Tienen razón los del Movimiento 15-M (‘Democracia Real Ya’, ‘acampados de la Puerta del Sol’) y su inspirador Stéphane Hessel que hay que estar indignados. Y en situaciones como lo actual donde hay un descontento generalizado, basta que alguien empiece a moverse para que nos movamos todos. Esto es lo que está pasando desde este domingo y que tanto preocupa a los partidos políticos tradicionales, empeñados en los últimos días de una campaña electoral que todos percibimos como ‘más de lo mismo’. Sin embargo, lo que verdaderamente debería preocupar los partidos, más allá de la posible repercusión en las elecciones del próximo domingo, es que este movimiento transmite una verdad potencialmente explosiva, que es que nuestra democracia no es una democracia real, sino una ‘partitocracia’ que no representa al pueblo y sus intereses. Esta verdad que todos conocemos pero que nos callamos — porque pensamos que no hay un modelo mejor y que el bipartismo a fin de cuentas, con su alternancia en el poder, no es tan malo y crea un poco de justicia — es lo que se está poniendo en cuestión estos días y que tanto apoyos recibe de la gente común, jóvenes y mayores, de derechas y de izquierda.
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| Stéphane Hessel |
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Ante esto es justo indignarse y rebelarse. Como también ante los medios de comunicación social que, como dice Hessel, ‘proponen a nuestro jóvenes como único horizonte el consumismo de masa, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición permanente de todos contra todos’.
Algunos han comparado lo que está teniendo lugar estos días en España con lo que ha pasado y sigue pasando en países musulmanes del norte de África y de Medio Oriente, donde han surgidos movimientos sociales que han llevado a cambios importantes, aunque siga habiendo mucha incertidumbre acerca del desenlace final. Evidentemente, hay diferencias importantes: el presidente del Gobierno español no puede ser equiparado a los que gobiernan estos países. Sin embargo, sí hay muchas similitudes. Entre ellas, la más importante es que estos movimientos surgen como reacción a una falsa democracia y a la corrupción generalizada. Quizás estemos viviendo un momento histórico de nueva toma de conciencia por parte de la humanidad de los derechos humanos universales.
Otros dicen que aunque este Movimiento en España critique el sistema político en cuanto tal, nace de una mala gestión, sobre todo de la Economía, que ha llevado a cinco millones de parados y a una tasa de paro juvenil que roza el 50%. En Alemania, por ejemplo, con un sistema político similar, se ha abordado mucho mejor la misma crisis y se está saliendo de ella con tasas de crecimiento y de paro muy aceptables, y por eso no ha surgido este tipo de movimiento social anti-sistema. Se afirma, por tanto, que esta protesta realmente no es contra el sistema, sino contra el Gobierno de Zapatero y su forma de gestionar la crisis. De todos modos, el Partido Popular, que defiende esta lectura de los eventos, está preocupado de perder con este Movimiento parte del voto de protesta que iba a sumar en las elecciones del domingo.
Y como cristianos, ¿cómo nos situamos ante todo esto? ¿Qué debemos hacer? Creo que tenemos que superar la dialéctica Partido Popular – Partido Socialista que es reductiva, rebasando así el mito de las ‘dos Españas’, y situarnos en un plano de análisis más elevado que es el verdaderamente fundamental. La lucha verdadera no es entre PP y PSOE, sino entre lo que hace bien al hombre y a su dignidad y lo que no, entre la justicia y el bien y la injustica y el mal, entre los que viven para Dios y los demás y los que viven para sí mismos — parafraseando a san Agustín —, al final entre Dios y el demonio. En el libro del Apocalipsis que la Iglesia lee en estos días de Pascua se habla del dragón y de las bestias a las que da su fuerza. La segunda de ellas sale de la tierra, y engaña a sus habitantes “mediante los signos que se le ha concedido realizar”, y hace que a “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente, de modo que nadie pueda comprar ni vender si no tiene la marca de la bestia” (Ap 12). Estas imágenes de libro del Apocalipsis representan los imperios y las ideologías que oprimen al hombre, que son encarnaciones de la fuerza del mal presente en la historia. ¿Qué duda cabe que hoy el dinero - y la consecuente dictadura de los mercados financieros - se ha vuelto el gran ídolo, el becerro de oro, una de las bestias del texto sagrado, que todos adoran y sirven, empezando por los partidos políticos y los medios de comunicación, y que engaña y oprime a los hombres? Contra esto es ‘justo y necesario’ indignarse y rebelarse, uniéndonos a todos los hombre y mujeres de buena voluntad comprometidos con esta lucha no-violenta.
Con todo, tengo pocas esperanzas que después de las elecciones las cosas cambien. ¿Habrá que resignarse, que junto con la indiferencia es la peor actitud para que algo cambie? ¿Cabe otra posibilidad? ¿Tendremos que esperar a que algo o alguien nos vuelva a mover?


