martes, 31 de mayo de 2011

La confirmación, un sacramento importante

Homilía 29 de mayo 2011

VI Domingo de Pascua (ciclo A)


                El mes de mayo es el mes de María y en las parroquias es también el mes en el que se celebran las primeras comuniones y muchas bodas y bautizos. También se suelen celebrar en mayo las ordenaciones sacerdotales y la unción comunitaria de los enfermos. Es muy apropiado que en el mes de la Virgen, bajo su protección maternal, en primavera, con el reflorecer de la naturaleza y en el tiempo de Pascua en el que hacemos memoria de la  resurrección de Jesús, se celebren los sacramentos de la Iglesia. Como hemos aprendido en el catecismo, los sacramentos son ‘signos eficaces de la gracia instituidos por Cristo’; a través de ellos, se nos da la salvación, la participación en la vida de Jesús, nos vamos configurando cada vez más a Él. La salvación que ha obtenido Jesús para todos nosotros, la reconciliación con Dios y la nueva vida que se nos ofrece gratuitamente, se nos pone al alcance de la mano, llega a nosotros, a través de los sacramentos. Por eso son tan importantes y es lo que nos distingue de otras confesiones cristianas.

Van der Weyden - Retablo de los siete sacramentos
                Sin embargo, los sacerdotes también constatamos que muchos fieles no valoran suficientemente estos regalos de Dios o no los valoran todos por igual. Así, mientras justamente dan mucha importancia a la comunión, suelen dar menos a la confesión, la unción de los enfermos y la confirmación. De hecho, en Madrid, donde a diferencia de otras diócesis esto está permitido, muchos de los novios que se casan no están confirmados y a veces muchos que quieren ejercer como padrinos en el bautismo de familiares no pueden por no haber recibido este sacramento que completa la iniciación cristiana. De la confirmación nos hablan las lecturas de hoy y esto nos puede ayudar a comprender a la luz de la Palabra de Dios su importancia en la vida cristiana.

                En la primera lectura se nos narra como a causa de la persecución que tuvo lugar después del martirio de san Esteban, los cristianos helenistas que residían en Jerusalén, entre ellos Felipe, se dispersaron, y aprovecharon esta circunstancia para anunciar la ‘Buena Nueva de Jesús’ en los lugares donde iban. Felipe predicó con fruto en Samaria y los que se convirtieron recibieron el bautismo ‘en el nombre del Señor Jesús’. Al enterarse de ello los apóstoles que habían permanecido en Jerusalén, ‘bajan’ Juan y Pedro a Samaria, rezan sobre los que habían sido bautizados, imponen sus manos y éstos reciben el Espíritu Santo. Tenemos aquí los elementos esenciales del sacramento de la confirmación como se han mantenido hasta hoy: la imposición de manos de parte de los apóstoles y el don del Espíritu Santo a los que ya han sido bautizados. Interpretando este relato del Libro de los Hechos de los Apóstoles, diríamos que Pedro y Juan van a Samaria para dar el sacramento de la confirmación a los que ya habían recibido el bautismo.

                Del ‘Espíritu de la verdad’ que se recibe en la confirmación nos habla también el evangelio que hemos proclamado, tomado del discurso de despedida de Jesús en la Última Cena. El Señor dice que pedirá al Padre que mande otro defensor, que esté siempre con los discípulos cuando Él se vaya. Éste es el modo de no dejarnos huérfanos: darnos el paráclito, el consolador, que es su presencia permanente de amor entre nosotros y dentro de nosotros. Es el Espíritu que hace que permanezcamos unidos al Señor, entendamos y vivamos su mensaje y podamos ser sus testigos.

Detalle del retablo
El testimonio cristiano es el tema de la segunda lectura de hoy de la primera carta del apóstol Pedro. Se exhorta a los cristianos a que estén preparados para dar razón de su esperanza a quien la pidiere. Hay que darla con firmeza, pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que la forma no contradiga el contenido, sino todo lo contrario, para que los que denigran nuestra conducta en Cristo queden ellos mismos confundidos. Este testimonio se da con la palabra y el ejemplo de vida, padeciendo haciendo el bien, como hizo Jesús. El catecismo nos dice que la confirmación nos habilita para ser testigos de Cristo, ‘soldados’ de Cristo se decía antes. Por eso es tan importante recibir este sacramento.

En este mes de mayo, celebrando la Pascua del Señor que se actualiza para nosotros en los sacramentos de la Iglesia, cuidados por el amor maternal de María, madre de la Iglesia y madre nuestra, vamos a pedir al Señor que nos mande su Espíritu, el Espíritu consolador, el Espíritu de la verdad, para que podamos vivir unidos al Señor y ser testigos valientes de Él. ¡Qué sepamos valorar y agradecer estos grandes regalos de Dios que son los sacramentos y que son el fundamento de nuestra vida cristiana! ¡Qué recibamos todos la confirmación y animemos a quien aún no la ha recibido!

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