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sábado, 27 de marzo de 2021

Un matrimonio llamado a ser signo de esperanza y fraternidad

 

MATRIMONIO DE KARIM Y PALOMA

Madrid, 20 de marzo 2021

 

 




Lecturas 

Lectura del Canta de los Cantares 4: ¡Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano, acércate!

Salmo 23: El Señor es mi pastor

1 Co 13. Ambicionad los carismas mejores y aún os voy a mostrar un camino mejor

Juan 15: A vosotros os llamo amigos; amaos unos a otros como yo os he amado

 

Queridos Karim y Paloma:

Queridas familias:

Queridos amigos:


Nos encontramos reunidos aquí hoy, en esta bella Iglesia de San Fermín de los Navarros, después de tantas dificultades y tantas incertidumbres. Echamos de menos a los que por distintas circunstancias no pueden estar presentes hoy, sobre todo la familia de Karim, su madre en primer lugar. También echamos de menos y tenemos en nuestras oraciones a su padre, Hilal, que falleció en el mes de agosto, y los demás familiares y amigos nuestros que ya no están, de un modo muy especial Fernandito, hermano de Paloma. Vivimos tiempos difíciles, a los que no sabemos dar todavía un sentido, tan llenos de extrañeza e incertidumbre. Sin embargo, el virus no ha podido con Karim y Paloma, con su amor y su deseo de unir sus vidas, y no ha podido tampoco con nosotros que estamos hoy aquí para celebrar de la mejor forma posible su unión matrimonial y acompañarles con nuestro cariño y oración en este día tan importante de sus vidas, en el que se unen para siempre, se vuelven una sola carne, una sola cosa, como dice la Sagrada Escritura.





Es una boda algo especial esta que hoy celebramos, también porque Karim no está bautizado, el es libanés y de religión musulmana. Sin embargo, para la Iglesia es un verdadero matrimonio, con los mismos derechos y deberes de un matrimonio entre bautizados, y que se celebra con el mismo rito. Esto se debe a la peculiaridad del matrimonio, que, a diferencia de los demás sacramentos, es una realidad humana que existe antes de Cristo. Como dice el libro del Génesis: “por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá su mujer y serán los dos una sola carne” (Gn 2, 24).  Con su encarnación, Jesucristo asume esta realidad humana, querida y establecida desde el principio por Dios Creador, la sana y la eleva para ser signo del amor entre Dios y la humanidad.

Después de esta pequeña clase de teología sacramental, que me excusaréis, quiero comentar muy brevemente las lecturas que Karim y Paloma han elegido para su boda, lecturas de la Palabra de Dios, que ilumina nuestra vida y es lámpara para nuestros pasos.




Han elegido, en primer lugar, una lectura del libro del Cantar de los Cantares, un libro del Antiguo Testamento que es un poema de amor entre un novio y una novia. Han elegido esta lectura seguramente porque en ella se habla del Líbano, esa tierra tan hermosa, antes une verdadero oasis de paz y de convivencia pacífica entre personas de distintas religiones en el Medio Oriente, y que hoy está pasando por un momento extremadamente difícil. Karim viene del Líbano, como la esposa del Cantar de los Cantares: “Ven del Líbano, esposa, ven del Líbano, ¡acércate!”, hemos escuchado en la primera lectura. Así es para nosotros aquí hoy. Este matrimonio que nace con distancias de países, de culturas, de religión, está llamado a superar todo esto y a demostrar que la paz, la fraternidad de la que tanto habla Papa Francisco, la unidad en la diversidad, la convivencia pacífica y enriquecedora, y el amor entre personas de distintas tradiciones, es posible y es una cosa muy muy bella cuando acontece. El matrimonio de Karim y Paloma está realmente llamado a ser un signo de esperanza para todos nosotros en este complicado momento que vive la humanidad.



La segunda lectura es un texto que creo la mayoría conocemos bien.  Es el llamado himno a la caridad que encontramos de la primera carta que San Pablo dirige a los Corintios. El apóstol quiere enseñarles el camino por excelencia para todo cristiano, más allá de los dones espirituales que cada cual pueda tener y por muy impresionantes que estos puedan ser; este camino es el del amor-caridad. No cualquier amor, sino el amor-caridad, ágape en griego, el que nos ha mostrado Jesucristo, un amor que ‘disculpa sin límites, cree sin límites, espera sin límites, aguanta sin límites. Un amor que no pasa nunca’. Estamos llamados a vivir este amor en los distintos ámbitos de nuestra vida, ya que la santidad a la que todos estamos llamados significa vivir la perfección de la caridad. Sobra decir que un lugar privilegiado para vivir este amor, en su forma también tan especial de amor conyugal, es el matrimonio y la familia. ¡Os deseamos de verdad, Karim y Paloma, que viváis este amor en vuestro matrimonio! Este amor es lo único que puede llenar el corazón del ser humano y apagar esa sed de amar y ser amados que todos tenemos.

Por último, el texto del evangelio de Juan que Karim y Paloma han elegido, está tomado del discurso de Jesús en la sobremesa de su última cena con sus discípulos. Jesús les pide que se amen entre ellos como Él los ha amado, con ese amor grande de quien entrega su vida por los demás. Los llama amigos porque les ha revelado los misterios del reino de Dios y dice que es Él quien los ha elegido para que den mucho fruto. Estas pocas palabras del evangelio de Juan describen bien la vivencia íntima del discípulo de Jesús: sentirse amigo de Dios, sentirse elegido sin mérito alguno de su parte, sentirse llamado a amar porque él ha sido amado primero de forma gratuita e incondicionada, sentirse obligado a dar fruto de vida eterna, lo que significa ayudar a los demás a crecer hacia su plenitud. Paloma en su matrimonio con Karim, está llamada a hacer justo esto, dar testimonio de su fe, no tanto con sus palabras, sino con su amor, haciendo que Karim crezca día a día en su humanidad. Karim, por su parte, está llamado a amar a Paloma, y ayudarla a ella también a llegar a su plenitud humana, respetando su fe.





Queridos Karim y Paloma: Realmente pido a Dios que os bendiga, diga-bien de vosotros, que esté a vuestro lado y en vuestro hogar, que os cuide y proteja en estos difíciles tiempos. ¡Que vosotros podáis ser para los demás un verdadero signo de esperanza y fraternidad! ¡Que sepáis acoger y ayudar a los demás, sin cerraros en vosotros mismos, como el miedo y la incertidumbre muchas veces nos llevan a hacer! ¡Que vuestra casa sea un lugar acogedor y abierto! ¡Que los pobres os encuentren bondadosos porque ellos son los que un día nos abrirán las puertas del paraíso! Amén.




jueves, 20 de abril de 2017

Volver a Galilea para apropiarnos de nuestra historia


Homilía en la Vigilia Pascual
Madrid, 16 de abril 2017

Queridos hermanos y amigos:

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Hoy celebramos ­-y celebrándolo lo hacemos presente con toda su fuerza salvífica para nosotros hoy­- el acontecimiento fundamental de nuestra fe, la resurrección del Señor. «Jesús ha resucitado»: este es el anuncio, la buena noticia que da el ángel a las mujeres que fueron al sepulcro ese primer día de la semana, el día después del sábado, al amanecer. Él ángel les anuncia un acontecimiento, algo que ha tenido lugar, pero algo realmente excepcional, un actuar de Dios en nuestra historia solo comparable con la creación del cosmos de la nada. Dios resucita a Jesús de la muerte, cumpliendo de modo sobreabundante todas sus promesas, yendo mucho más allá de lo que podíamos imaginar: la resurrección del Señor es el fundamento de nuestra vida y de nuestra esperanza. El cristiano es fundamentalmente una persona que cree en la resurrección del Señor.

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La excepcional Liturgia de la Palabra de esta Vigilia Pascual nos muestra el acontecimiento de la resurrección como culmen de toda la historia de la salvación, de toda esa historia dirigida por Dios para salvar al hombre hecha de gestos y palabras narrados en el Antiguo Testamento. Así, la primera lectura nos habla de la creación del mundo, porque la resurrección es el cumplimiento de la creación, es el inicio de la nueva creación en la que Dios será «todo en todos» (1 Cor 15, 28). La segunda lectura del sacrificio de Abraham, porque Jesús es el verdadero Isaac entregado por Dios Padre y porque Abraham es modelo de creyente por su obediencia a la palabra; la tercera lectura del éxodo, porque el poderoso actuar de Dios para liberar a su pueblo de la esclavitud era imagen y preparación de la verdadera Pascua que nos libera del pecado y de la muerte. La cuarta y la quinta lectura de Isaías porque los planes de Dios no son nuestros planes y nuestros caminos no son los suyos y porque el amor de Dios es un amor eterno; aunque nos hayamos sentidos abandonados por él, eso fue cosa de un momento; la sexta lectura del profeta Baruc, porque la resurrección del Señor es donde se encuentra «la vida larga, la luz de los ojos y la paz»; la séptima lectura de Ezequiel, porque por medio de la muerte y resurrección de Jesús, Dios ha hecho una nueva alianza con nosotros, dándonos su espíritu que nos permite caminar en una vida nueva.

Pablo nos dice en su epístola a los Romanos que gracias al bautismo hemos sido incorporados al misterio de la muerte y resurrección de Jesús; hemos sido sacramentalmente sepultados con él para resucitar con él a una vida nueva. Por eso esta noche renovamos nuestras promesas bautismales, ya que al don de la gracia del bautismo debe corresponder nuestro esfuerzo por vivirlo a través de las opciones de vida que tomamos y de los valores que intentamos honrar. Hoy queremos renovar nuestras promesas bautismales, pero no como un rito más, sino con sinceridad.

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Del pasaje evangélico que acabamos de escuchar, quero solo indicar tres elementos que destaca el mismo evangelista Mateo: el sepulcro vacío, el «ir a Galilea» y la unidad entre el crucificado y el resucitado. En primer lugar: el sepulcro vacío. Hay una insistencia en este hecho en el relato evangélico. El ángel dice a las mujeres: «No está aquí: ¡ha resucitado!, como había dicho. Venid a ver el sitio donde yacía…». La tumba estaba vacía. Ya no estaba el cuerpo del Señor. Los que hemos tenido el regalo de ir a Tierra Santa y visitar la Basílica del Santo Sepulcro, hemos podido entrar en ese edículo y tocar con mano la tumba vacía como las mujeres aquel primer domingo. Esa tumba vacía es prueba de ese acontecimiento tan asombroso de la resurrección. 


En segundo lugar, el ángel pide a las mujeres que digan a los discípulos que vayan a Galilea, allí verán a Jesús, y la misma orden repite el resucitado justo después. ¿Por qué ir a Galilea? ¿Qué significado tiene Galilea? En Galilea todo empezó. En Galilea los discípulos podrán
«rebobinar» su historia desde principio, pero ahora mirándola con ojos nuevos, a la luz de resurrección. Allí podrán entender mejor lo que significó su llamada años atrás a orillas del lago a ser pescadores de hombres, las bienaventuranzas que pronunció el Señor en aquel monte y que entonces parecían palabras de otro mundo; allí también podrán comprender mejor los momentos de prueba y la oposición a Jesús que fue creciendo hasta llevarle a la muerte. También para nosotros es importante de vez en cuando «volver a Galilea» para reencontrarnos con nuestra historia y entenderla mejor y asumirla, volver a los inicios, a ese amor primero. Mirar el recorrido de nuestra vida a la luz del misterio pascual nos permite comprenderlo mejor y hacerlo nuestro, apropiarnos de él y abrazarlo como una historia de amor y redención; también los momentos de prueba y de oscuridad, adquieren sentido. 

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En tercer lugar, la unidad entre la pasión-muerte y la resurrección. Él ángel dice a las mujeres: «buscáis a Jesús, el crucificado. No está aquí…». El resucitado es el mismo que fue crucificado. La resurrección es la otra cara de la moneda de la pasión y la muerte. La cruz, esa cruz no buscada directamente ni querida, que permite el Señor en nuestra vida, esa cruz que nace de la entrega a los demás y de la lucha por el Reino y la justica en un mundo marcado por el pecado, es el camino para la resurrección.


¡Que el Señor nos de la alegría de la resurrección y nos ayude a vivir con más coherencia nuestro bautismo!

martes, 12 de julio de 2016

Jesucristo, buen pastor, rostro de la misericordia divina


Homilía, 17 de abril 2016

en la Jornada de Diálogo Interreligioso organizada por el Diálogo Interreligioso Monástico (DIM) y otras instituciones
Colegio Santísimo Sacramento (Calle Arturo Soria, 208 Madrid)

Jornada mundial de oración por las vocaciones


Queridos hermanos y amigos:

Celebramos esta Eucaristía de acción de gracias, clausurando este hermoso día de
convivencia interreligiosa en el cuarto domingo de Pascua, domingo del buen Pastor, Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones, que se celebra este año con el lema: “La Iglesia, madre de las vocaciones”. En el mensaje del papa Francisco para esta Jornada se dice que la vocación nace en la Iglesia, crece en la Iglesia y está sostenida por la Iglesia. Celebramos hoy esta Eucaristía pidiendo por esta intención.

Cuando convivimos con personas de distintas religiones, como hemos hecho hoy, nos enriquecemos, ya que descubrimos en estas personas y en sus tradiciones “destellos de aquella Verdad que ilumina todos los hombres”, como dice el Concilio Vaticano II en la Declaración Nostra aetate sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas. En otro documento más reciente, de 1991, promulgado conjuntamente por el Pontificio Consejo para el Dialogo Interreligioso y la Congregación para la Propagación de la Fe, titulado Diálogo y anuncio, se concretan las distintas formas de diálogo interreligioso, y se habla del diálogo de la vida, de la acción, del intercambio teológico, y de la experiencia religiosa. Hoy aquí hemos hecho experiencia de todos ellos, enriqueciéndonos como personas y por eso damos gracias al Señor y a los que han organizado con mucho esfuerzo esta Jornada.

La Eucaristía que estamos celebrando es memorial de Jesús, de su vida y de su muerte, de su entrega por nosotros. Él es el pastor bello, hermoso (kalós), bueno, que nos conoce de verdad, en lo más profundo de nuestro ser, que conoce nuestro verdadero nombre, ese nombre nuevo que él nos quiere dar. Jesús, buen pastor, que da su vida por sus ovejas, es el rostro de la misericordia de Dios.

Hoy hemos podido profundizar junto con nuestros hermanos y amigos de otras religiones lo que implica la misericordia divina, que es para nosotros el atributo más importante de Dios. En latín el termino misericordia, miseri-cors, indica esa actitud del corazón (cors) que se hace cercano al mísero (miseri), al pobre, al que sufre, al pecador, que se pone a su lado y de su lado. En el Antiguo Testamento hay tres términos relacionados con esta actitud: rahamim, que expresa el apego instintivo de un ser a otro, que tiene su sede en las entrañas maternas, hanan que se suele traducir como ternura, y hesed, que indica una relación entre dos personas marcada por la fidelidad y en caso de Dios, por su fidelidad a sí mismo, no obstante el pecado y la obstinación del pueblo. “Dios es injusto solo con él mismo”, dirá un conocido teólogo ecuménico. Todos estos términos están presentes en la autorevelación de Dios a Moisés en el monte Sinaí: “Señor, Dios compasivo (rahum) y misericordiosos (hanun), lento a la ira y rico en clemencia (hesed) y lealtad” (Ex 34, 6).

En Jesús la misericordia de Dios se hace carne. En él, en su enseñanza, en su vida, en su muerte, se nos revela y se hace presente la misericordia de Dios de un modo pleno. Todo en él expresa misericordia: sus parábolas, como la del buen samaritano o la del hijo pródigo, su vida compartida con los pecadores y los publicanos, con los pobres y los que sufren, y su muerte en la cruz entre dos malhechores. En él descubrimos lo que realmente significa misericordia, descubrimos las entrañas de Dios, su pathos. Dios no tiene pasiones, pero sí tiene pathos, porque así se nos ha revelado, en contra de lo que puedan pensar algunos filósofos metafísicos.

De hecho, la misericordia divina, centro de la revelación que Dios hace de sí mismo
recogida en la Sagradas Escrituras, tardó tiempo en ser plenamente asimilada por los primeros pensadores cristianos. Éstos estaban condicionados por la filosofía griega que, en oposición a los mitos paganos de dioses con pasiones antropomórficas indignas de la divinidad, hablaban de Dios como el motor inmóvil, impasible, ‘que no tiene amigos, ni necesita de ellos’, totalmente autosuficiente y no afectado por sus criaturas. “En esta noción metafísica de Dios no hay espacio para la misericordia porque ella no deriva de la esencia divina, sino de su autorevelación”, dirá Kasper.

Curiosamente algunos filósofos modernos en cambio, si intuyeron que el Dios bíblico era sobre todo misericordioso, a veces también para rechazar este atributo como indigno de la divinidad, pero sobre unas bases totalmente distintas. Uno de ellos es Nietzsche. Hay dos célebres frases de este filósofo anticristiano que paradójicamente nos pueden ayudar a profundizar en lo que significa la misericordia divina. Una de ellas es: “Así me dijo el demonio una vez: ‘También Dios tiene su infierno, es su amor a los hombres’”; y la otra: “Dios ha muerto. Su compasión por los hombres es lo que le ha matado”. Nietzsche tenía razón: Dios sufre por los hombres. Sin embargo, contrariamente a lo que este filósofo piensaba, esto no es signo de debilidad en Dios, sino de fuerza, no es imperfección, sino perfección del amor. De ahí que Jesús, el buen pastor, afirme: “Por eso me ama el Padre, porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente”. Santa Catalina de Siena solía repetir: “No fueron los clavos los que mantuvieron Jesús atado a la cruz, sino su amor”. La misericordia no es imperfección, sino perfección del amor.

Dios es así, hermanos y hermanas, sin límites en su amor y esto es lo estamos llamados
a descubrir en este Año Santo de la Misericordia. En Jesús, Dios se ha hecho próximo a nosotros, a nuestra miseria y pecado, se ha puesto de nuestra parte. En esta Eucaristía que celebramos clausurando esta bella Jornada, la misericordia de Dios se hace presente aquí y ahora para nosotros, se nos pone realmente al alcance de la mano. Podemos en este momento no solo hablar de ella, sino sentirla presente y actuante en nuestras vidas.


Vamos a pedirle al Señor hoy por las vocaciones, sobre todo por las vocaciones a hacer presente en medio de los hombres, en medio de nuestra sociedad triste y egoísta, al buen pastor, al pastor misericordioso que conoce a sus ovejas y las llama por su nombre, que las cuida y da su vida libremente por ellas, que las lleva a la vida eterna. También pedimos por la paz y el entendimiento entre las religiones. ¡Que Maria, reina de la paz, nos proteja y guíe hacia la paz verdadera! Amén.

jueves, 10 de diciembre de 2015

La victoria final es de Dios


Homilía 29 de noviembre 2015
Domingo I de Adviento (ciclo C)
(Misa retransmitida por RNE)

Empezamos este nuevo año litúrgico escuchando unas palabras del Señor parecidas a las que se nos proclamaron cuando se iba terminando el anterior, palabras que nos hablan del final del
mundo y de la historia humana. Hoy escuchamos estas palabras del discurso escatológico de Jesús según la versión de san Lucas, que es el evangelio que nos acompañará a lo largo de este nuevo ciclo litúrgico. En un primer momento estas palabras nos pueden parecer raras y hasta podrían asustarnos, al hablar de catástrofes y de signos portentosos, de «angustia de las gentes». Sin embargo, si prestamos más atención y tenemos en cuenta el lenguaje apocalíptico que utilizan, veremos que tienen mucho que decirnos a nosotros hoy. El lenguaje apocalíptico surge en momentos difíciles de la historia, de gran negatividad, cuando las fuerzas del mal parecen haber vencido, como en el periodo post-exílico en el que Israel había perdido todo, pero viene a dar un mensaje de esperanza en medio de la adversidad, una buena noticia, a consolar como otras palabras no pueden hacerlo. Nos vienen a decir que por mucho que parezca que prevalezca el mal en el mundo, en nuestra sociedad y en nuestras vidas, al final la victoria es de Dios y de su Cristo, «que vendrá sobre las nubes del cielo, con gran poder y majestad», como acabamos de escuchar en el evangelio. ¡Cuánto necesitamos que se nos diga esto hoy! Los terribles actos terroristas que hemos vivido en estos días que siembran el terror y abren el abismo de la nada, las guerras, las muchas personas que huyen de la violencia y de la miseria a veces encontrándo las puertas de los hermanos cerradas, la persecución de los cristianos como no se había dado antes, de la cual habla también Jesús en el discurso escatológico, y tantas otros cosas. A veces corremos el riesgo de caer en la desesperanza y rendirnos ante el mal, de creer que nos encaminamos hacia la nada, que el mal es más fuerte que él bien. ¡Pero no!, y así Jesús en el templo de Jerusalén nos lo dice poco antes de su pasión en que las fuerzas del mal se desatarán tan terriblemente contra él. Él las vencerá y por eso nos puede decir hoy a todos nosotros: «cuando empiece a suceder esto levantaos, alzad la cabeza: se acerca vuestra liberación». La victoria definitiva del Señor, el establecimiento del reinado de Dios en el que morará para siempre la justicia, el triunfo de la vida y de las fuerzas del bien sobre las de las tinieblas y la muerte, está cada vez más cerca, aunque pueda parecer lo contrario.



            El Adviento que hoy empezamos es un tiempo para
El papa Francisco abre la Puerta Santa de la Catedral de Bangui
aprender, reforzar y practicar la actitud de 
la espera esperanzada y vigilante ante la venida inminente del Señor. Esto por un lado significa no dejar que ‘se nos embote el corazón con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida’, y, por otro, el purificarnos para que ‘podamos ser presentados santos e irreprensibles ante Dios, nuestro Padre’. De ahí el carácter penitencial que también tiene este tiempo litúrgico como tiempo de conversión. Este año, al comienzo del Adviento, se abrirán las puertas santas de las catedrales de todo el mundo para celebrar el Jubileo Extraordinario de la Misericordia que ha convocado el papa Francisco. Esta tarde misma, el Santo Padre abrirá la puerta santa de la Catedral de Bangui, en la República Centroafricana, con un gesto del todo inédito, abriendo el año de la misericordia en una de las periferias del mundo marcada por la violencia y la pobreza. Un año santo para volver al Padre, como el hijo pródigo de la parábola, y experimentar su infinita misericordia. Quitar de nuestra vida lo que nos embota el corazón y purificarnos para ‘mantenernos de pie ante el Hijo del Hombre’ es la forma de prepararnos para la venida del Señor. Venida del Señor que celebraremos sacramentalmente en Navidad haciendo memoria de la llegada al mundo del ‘vástago legítimo de David’. Y venida del Señor que esperamos vigilantes cuando vendrá de nuevo con poder y gloria grande para juzgar y establecer su reinado de paz y justicia que ya empezó con la victoria de la cruz.




            Celebramos en esta parroquia hace pocos días la fiesta de nuestra patrona, Santa Ctalina de Alejandría. Ella fue una mujer sabia y fuerte, que padeció por Cristo y luchó contra el mal con las armas de la fe. Como virgen prudente, supo mantener encendida en la noche la lámpara de la esperanza a la espera de la llegada del Esposo. Que podamos en estos tiempos difíciles que vivimos, parecidos en muchas cosas a los suyos, seguir su ejemplo. A ella nos encomendamos hoy. Amén.

martes, 9 de septiembre de 2014

El matrimonio entre dos cristianos


Homilía en la boda de Pablo Cantero y Alba Reyes

Pastrana (Guadalajara), 6 de septiembre 2014
Iglesia Colegiata de Nuestra Señora de Asunción


Cantar de los Cantares 2, 8-17: «Mi amado es mío y yo soy suya»
Salmo 116: «Amo al Señor porque escucha mi voz suplicante»
Efesios 4, 1-6: «esforzándoos en mantener la unidad… con el vínculo de la paz»
Juan 17, 20-26: «que ellos también sean uno en nosotros para que el mundo crea»


Queridos Pablo y Alba:

                Me gustaría hablaros con el corazón hoy del matrimonio cristiano, más exactamente del
Vista de Pastrana
matrimonio entre cristianos, de lo que es y significa, partiendo de las lecturas que con tanto esmero habéis elegido para vuestra boda.

                De por sí el matrimonio no es algo específicamente cristiano, sino que es una realidad humana, que forma parte del orden natural, del «orden de la creación», diríamos con un lenguaje más teológico. Dios ha creado al hombre varón y mujer y ha inscrito en su ser, en su cuerpo y su alma, la vocación, la llamada al amor, a casarse, a fundar una familia, por eso en el primer relato de la creación que encontramos en el primer libro de la Biblia se afirma: «Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y mujer los creó». Y en el segundo relato de la creación, en el mismo libro del Génesis se añade: «por eso abandonará el varón a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos serán una sola carne». En el ser mismo del hombre, de todo hombre y mujer, de ti Pablo y de ti Alba, está inscrita esta vocación, este anhelo al matrimonio, a crear una familia. Un deseo que nos mueve, nos hace peregrinar en busca de este amor, de la belleza, como muchas veces me has contado, Pablo, desde que nos conocimos en las Jornadas Mundiales de la Juventud de Colonia.

                Pero entonces, ¿qué añade al matrimonio natural la dimensión cristiana? ¿Qué es lo específico del matrimonio cristiano? ¿Qué es lo que lo caracteriza, que lo hace tal? Un principio fundamental del cristianismo que nunca debemos olvidar es que lo cristiano no quita nada a lo que es auténticamente humano, ni lo elimina, sino que lo supone, como diría santo Tomás de Aquino; más aún, lo asume, lo purifica y lo eleva a un nuevo horizonte, a significar una realidad nueva, trascendente. Estas tres acciones son fundamentales para entender lo que aporta el cristianismo a cualquier realidad humana: asumir, purificar, elevar.

           Aplicando esto, el matrimonio entre cristianos no es algo totalmente nuevo que no existía antes, sino que es el mismo matrimonio natural, con sus características propias de exclusividad, fidelidad, fecundidad. La primera lectura que habéis elegido y proclamado juntos, Pablo y Alba, tomada del Cantar de los Cantares, refleja esa experiencia humana tan arrebatadora del enamoramiento, del eros, que forma parte del amor esponsal verdadero. Este libro bíblico es un canto a la belleza del amor, que tanto nos fascina: «Habla mi amado y me dice: “Levántate, amada mía, hermosa mía y vente”... Mi amado es mío y yo soy suya».
             
Pablo y Alba entrando en el comedor

                Sin embargo, el cristianismo no solo asume lo humano sino que también lo purifica de esas impurezas que se adhieren a causa de nuestro pecado. Jesús habla en el evangelio de la dureza del corazón que motivó que Moisés permitiera el repudio. ¿Cómo no reconocer que nuestro amor muchas veces es frágil, miedoso, egoísta, posesivo, inmaduro? También la belleza de la pasión que canta el Cantar de los Cantares puede pervertirse a causa de esa inclinación al mal que todos llevamos dentro. El matrimonio entre cristianos exige que permanezcamos siempre en un camino de purificación, de conversión, de ir venciendo el pecado para ser nuevas criaturas capaces de amar como Cristo nos enseñó. Esto lo podremos hacer en la medida en que nos mantengamos unidos a Él ya que por nuestras solas fuerzas no podemos.

En la segunda lectura que habéis elegido de la Carta a los Efesios se habla de este esfuerzo de purificación necesario para que vuestro amor sea cada vez más auténtico y liberador, haciéndoos crecer como personas y cristianos. El apóstol Pablo os exhorta en el texto que habéis escogido a «sobrellevaos mutuamente con amor, esforzándoos en mantener la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz». La vida cristiana si es auténtica tiene su parte de esfuerzo, de penitencia, de cruz, ya que bien conocemos la fuerza del pecado que habita en nosotros.

Y finalmente, el cristianismo eleva la realidad humana a una nueva dimensión. El matrimonio
Jornada Mundial de la Juventud de Colonia (2005)
Pablo es el séptimo empezando por la derecha
entre cristianos es sacramento, es signo e instrumento del amor de Dios para la humanidad, de Cristo para la Iglesia. Lo significa y lo hace presente. Es decir, que el matrimonio cristiano está llamado a hacer presente en este mundo el amor de Dios. Esta es la verdadera misión del matrimonio entre cristianos. Para que este mundo en el que existe tanta maldad, tanto egoísmo, tanta desunión y guerra, pueda creer en Dios, en su amor, es necesario el testimonio de matrimonios verdaderamente cristianos. Es lo que pedía Jesús en la oración sacerdotal que encontramos en el evangelio de Juan y que hemos escuchado hace poco: «como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me ha enviado».

Convento del Carmen de Pastrana
Fundado por santa Teresa de Jesús
El cristiano es el que ha conocido el amor de Dios, que se ha encontrado en su vida con el Señor, con su amor misericordioso y se ha sentido salvado, «liberado de los lazos del abismo», de las «redes del muerte», como dice el salmista, y que ahora «alza la copa de salvación para dar gracias al Señor», y se siente llamado a dar testimonio de este amor en el mundo también a través de su matrimonio.


                Queridos Pablo y Alba, nos encontramos en este bello lugar, en esta villa ducal de Pastrana que conserva la memoria del paso de santa Teresa de Jesús y de san Juan de la Cruz, en esta hermosa Iglesia Colegiata de Nuestra Señora de la Asunción. Aquí delante del presbiterio una cofradía local ha colocado una bella talla de la Virgen de la Almudena, patrona de diócesis de Madrid. Os encomendamos a María, a nuestra Madre del cielo, para que interceda a su Hijo por vosotros, para que no os falte nunca el vino bueno del amor. También en el retablo detrás del altar mayor están representadas algunas de la mujeres cristianas valientes de los primeros siglos de la Iglesia, entre ellas la patrona de nuestra parroquia, santa Catalina de Alejandría. A ella también os encomendamos para que vuestro amor sea fuerte y valiente y venza los engaños del mundo. ¡Que así sea!

martes, 15 de julio de 2014

«Entender» las parábolas


Reflexiones en torno al XV Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)


Cuando los discípulos le preguntas a Jesús por qué habla en parábolas, él les contesta de una forma
Jesús en la barca de Pedro
Fuente de la imagen: cantualeantonianum.com 
enigmática, citando un texto del profeta Isaías que parece indicar que Dios no quiere que la gente entienda su mensaje y se convierta. Jesús habla de que el pueblo tiene el corazón embotado. Podemos interpretar estas palabras del Señor -más allá de la referencia que hacen al misterio de la predestinación divina- en el sentido de que las parábolas constituyen como un último intento, utilizando un género literario peculiar, para superar el embotamiento de los escuchaban, para hacer mella en su corazón, de modo que puedan caer en la cuenta de su situación y emprender el camino de la conversión. Las parábolas tienen ese poder de tocar con fuerza el corazón, pero también con delicadeza y respeto. No son un mensaje condenatorio y acusador contra el que nos defendemos y atrincheramos; ni son unas exhortaciones que apelan a nuestra voluntad que sabemos muy débil; tampoco hablan solo a la razón dejándonos áridos. A través de sus imágenes tomadas de la vida ordinaria, a través de su lenguaje narrativo y sugerente que toca las fibras más profundas de nuestro ser y evoca emociones fuertes, nos van llevando a entender cuál es nuestra situación respecto a Dios y su reino y nos mueven a cambiarla.

Vincent van Gogh (1882)
Fuente de la imagen: vangoghgallery.com
Así es para la parábola del sembrador. En ella nos podríamos fijar en diversos detalles: el sembrador y su generosidad que lanza la semilla también donde sabe que es muy difícil que dé fruto; en la semilla y su modo de dar fruto, y en los terrenos que la reciben. Tradicionalmente, en la interpretación católica, donde tenemos una cierta tendencia a hacer una lectura moralista del evangelio, nos hemos centrado más en los distintos tipos de terreno.

Una de las peculiaridades de esta parábola es que en el texto del evangelio se encuentra la explicación que Jesús mismo da de ella. Así, el Señor indica lo que es propio de cada tipo de terreno: el del borde del camino no entiende la palabra; el pedregoso es inconstante, no tiene raíz y sucumbe ante la primera dificultad o persecución; el de abrojos hace que la semilla se ahogue a causa de los afanes de la vida y de la seducción de la riquezas. El terreno bueno es donde la semilla puede dar verdaderamente fruto aunque en distintas proporciones. Jesús con esta parábola y su explicación revela uno de los misterios del reino de Dios a sus discípulos: el misterio de la cosecha que frecuentemente no se corresponde con lo que esperamos.

            Una palabra clave en esta parábola es la de «entender»: el terreno pedregoso escucha la palabra del reino sin entenderla y el Maligno se la lleva enseguida de su corazón; el terreno fértil, en cambio, escucha la palabra y la entiende y por eso da fruto. Este «entender» no es un entender intelectual, sino un entender con el corazón; por eso es tan importante no tener el corazón embotado.

            Tenemos que aprender a escuchar la palabra de Dios con apertura de corazón, como María que escuchó el mensaje del ángel y lo acogió dentro de ella, pronunciando su sí. En ella la semilla de la palabra del ángel ha dado fruto abundantísimo al encontrase con la tierra más fértil que había, plenamente dispuesta para el Señor.

La parábola del sembrador nos habla por tanto de esa relación dialógica que existe ente nuestra vida
Procesión de la Virgen del Carmen
   Valle Gran rey - La Gomera (Tenerife)
    Fuente de la imagen: vallegranrey.es
y la palabra de Dios. Cuando acogemos la palabra con amor, ella se vuelve dentro de nosotros una semilla que va creciendo para dar fruto, en un agua que refresca y da vida, utilizando la imagen de la primera lectura. Escuchar con amor y obediencia la palabra de Dios a partir de la realidad de nuestra vida, dejando que ésta sea iluminada y fecundada por ella, es lo que la va transformando y conformándo cada vez más a la voluntad de Dios.


Nos encomendamos a María, nuestra Señora del Carmen como la celebraremos dentro de pocos días, para que seamos de aquellos que entienden la palabra de Dios, de aquellos pequeños a los que Señor revela los misterios de su reino. 

martes, 11 de marzo de 2014

Una cuaresma necesaria

Reflexiones en torno al I Domingo de Cuaresma (ciclo A)
Domingo 9 de marzo 2014


            Lo que muchos experimentamos al comenzar la cuaresma es la necesidad que tenemos de este
Fuente de la imagen: frasiaforismi.com 
tiempo de reflexión.  Con frecuencia tenemos la sensación de estar corriendo detrás de una liebre que no hemos visto, que nunca alcanzamos, y que tampoco sabemos si realmente vale la pena alcanzar. En esta carrera alocada no solemos pararnos a pensar quiénes somos, hacia dónde vamos, qué tipo de persona estamos siendo, cuáles son las cosas que nos mueven, cuánto tiempo y energía dedicamos a lo que es verdaderamente importante aunque quizás no tan urgente. La vida se nos puede estar escapando sin darnos cuenta. Necesitamos este tiempo para entrar dentro de nosotros mismos, para pararnos y reflexionar, para hacer silencio de los ruidos que no nos dejan oír el clamor de los demás ni la voz de Dios, para ir al desierto, para esforzarnos, para darnos cuenta de lo que está mal y reorientar nuestra vida, para cambiar, para prepararnos a un nuevo inicio... Todo esto es la cuaresma de la que algunos hablan como los Ejercicios Espirituales que hace toda la Iglesia.

            Los textos litúrgicos y la Palabra de Dios de este primer domingo de cuaresma nos dan las claves para entender este tiempo y vivirlo de modo que dé fruto en nuestra vida. La oración colecta con la que empieza la Misa nos indica la finalidad de este tiempo: “avanzar en la inteligencia del misterio de Cristo y vivirlo en su plenitud”. Esto es lo que perseguimos con las prácticas cuaresmales: conocer mejor el misterio de nuestra salvación y conformar nuestra vida a él. En el prefacio con el que comienza la plegaria eucarística se afirma que fue Cristo quien ‘inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimentos', y que, 'al rechazar las tentaciones del enemigo, nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado’. La cuaresma es tiempo para ‘sofocar la fuerza del pecado’, para ahogarla, a través de la penitencia, del ayuno de los vicios. Unidos a Cristo lo podemos hacer. Quizás al principio experimentaremos como nuestra carne se resiste, quiere lo suyo, aquello a lo que está acostumbrada, quiere mantenerse en la superficie, pero poco a poco va cediendo y nos vamos haciendo más libres para amar a Dios y a los hermanos.

            Las lecturas de este día nos hablan de la misteriosa y terrible realidad del pecado que actúa en
Hércules ahogando una serpiente
Museos Capitolinos - Roma (Italia)
nuestro mundo y dentro de nosotros y nos esclaviza. La primera lectura narra ese acto de desobediencia de nuestros primeros padres que san Pablo en la segunda lectura dice fue la causa de que entrara el pecado en el mundo y con él la muerte. Pero de este reinado del mal nos ha liberado Jesús con su obediencia, y gracias a él somos justificados, perdonados y puestos en una nueva relación con Dios. A los cristianos nos toca vivir esta vida nueva que se nos ofrece a través de la fe y de los sacramentos de la iniciación cristiana.


   Pero para vivirla tenemos que ir sofocando la fuerza del pecado que sigue actuando en nosotros y que se manifiesta de muy diversos modos impidiéndonos vivir el amor cristiano, llevándonos a cerrarnos en nosotros mismos. Sofocamos la fuerza del pecado cuando unidos a Cristo decimos un “no” claro a las tentaciones. Estas tentaciones pueden ser muy variadas. Pueden ser muy burdas, relacionadas con el poder, la comodidad, la mundanidad, el prestigio social, etc., o más sutiles y difíciles de discernir teniendo apariencia de bien. En todo caso tenemos que esforzarnos en rechazarlas como hizo Jesús en el desierto. Si lo hacemos experimentaremos como va surgiendo en nosotros ese hombre nuevo hecho a imagen del verdadero Adán que es Jesús.

martes, 18 de febrero de 2014

Asumir la propia libertad y dejar que el Señor nos cambie el corazón


Reflexiones en torno al VI Domingo del Tiempo Ordinario (ciclo A)
Domingo 16 de febrero 2014

 
El pecado original - Miguel Ángel Buonarroti (1512)
Capilla Sixtina - Ciudad del Vaticano
Visita virtual de la capilla
Darnos cuenta de la libertad que tenemos, de este enorme y arriesgado don que nos ha hecho el Señor al crear al hombre y a la mujer a su imagen y semejanza, nos debería llevar al agradecimiento. Dios nos pone casi a su mismo nivel, nos sitúa como interlocutores suyos con los que establece un pacto entre seres libres. Por eso la característica fundamental del ser humano es su libertad, que le permite escoger el camino de su vida. A veces, tomar conciencia de nuestra libertad no da miedo por la responsabilidad que implica y casi desearíamos no tenerla y que alguien nos lleve por donde hay que ir.

En la primera lectura de hoy encontramos una bella reflexión sobre el tema de la libertad y de nuestra responsabilidad, reflexión que es para nosotros palabra de Dios al formar parte de los textos inspirados que constituyen la Biblia. Frente a los que se quejan diciendo ‘por culpa del Señor me he desviado”, ‘ha sido el Señor que me hecho caer’, el autor del Eclesiástico dice: ‘¡No, no, no! La responsabilidad es tuya y no de otros de que tú te hayas desviado. El Señor ha puesto delante de ti fuego y agua, vida y muerte, bien y mal, y tú eres el que decide; tú eres el que extiendes la  mano hacia uno u otro’. No podemos culpar a Dios de que hagamos el mal, ni podemos excusarnos en los condicionamientos que tenemos o hemos tenido, en nuestros padres, en la sociedad que nos rodea, en el hecho de ‘que todos hacen lo mismo’. ¡No! Tú y yo tenemos ante nosotros el bien y el mal y somos tú y yo los que elegimos entre ellos.

Pero el Señor no solo nos ha dado el libre albedrío para decidir entre una cosa u otra, sino también
Decálogo de Jekuthiel Sofer (1768)
Bibliotheca Rosenthaliana, Ámsterdam (Holanda)
wikipedia.org
nos ha revelado cuál es el camino del bien, cuál es el camino que lleva a la vida, a la plenitud del hombre y la mujer, y nos ha señalado también los caminos falsos, aparentemente más fáciles, pero engañosos, que llevan a la muerte y a la nada. Lo ha hecho dándonos la ley en el Antiguo Testamento que aclara esos principios de la ley natural que ya llevamos inscritos en nuestra conciencia. Así tenemos los Diez Mandamientos que son diez palabras de vida. En el evangelio de este domingo Jesús afirma que esta ley sigue valiendo para sus discípulos, más aún, afirma que él ha venido a llevarla a su plenitud. Jesús pide a los suyos, a nosotros, que estamos llamados a ser sal de la tierra y luz del mundo, que vayamos más allá de un cumplimiento meramente formal o exterior de la ley, y que la guardemos con nuestro corazón, con nuestros deseos y actitudes más profundas, de un modo totalmente coherente, en el que lo exterior es fiel reflejo de lo somos dentro. Por tanto, no solo no hay que matar físicamente a otro, sino hay que evitar matarlo también en nuestro corazón. No solo no hay que acostarse con el cónyuge de otro, sino tampoco hay que desear hacerlo. No solo hay que vivir en paz con los demás, sino si sabemos de alguien que tenga quejas contra nosotros tenemos que ir a reconciliarnos con él antes de presentar la ofrenda. No solo hay que decir la verdad, sino hay que evitar tener que jurar para que lo demás confíen en lo que afirmamos. Jesús lleva la ley a la perfección que pueden vivir los limpios de corazón, los que no tienen doblez, los que han interiorizado esa ley hasta identificarse con ella y con la voluntad de Dios. Ellos son los que han recorrido hasta el final el difícil camino de la unificación personal y se vuelven como una luz sobre el candelero que alumbra a todos los de la casa.

Pero bien sabemos que a esto no hemos llegado de momento. Sabemos que somos libres y que
Fuente de la imagen: raoulwallenberg.net
podemos elegir el bien y que no debemos culpar a Dios ni a los demás si no lo hacemos. También sabemos que la ley es buena y nos enseña el camino de la vida. También vemos como Jesús, ejerciendo de maestro exigente que quiere sacar lo mejor de sus alumnos, nos invita a interiorizar esta ley y a vivirla con total coherencia. Sin embargo, reconocemos también que estamos lejos de cumplir esto.


 Pero esta constatación no nos entristece porque el evangelio es buena noticia, es profecía de lo que el Señor quiere hacer con nosotros, transformándonos en hombres nuevos, cambiándonos el corazón, dándonos un corazón de carne que ama de verdad a Dios sobre todas las cosas y a los demás como a nosotros mismos. ¡Que así sea!

jueves, 30 de enero de 2014

Ecumenismo o proselitismo


            Este es el texto de un sermón dado el lunes 20 de enero 2104 en el contexto de la Semana de Oración la Unidad de los Cristianos en la Iglesia de la Resurrección de la Iglesia Evangélica Española (Calle Butrón, 20 Madrid).

Juntos... de ningún don carecéis

Día 3 del Octavario de Oración por la Unidad de los Cristianos 2014
Lecturas: Job 28, 20-28, Salmo 145, 10-21, Efesios 4, 7-13; Marcos 8, 14-21

Esta mañana recibí una llamada de teléfono a través del arzobispado de Madrid de una señora,
Cartel de la CEE
probablemente una catequista, que quería saber que tenía que hacer una chica ortodoxa rumana para ‘pasarse a la Iglesia católica’. Yo le pregunté acerca de los motivos de esta chica para hacerse católica y me dijo que había llegado al convencimiento de que la Iglesia católica era la verdadera y que también era la que mejor atendía a sus feligreses. Me dijo la mujer que me llamaba que ella misma había preparado a esta chica para hacerse católica y que siguiendo lo que le habían dicho, había intentado ir a la parroquia católica que correspondía pero que el párroco le daba largas.  Al final de la conversación le dije que me enviara un correo electrónico con todos los datos y que yo mismo me pondría en contacto con la chica para entrevistarme con ella. Cuento esto porque esta señora que me llamó esta mañana durante nuestra conversación telefónica se sorprendía una y otra vez que yo no estuviese dando saltos de alegría por esta nueva conversa que había vuelto al redil y se disgustaba de que hiciera tantas preguntas y dificultara tanto el tema. Mi actitud no se debía solo a la clara sospecha de que esta chica había sido inducida a esta ‘conversión’ por esta señora que probablemente la había ayudado económicamente en un momento difícil y se había aprovechado de ello para catequizarla. Abro aquí una pequeña paréntesis para hablar de un documento importante que ha pasado un poco desapercibido y creo que nos interesa a todos y está muy relacionado con lo que estoy contando. En 2011, después de varios años de trabajo conjunto, el Pontificio Consejos para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, el Consejo Mundial de Iglesias, y a invitación de éste, la Alianza Evangélica Mundial, hicieron público un documento titulado El testimonio cristiano en un mundo multirreligioso, en el que ofrecen orientaciones sobre el modo correcto de evangelizar y misionar en nuestro mundo tan variado. El procedimiento que presumiblemente utilizó esta señora con la chica rumana, aprovechándose de su debilidad para convertirla, evidentemente no es aceptable y es triste que se siga utilizando en algunas Iglesias. De todos modos, junto a la sospecha acerca de la sinceridad de este cambio de la chica, lo que realmente no me hacía saltar de alegría es el hecho de que yo no trabajo para esto: yo no trabajo para que miembros de otras Iglesias se hagan católicos, y no me alegro especialmente de ello cuando acontece; yo trabajo por la unidad de los cristianos, por una Iglesia una pero legítimamente plural como la quiere el Señor.

He contado esta anécdota de esta mañana porque creo que pone de manifiesto el cambio que ha
Iglesia de la Resurrección de la IEE durante el acto
tenido lugar en la Iglesia católica en los últimos cincuenta años en referencia al ecumenismo y que hace posible que yo esté aquí esta tarde. Esta señora manifiesta la actitud preconciliar, anterior al Concilio Vaticano II. Ella piensa realmente que lo mejor para esta chica rumana es hacerse católica, y aunque quizás utilice métodos discutibles, lo hace con buena intención pensando en su salvación. Sin embargo, la actitud de la mayoría de los católicos –aunque siempre queden personas que siguen pensando según los esquemas del pasado- ha cambiado y esto ha sido gracias al Concilio Vaticano II. Para no extenderme mucho, creo que hay dos enseñanzas del Concilio que han sido importantes para que se diera este cambio. Una está relacionada a una nueva interpretación de la famosa doctrina extra Ecclesiam nulla salus –fuera de la Iglesia no hay salvación –, que ya no podemos interpretar los católicos en el sentido de que quien no pertenece visiblemente a la Iglesia católica romana no se salva; y la otra enseñanza fundamental del Concilio es no haber querido identificar a la Iglesia fundada por Cristo exclusivamente con la Iglesia católica romana, lo que lleva a reconocer a otras comunidades cristianas como verdaderas Iglesias.

Estos importantes y osados planteamientos conciliares han significado un cambio profundo y han
Sesión del Concilio Vaticano II
llevado a los avances ecuménicos de los últimos 50 años. Evidentemente, queda mucho por hacer: hay muchos temas que aún no están resueltos y heridas que siguen abiertas. Pero qué importante es reconocer la verdad de estas dos enseñanzas del Concilio Vaticano II, es decir,  que no es necesario pertenecer a mi Iglesia para salvarse y que la Iglesia que el Señor quiso no se identifica totalmente con la mía. Puede que nos cueste mucho aceptar esto, también a los católicos por mucho que lo haya dicho un concilio. De hecho, hay personas y grupos que siguen considerando estas enseñanzas una traición del magisterio precedente. Sin embargo, creo que son dos verdades evidentes y que tienen un sólido fundamento bíblico. Así, por ejemplo, el apóstol Pablo, al comenzar su primera carta a los Corintios, se dirige, junto con el hermano Sóstenes, a la Iglesia de Dios que se reúne en Corinto, pero también a “todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Señor suyo y nuestro”, es decir, a todos los que reconocen el señorío de Cristo. Esto es lo que para Pablo es fundamental para salvarse: no el pertenecer a una Iglesia concreta u otra, como tampoco al pueblo de Israel, sino confesar a Jesús como Mesías y Señor, ser encontrado en él, no con una justicia que viene de nosotros, de hacer las cosas bien según la ley, sino con una justicia que nos es dada gratuitamente por él, por su muerte en la cruz.

El texto bíblico que he citado, de la primera carta del apóstol Pablo a los Corintios, forma parte del
que se ha elegido para los materiales de la Semana de Oración de este año. Como sabemos, los han preparado un grupo ecuménico de Canadá, país que es muy interesante por su recorrido ecuménico, que llevó a la creación de la Iglesia Unida de Canadá en 1925 y al Consejo Canadiense de las Iglesias en 1944 que representa al 85% de los cristianos del país. Es también un país con muchos recursos naturales y con mucha riqueza cultural, con muchos dones de Dios. De ahí que se haya elegido como texto bíblico el primer capítulo de la primera carta del apóstol Pablo a los corintios que habla de los muchos dones que Dios ha otorgad a esta comunidad y del peligro de la desunión.

La comunidad de Corinto vivía en un contexto multirreligioso y multicultural parecido al de algunas ciudades de Canadá, y había recibido muchos carismas, pero corría el serio peligro de la ruptura de la unidad. Habían pasado por ella diversos grandes personajes del cristianismo primitivo después de que Pablo la fundara, y se habían formado grupos que daban más importancia a su vinculación con el líder que a su relación con el Señor. Pablo tiene que recordar a los corintios que es Cristo el quien salva, es en él en el que fueron bautizados, fue él quien murió en la cruz, y Cristo no está divido, como no lo puede estar su Iglesia que es su cuerpo en la que se entra por la fe y el bautismo que nos unen el Señor y no un líder por muy importante que sea.


En la propuesta que se nos hace en los materiales para el día de hoy, tercer día del octavario, bajo el
Detalle de la Última Cena.
P. Marko Rupnik - Centro Aletti
Iglesia de Juan Pablo II - Cracovia (Polonia)
centroaletti.com
título “Juntos ... de ningún don carecéis”, se nos invita a no estar quejándonos continuamente de lo que todavía nos falta, como los apóstoles que en la barca comentaban que no tenían pan, olvidándose de los multiplicación de los panes y de lo que el Señor ya les había dado. Así también el autor de la Carta a los Efesios non exhorta a darnos cuenta de los dones que el Señor ha otorgado según su beneplácito para la edificación del único cuerpo de Cristo y para que lleguemos a “la talla de Cristo”. En la misma carta, el autor, poco antes del texto que se nos ha proclamado, nos pide no ahorrar esfuerzos “para consolidar con ataduras de paz la unidad, que es fruto del Espíritu”, ya que 'uno es el Cuerpo, uno es el Espíritu, una es la esperanza, uno es el Señor, una es la fe y uno el bautismo y hay un solo Dios que es Padre de todos'.

Hermanos y hermanas: Hay muchas cosas que ya nos unen y hay mucho que ya podemos hacer por la unidad de la Iglesia y por el mundo al que somos enviados.. En la reciente X Asamblea del Consejo Mundial de Iglesias mucho se habló de nuestro necesario compromiso por la justicia, tanto por la justicia social y económica, como la ecológica y de género Esto ya es algo que podemos y debemos hacer también conjuntamente. Todos nos damos cuenta de los estragos que produce un cierto tipo de laicismo que da la espalda a Dios y no reconoce la dignidad inviolable de todo hombre y mujer. Juntos también estamos llamados a anunciar a este mundo, con la estulticia de la predicación, a aquellos que van detrás de los ídolos, o persiguen una sabiduría mundana o buscan signos prodigiosos, el mensaje de la cruz, sabiduría de Dios y poder de Dios. Así lo decía también el papa Francisco recibiendo una delegación ecuménica de Finlandia el pasado viernes 17 de enero, señalando que en una sociedad secularizada como la nuestra, nuestro testimonio debe centrarse en el núcleo de nuestra fe que todos compartimos, en el “anuncio del amor de Dios que se ha manifestado en Cristo su Hijo”.

Quiero terminar con una breve oración por la unidad de los cristianos compuesta por las Iglesias de Escocia en 1990 y retomada en los materiales para la Semana de la Unidad del año 2010:

Señor, tómanos desde donde estamos actualmente
y condúcenos allá donde Tú quieres que vayamos.
Haz que no seamos solo los encargados de una herencia,
sino las señales vivas de tu reino que viene.

Enciéndenos la pasión por la justicia y la paz entre todos los pueblos.
Llénanos de fe, de esperanza y de amor
que están en el corazón del Evangelio
y háznos UNO en el poder del Espíritu Santo:

Que el mundo crea,
que tu nombre sea santificado en tu Pueblo,
que tu Iglesia pueda reconocerse efectivamente reunida en un único cuerpo.
Nos comprometemos a amarte, servirte y seguirte
no como extranjeros unos de otros, sino como peregrinos. Amén.