicho antes del rezo del Ángelus comentando el evangelio de este duodécimo domingo del Tiempo Ordinario. En estas palabras del sucesor de Pedro se nos transmite con una autoridad que nace también de su entrega y coherencia de vida, el significado de la cruz que estamos llamados a tomar cada día y su invencibilidad:

 "Pero, ¿qué significa “perder la vida por causa de Jesús”? Esto puede suceder de dos maneras: explícitamente confesando la fe, o implícitamente defendiendo la verdad. Los mártires son el máximo ejemplo del perder la vida por Cristo. En dos mil años son una fila inmensa de hombres y mujeres que han sacrificado su vida por permanecer fieles a Jesucristo y a su Evangelio. Y hoy, en muchas partes del mundo son tantos, tantos, más que en los primeros siglos, tantos mártires que dan su vida por Cristo. Que son llevados a la muerte por no renegar a Jesucristo.
Pero también está el martirio cotidiano, que no comporta la muerte pero que también es un “perder la vida” por Cristo, cumpliendo el propio deber con amor, según la lógica de Jesús, la lógica de la donación, del sacrificio. Pensemos: ¡cuántos papás y mamás cada día ponen en práctica su fe ofreciendo concretamente su propia vida por el bien de la familia! Pensemos en esto. ¡Cuántos sacerdotes, religiosos y religiosas desarrollan con generosidad su servicio por el Reino de Dios! ¡Cuántos jóvenes renuncian a sus propios intereses para dedicarse a los niños, a los minusválidos, a los ancianos…! ¡También estos son mártires, mártires cotidianos, mártires de la cotidianidad!
Y después hay tantas personas, cristianos y no cristianos, que “pierden su propia vida” por la verdad. Y Cristo ha dicho “yo soy la verdad”, por tanto, quien sirve a la verdad sirve a Cristo. Una de estas personas, que ha dado su vida por la verdad es Juan el Bautista: precisamente mañana, 24 de junio, es su fiesta grande, la solemnidad de su nacimiento. ¡Cuántas personas pagan a caro precio el compromiso por la verdad! ¡Cuántos hombres rectos prefieren ir contracorriente, con tal de no renegar la voz de la conciencia, la voz de la verdad!"


miércoles, 22 de mayo de 2013

Mi sacerdocio y el misterio de la elección divina



Homilía de la Misa de acción de gracias en el XXV aniversario de la ordenación sacerdotal
Parroquia Santa Catalina de Alejandría, Madrid,  21 de mayo 2013

Jer 20, 7-90: “Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir”
Sal 116: “Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor”
2 Co 4, 1-12: “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor”
Jn 15, 12-17: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido”


Lo primero que quiero hacer es dar las gracias de todo corazón a los que habéis querido
acompañarme en este momento de oración, de fiesta, para esta misa de acción de gracias con ocasión de mis XXV años de sacerdocio. Os lo agradezco de verdad. Me emociona mucho constatar la estima que tiene el pueblo fiel de Dios, como lo ama llamar el papa Francisco, del ministerio sacerdotal. Cuando empecé a pensar en este aniversario y el modo de organizarlo, no le di en principio mucha importancia, pero la reacción de las personas a las que se lo iba comentando me sorprendió y conmovió; a veces los miembro del pueblo de Dios valoran mucho más lo que somos y hacemos los sacerdotes que nosotros mismos. Es una manifestación de ese “sentido de la fe” de los fieles, del que hablaba el Concilio Vaticano II, que viene de compartir el sentir de Dios y que tienen las personas humildes. Aunque no puedo nombrar a todos, sí quiero nombrar a algunos de los que están aquí presentes también en representación de los demás, ya que no se debe ser genéricos en las cosas del afecto y el cariño; y esto aunque corra el riesgo de no decir el nombre de personas que saben que las quiero mucho y que les agradezco enormemente su presencia. Sin seguir ningún orden, ni de importancia, ni de cariño, agradezco la presencia de mi familia, de mi madre, mis hermanos y sobrinos, y estoy seguro de que mi padre, al que considero un santo y al que le debo mucho, también está presente desde el cielo. También agradezco la presencia de los amigos sacerdotes José María Serrano y José Luis González Novalín, que han venido desde Roma y que me acompañaron hace 25 años en mi ordenación y primera misa; don Elías Yánez, arzobispo emérito de Zaragoza, compañero de estudios y amigo de mi padre; D Justo Bermejo, vicario  para el clero en Madrid; D. Gil González, vicario episcopal de nuestra zona; D. Felipe Redondo, compañero mío en esta parroquia; P. Abdon, sacerdote de este arciprestazgo de Barajas; Juan Miguel Díaz Rodelas amigo y compañero de estudios en Roma.... También está presente y me alegra mucho que lo esté, Diego Teruel, pastor del la Iglesia Evangélica Española. También agradezco la presencia de los feligreses de esta parroquia de Santa Catalina de Alejandría en la que llevo 14 años ejerciendo de párroco y en la que me he sentido muy a gusto y me siento muy querido. Agradezco también la presencia de todos los demás, familiares y amigos y también la cercanía de muchos que no pueden estar aquí hoy pero me han manifestado por distintos medios su cariño y aprecio. A todos gracias, con un especial recuerdo para las personas enfermas.

He elegido los textos bíblicos para esta Eucaristía en consonancia con una convicción personal que
después de estos 25 años de sacerdocio se ha vuelto cada día fuerte, más clara, que se refiere al misterio de la vocación, de la llamada, de la elección divina, y que está claramente expresada en el evangelio que acabamos de escuchar: “No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto y vuestro fruto permanezca”. Después de estos 25 años, puedo decir que mi sacerdocio lo vivo realmente como un misterio, como algo que me viene de fuera, casi impuesto, a veces quizás no querido, y sin embargo algo que me siento obligado a ser y a ejercer a pesar de mis miserias y graves pecados. Cada vez soy más consciente de que no he sido yo quien ha elegido ser sacerdote; más bien, si hubiera hecho caso a mi propio ‘yo’, habría elegido algo muy distinto, y lo continuaría haciendo si dejo prevalecer ese ‘yo’ no redimido que seguimos llevando dentro los bautizados. Por eso, cuando me piden hablar de mi vocación me cuesta hacerlo, porque es verdaderamente un misterio no expresable con palabras. La historia que se cuenta no refleja el misterio que se vive. La gracia se cuela a través de acontecimientos muchas veces banales y sin relación aparente con el desenlace final. Lo único que realmente puedo decir es que soy sacerdote porque siento en lo más profundo de mi ser, a veces de forma egosintónica, como diríamos los psicólogos, pero muchas veces también de forma egodistónica, que lo ‘debo’ ser, con ese sentido de la palabra ‘deber’ que en la Escritura está relacionado con la voluntad de Dios.

El texto de Jeremías de la primera lectura, junto con esa queja a Dios por lo mal que lo está pasando
el profeta, revela esa dialéctica entre seducción y lucha tan característica del modo en que algunos vivimos nuestra elección, que nunca se percibe como un privilegio. Por un lado, el profeta se rebela, se queja, a causa de la persecución que conlleva su misión y quiere dejar de llevarla a cabo, olvidarse de ella, y de paso también del Señor que piensa lo ha engañado, pero al mismo tiempo siente que no puede, que hay algo dentro de él que es más fuerte, que lo impele, un fuego que no puede apagar: “Había en mis entrañas como fuego, algo ardiente encerrado en mis huesos. Yo intentaba sofocarlo, y no podía”. A veces, medio en broma, he dicho a personas muy cercanas que “soy sacerdote contra mi voluntad”; aunque no es del todo correcta la frase, tiene algo de verdad. Refleja esa dialéctica entre seducción y resistencia, entre elección y huida, que san Agustín decía que podía solo entender el enamorado, el que experimenta esa desgarradora situación de sentirse al mismo tiempo libre y esclavo. “Da mihi amantem et sentit quod dico”, “dame alguien que ama y sentirá -entenderá- lo que digo”, decía el santo doctor de la Iglesia refiriéndose a la relación entre la libertad del hombre y la gracia de Dios.

De la segunda lectura saqué el lema de mi ordenación sacerdotal que he vuelto a imprimir en el
recordatorio de la celebración de hoy porque para mí conserva toda su verdad y vigencia: “No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por Jesús”. El centro de nuestra vida, de los que decimos y hacemos, no somos nosotros sino Jesucristo, a quien reconocemos como Señor. Esta centralidad de Cristo en nuestro hablar y obrar es la que marca y da sentido a todo. Cuando perdemos esta referencialidad poniéndonos a nosotros mismos en el centro todo se viene abajo y queda la nada. Pablo nos recuerda que este tesoro lo llevamos “en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros”. ¡Qué frágiles somos! Basta muy poco para hacernos caer y que todo se haga pedacitos. Sin embargo, hacemos también constantemente experiencia de la fuerza de Dios en nuestra debilidad, de la eficacia de su gracia no obstante nuestros pecados. Recientemente he leído unas palabras del papa Francisco que para mí son muy consoladoras. Hablando de ese texto del final del evangelio de Juan del primado de Pedro, comenta lo siguiente:

"Una vez supe de un sacerdote, un buen párroco que trabajaba bien; fue nombrado obispo, y el
sentía vergüenza porque se sentía indigno, tenía un tormento espiritual. El confesor le escuchó y le dijo: ‘Pero no te escandalices. Si con lo que hizo Pedro lo hicieron papa, ¡tú adelante!’. Es que el Señor es así."

El Salmo 116, con el que hemos rezado en respuesta a la primera lectura, ha tenido y sigue teniendo mucha importancia en mi vida sacerdotal. El salmista habla de su experiencia de ser salvado en un momento de desesperación y desilusión, quizás de una enfermedad grave. Como agradecimiento por la liberación obtenida dice que ‘alzará la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor’. Yo tuve esta experiencia en un momento muy difícil de mi vida, de ser salvado por el Señor después de haberlo invocado, y por eso hoy sigo levantando esa copa de salvación y ‘cumplo mis votos en presencia del todo el pueblo’. Como yo, creo que también muchos de vosotros habéis tenido esta experiencia, como la tuvo el pueblo de Israel al salir de Egipto y los apóstoles cuando se encontraron con Jesús resucitado. Por eso hoy alzamos juntos en esta Eucaristía la copa de salvación con la sangre del cordero sin macha que quita el pecado del mundo.

Desde hace dos años se me ha confiado en la Conferencia Episcopal Española el Secretariado para
Icono de los mártires de Tibhirine
pintado por hermanas carmelitas de Polonia
las Relaciones Interconfesionales, debiendo ocuparme de ecumenismo y diálogo interreligioso. De los muchos correos electrónicos de felicitación que he recibido con motivo de este aniversario, me impactó mucho uno de José Luis Navarro, monje trapense de la comunidad de Nuestra Señora del Atlas, que conocí en un encuentro interreligioso monástico. En su correo me hace notar que hoy también es el aniversario de la muerte de sus siete hermanos de Tibhirine (Argelia), martirizados en 1996. En el testamento espiritual de uno de ellos, el padre Christian Marie Chergé, abad entonces del monasterio, podemos encontrar un testimonio muy esclarecedor de lo que significa elección y fidelidad a ella. Estos monjes no buscaban el martirio, ni tampoco excentricidades, pero sentían, aún con dolor, que debían permanecer en ese lugar conscientes de lo que podía pasar y que de hecho pasó. Vivieron con autenticidad el misterio de su elección divina al martirio. A ellos hoy me encomiendo.

Vamos a pedirle al Señor, con la intercesión de María, que aprendamos a hacer su voluntad, aunque nos cueste, viviendo con autenticidad el gran misterio de haber sido elegidos por él. ¡Amén!

(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro Si conocieras el don de Dios y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial)