viernes, 20 de mayo de 2011

Indignarnos y rebelarnos. Sí.

Tienen razón los del Movimiento 15-M (‘Democracia Real Ya’, ‘acampados de la Puerta del Sol’) y su inspirador Stéphane Hessel que hay que estar indignados. Y en situaciones como lo actual donde hay un descontento generalizado, basta que alguien empiece a moverse para que nos movamos todos. Esto es lo que está pasando desde este domingo y que tanto preocupa a los partidos políticos tradicionales, empeñados en los últimos días de una campaña electoral que todos percibimos como ‘más de lo mismo’. Sin embargo, lo que verdaderamente debería preocupar los partidos, más allá de la posible repercusión en las elecciones del próximo domingo, es que este movimiento transmite una verdad potencialmente explosiva, que es que nuestra democracia no es una democracia real, sino una ‘partitocracia’ que no representa al pueblo y sus intereses. Esta verdad que todos conocemos pero que nos callamos — porque pensamos que no hay un modelo mejor y que el bipartismo a fin de cuentas, con su alternancia en el poder, no es tan malo y crea un poco de justicia — es lo que se está poniendo en cuestión estos días y que tanto apoyos recibe de la gente común, jóvenes y mayores, de derechas y de izquierda.

             Pero los partidos políticos siguen con su campaña y con la mirada miope puesta en los resultados del domingo, como la orquesta del Titanic seguía tocando su música mientras el barco se hundía, fingiendo que no pasaba nada. Eso sí, algunos de ellos piensan que los votos en blanco o la abstención pueden hacerles un flaco favor, y los otros, escarmentados por la experiencia, temen que este movimiento pueda estar pilotado para reventar las elecciones o ser instrumentalizado para ello, ya que las encuestas les daban como claros ganadores. Finalmente, algunos partidos minoritarios, cuyas posiciones en el ámbito económico son similares a las del Movimiento 15-M, quieren llevar de forma interesada el agua a su molino...

Stéphane Hessel
             Desde mi punto de vista es fundamental aclarar qué es lo que nos indigna. Stéphane Hessel, en su libro, afirma que lo importante es huir de la indiferencia, ‘la peor de las actitudes’, e indignarnos, ya que esto nos lleva a la acción, pero no aclara mucho el motivo para hacerlo. Sí sugiere algunos, como la brecha entre ricos y pobres, la situación de Palestina y la pérdida de los derechos sociales conquistados por la Resistencia en Francia. En línea con esto, creo que nosotros los españoles — por lo menos yo, como uno de ellos — tenemos dos serios motivos para estarlo. El primero es que nuestra democracia no es real, se ha vuelto una ‘partitocracia’, en la que los partidos políticos han usurpado el poder a los ciudadanos. Nosotros podemos optar pero no decidir y las opciones son muy limitadas; de hecho, son al final lo mismo, el mismo plato con distinto condimento. El segundo motivo, para mí más importante, es que tenemos que sentirnos indignados y rebelarnos contra la dictadura de los mercados financieros, que son lo que verdaderamente mandan, estando los partidos y los medios de comunicación plenamente a su servicio. Con la excusa que no hay dinero, aunque sí lo hay y más que nunca pero acumulado en pocas manos, se recortan derechos sociales como las pensiones, las vacaciones, las estabilidad laboral, etc., para pagar los excesos de algunos, que son los causantes de la crisis, que siguen con sus mismos privilegios y que permanecen en los mismos puestos de mando. Y todo esto con el beneplácito de los partidos, tanto de derecha como de izquierda, que han legislado la desregulación de los mercados que ha llevado a la crisis y ahora permiten que los de siempre paguen los platos rotos.

Casa del Libro
Ante esto es justo indignarse y rebelarse. Como también ante los medios de comunicación social que, como dice Hessel, ‘proponen a nuestro jóvenes como único horizonte el consumismo de masa, el desprecio de los más débiles y de la cultura, la amnesia generalizada y la competición permanente de todos contra todos’.

Algunos han comparado lo que está teniendo lugar estos días en España con lo que ha pasado y sigue pasando en países musulmanes del norte de África y de Medio Oriente, donde han surgidos movimientos sociales que han llevado a cambios importantes, aunque siga habiendo mucha incertidumbre acerca del desenlace final. Evidentemente, hay diferencias importantes: el presidente del Gobierno español no puede ser equiparado a los que gobiernan estos países. Sin embargo, sí hay muchas similitudes. Entre ellas, la más importante es que estos movimientos surgen como reacción a una falsa democracia y a la corrupción generalizada. Quizás estemos viviendo un momento histórico de nueva toma de conciencia por parte de la humanidad de los derechos humanos universales.


Otros dicen que aunque este Movimiento en España critique el sistema político en cuanto tal, nace de una mala gestión, sobre todo de la Economía, que ha llevado a cinco millones de parados y a una tasa de paro juvenil que roza el 50%. En Alemania, por ejemplo, con un sistema político similar, se ha abordado mucho mejor la misma crisis y se está saliendo de ella con tasas de crecimiento y de paro muy aceptables, y por eso no ha surgido este tipo de movimiento social anti-sistema. Se afirma, por tanto, que esta protesta realmente no es contra el sistema, sino contra el Gobierno de Zapatero y su forma de gestionar la crisis. De todos modos, el Partido Popular, que defiende esta lectura de los eventos, está preocupado de perder con este Movimiento parte del voto de protesta que iba a sumar en las elecciones del domingo.

Y como cristianos, ¿cómo nos situamos ante todo esto? ¿Qué debemos hacer? Creo que tenemos que superar la dialéctica Partido Popular – Partido Socialista que es reductiva, rebasando así el mito de las ‘dos Españas’, y situarnos en un plano de análisis más elevado que es el verdaderamente fundamental. La lucha verdadera no es entre PP y PSOE, sino entre lo que hace bien al hombre y a su dignidad y lo que no, entre la justicia y el bien y la injustica y el mal, entre los que viven para Dios y los demás y los que viven para sí mismos — parafraseando a san Agustín —, al final entre Dios y el demonio. En el libro del Apocalipsis que la Iglesia lee en estos días de Pascua se habla del dragón y de las bestias a las que da su fuerza. La segunda de ellas sale de la tierra, y engaña a sus habitantes “mediante los signos que se le ha concedido realizar”, y hace que a “todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les ponga una marca en la mano derecha o en la frente, de modo que nadie pueda comprar ni vender si no tiene la marca de la bestia” (Ap 12). Estas imágenes de libro del Apocalipsis representan los imperios y las ideologías que oprimen al hombre, que son encarnaciones de la fuerza del mal presente en la historia. ¿Qué duda cabe que hoy el dinero - y la consecuente dictadura de los mercados financieros -  se ha vuelto el gran ídolo, el becerro de oro, una de las bestias del texto sagrado, que todos adoran y sirven, empezando por los partidos políticos y los medios de comunicación, y que engaña y oprime a los hombres? Contra esto es ‘justo y necesario’ indignarse y rebelarse, uniéndonos a todos los hombre y mujeres de buena voluntad comprometidos con esta lucha no-violenta.

Con todo, tengo pocas esperanzas que después de las elecciones las cosas cambien. ¿Habrá que resignarse, que junto con la indiferencia es la peor actitud para que algo cambie? ¿Cabe otra posibilidad? ¿Tendremos que esperar a que algo o alguien nos vuelva a mover?

2 comentarios:

  1. Hay un camino muy claro para después del domingo: conversión.
    Pero habría que tener bien claro qué significa y qué implica porque quizás no nos interesa y de indignados pasamos a un "¡de perdidos al río!". En Ap 12 habla del río que surge de la tierra que viene en ayuda de la Mujer en su lucha con el dragón. Quizás esto que se mueve es que el río "agua lleva". Pero en la lucha contra titanes, contra imperios e ideologías...cuando la mayoría del planeta no tiene nada... quizás sólo queda un camino: conversión.
    Mira Juan Bautista, antes de la venida del Señor: comiendo lo que encontraba por ahí y vestido con lo mínimo. Míranos a nosotros hoy en día, antes de la segunda venida ¿encontrará Fe cuando vuelva?
    Mira lo que dicen las apariciones marianas reconocidas: Conversión, Oración, Ayuno y penitencia.
    ¿qué hay de todo esto en nuestras vidas?
    ¿lo adapatamos a nuestros tiempos o dejamos que el Fuego de Pentecostés nos abraser como a los cristianos que morían entre leones?
    Si no somos del mundo, no somos del mundo. Pero a lo tibio el Señor los vomita de su boca (ap 1 o 2)
    Como sacerdote de Cristo y pastor de un rebaño ¿hay algo más urgente que los mandatos del Señor ? "Sed santos" "creed en Dios" "creed en mi" "seguidme" "venid" "no peques más" "aléjate de mi porque piensas como los hombres" "convertios y creed en el evangelio"....

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  2. Yo, más que indignada me considero "INDIGNÁ".
    Me hubiera sumado a la concentración de SOL o de la plaza de mi pueblo, pero despues de oir a dos de los "lideres", algún que otro insulto coreado, silencios selectivos y ciertas actitudes, llegué a la conclusión de que se pretendía revivir el Mayo francés del 68, totelmente descafeinado y cutre, tipo "movida"; así pues mi indignación va por otros derroteros, más en la línea que D. Manuel y Stéfhane Hessel tan claramente exponene. Esos sí son motivos para estar "indignaos".
    Como ha dicho el Papa muy claramente, el fracaso actual de la sociedad, no es solamente económico es de valores, y esta falta de valores, provocan las crisis que derivan de actitudes políticas corruptas, de desmedida ambición por enriquecerse lo más pronto posible, por haber eliminado de las transacciones económicas los catalizadores morales que provocan estafas masivas; políticos sin escrúpulos que no titubean en provocar con sus interesadas decisiones la ruina de pueblos enteros que no tienen pocas opciones para luchar contra el sistema; ahora bién, he dicho "pocas opciones" no "ninguna".
    Como católica, doy por sentado que orar, ayunar y hacer penitencia ¿más?, son acciones muy loables y necesarias, pero insuficientes, si queremos que las cosas que ocrurren dejen de indignarno.
    Y, como católica, precisamente para promover que se retomen las virtudes, la ética cristiana, los valores que Jesucristo nos ha mostrado y demostrado, etc.etc. tenemos que mostrarnos a la sociedad como ejemplo de estos valores, "infiltrarnos" en todos los estamentos sociales, orgullosos, si prejuicios ni complejos y predicar con el ejemplo ,con la palabra; nuestras propuestas, rivindicaciones; nuestra fe, nuestros desacuerdos y exigir a los políticos lo que creemos justo y necesario, y ejercer nosotros, también, en la política para encauzar desde nuestros criterios y creencia el bién común, para evitar que se siga produciendo esta degradación moral colectiva que tanto mal está haciendo a la humanidad.
    Seamos valientes, responsables y transmitamos los valores que Jesucristo nos enseña; demos al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios,y no todo al César y nada a Dios, que es dónde hemos llegado.

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