martes, 19 de abril de 2011

Del ‘hosanna’ al ‘crucifige’

Homilía 17 de abril 2011
Domingo de Ramos en la Pasión del Señor



Santuario de Betfagé
 
                Como los judíos en tiempos de Jesús, así también nosotros podemos vivir los acontecimientos que vamos a celebrar a lo largo de esta Semana Santa de forma distinta, con diferente grado de implicación. De hecho, distinto fue el modo como vivieron los acontecimientos de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, el pueblo en general, los discípulos, el círculo más restringido de los apóstoles, y entre ellos Pedro, Juan, Tomás el incrédulo, Judas; pero también Nicodemo y las mujeres, María Magdalena, y María, su madre. Cada uno de forma distinta, con diferente grado de implicación, participó en esos acontecimientos cruciales de la historia de nuestra salvación.
                También nosotros, cada uno de nosotros, puede vivir de forma distinta esos mismos acontecimientos que se vuelven a hacer presentes para nosotros a lo largo de estos días santos en las celebraciones litúrgicas. Quizás lo más sorprendente y revelador del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor, que así se llama este domingo, es la actitud del pueblo en general, de la multitud. Según el relato de los evangelios, la entrada de Jesús en Jerusalén fue un estallido de alegría mesiánica: el hijo de David, el que viene en nombre del Señor, el Rey esperado, cumpliendo las profecías, camina hacia la Ciudad Santa y como tal es aclamado por el pueblo, por lo menos una parte de él. Después, en la lectura de Pasión, constatamos que ese mismo pueblo, quizás una parte distinta de la anterior, pero la misma multitud anónima, pide que Jesús sea crucificado.
                En muchas circunstancias también nosotros somos ‘pueblo’: nos guiamos y nos dejamos llevar por la mentalidad y la actitud dominante, la que manifiesta la mayoría, a veces sin pensarlo mucho. Y esta mentalidad dominante es creada por los poderosos para sus fines, en nuestra sociedad por los que controlan los medios de comunicación, en los tiempos de Jesús por ‘los sumos sacerdotes y los ancianos’, que convencieron a la gente que pidiera el indulto de Barrabás y la muerte de Jesús, como se nos narra en el en el relato de la Pasión que acabamos de proclamar.
Procesión de Ramos en Jerusalén
Puede que hace unos años era diferente, pero hoy no se puede ser cristiano en nuestra sociedad, si somos ‘pueblo’, si nos dejamos determinar por la mentalidad dominante. Ésta es a-cristiana y a veces anti-cristiana. Ser cristiano hoy sólo es posible si nos implicamos, si nos ponemos manifiestamente de parte de Jesús y su enseñanza, si tomamos una decisión personal clara, que muchas veces es contracorriente y difícil. Vivir y pensar a partir de lo que los demás dicen y hacen, del ‘se dice’, ‘se piensa’, ‘se debe’ — la tiranía del ‘se’, como algunos la han llamado — no nos ayuda a ser cristianos y muchas veces nos lleva a rechazar la cruz que el mundo no comprende y que en estos días confesamos como camino de salvación.
Pero esto es fácil. No ser ‘masa’, multitud anónima’, cuesta esfuerzo e implica muchas veces ser perseguidos. Es lo que experimentaron aquellos que se mantuvieron al lado de Jesús en los momentos más terribles. María su madre, el apóstol Juan, las mujeres, José de Arimatea que dio la cara para obtener de Pilato el cuerpo de Señor para enterrarlo. Otros, en cambio, no resistieron la presión y lo abandonaron, como casi todos los apóstoles; Pedro fingió no conocerle, Judas lo traicionó; la mayoría se dejaba llevar por los demás, según iban los tiros así decidía.
Si nosotros, en cambio, permanecemos del lado del Señor, y con Él, siguiendo su ejemplo, llevamos ‘una vida sumisa a la voluntad de Dios’ como hemos rezado en la oración colecta de esta Eucaristía, y esto en contra de la opinión de la mayoría, también de gente cercana o poderosa, y perseveramos hasta el final, experimentaremos ya en esta vida algo de la victoria de Jesús, de su resurrección, que es anuncio y anticipo de la resurrección final.

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