sábado, 9 de julio de 2011

El momento de la gracia. Caravaggio, la vocación de San Mateo y el arrepentimiento

Reflexiones teológicas a partir de algunas obras de Caravaggio (2)

Alrededor de 1595, cuando la fortuna le empezó a sonreír y se había instalado en casa del prelado Pandolfo Pucci en Roma, Caravaggio pinta el Muchacho mordido por un lagarto, en el que representa a un joven en el preciso momento de ser mordido por el animal. La expresión del rostro del muchacho y la tensión al retraer por reflejo la mano, vehiculan magistralmente al espectador, es decir, a nosotros que miramos la obra y hemos experimentados cosas análogas, ese instante de intenso y súbito dolor. Pero la cara del joven refleja también cierta ambigüedad, cierta sensualidad, que es reforzada por la flor en su oreja y el hombro descubierto. Algunos críticos dicen que el modelo que utilizó Caravaggio para pintar este lienzo proviene del ambiente de la prostitución de Roma, como en el caso de otras obras del artista,  y que quizás el cuadro no sólo quiere representar el dolor de una mordedura de animal, sino de forma alegórica algo más profundo, como es esa unión misteriosa y simultánea entre el dolor y el placer en el amor pasional y la sexualidad. De todas formas, la gran novedad de esta obra, la verdadera innovación, una auténtica revolución en la pintura, es haber introducido la instantánea.
Y una ‘instantánea’ es también la obra de la que nos queremos ocupar, La Vocación de San Mateo, pintada entre 1599 y 1600, que se encuentra en la capilla Contarelli de la iglesia de San Luis de los Franceses de Roma. Esta capilla está en la nave lateral izquierda de la iglesia y recibe su nombre del cardenal Mathieu Contreil (Matteo Contarelli, en italiano), que la compró y que quería dedicar a su patrono, San Mateo, apóstol y evangelista. El cardenal francés murió en 1585, veinte años después de comprar la capilla y quince antes de que Caravaggio pintara los lienzos. Había dejado a su albacea instrucciones precisas para su decoración: quería para encima del altar una representación de san Mateo escribiendo su evangelio; otra, en la pared a la derecha del altar, del apóstol sentado en una mesa recaudando impuestos que se levanta cuando Jesús pasa y lo llama al apostolado, y en la pared de enfrente su martirio mientras celebra misa. Después de varias vicisitudes, después de que el artista al que en un principio se había encargado la obra no la hiciera y diera de largas, después de que el mismo albacea del cardenal muriera, ya con la cercanía del año santo de 1600 y con las disputas y celos entre los franceses y españoles residentes en la Ciudad Eterna, y por la intervención del cardenal del Monte y otros protectores del artista, el encargo finalmente recayó en Caravaggio que firmó el contrato para su ejecución el 23 de julio de 1599. Era el primer gran encargo que recibía el artista y toda Roma iba a poder admirar su pintura. Caravaggio era consciente de ello. Terminó las obras con algunos meses de retraso respecto a lo estipulado, colgando primero el martirio de san Mateo y poco después la vocación del apóstol. El artista había empezado pintando el martirio, pero interrumpió este trabajo para pintar la vocación y después de terminado éste volvió para acabar el primero que retocó varias veces como muestra el estudio del lienzo con rayos X. Como era der esperar, estas obras causaron mucha sensación en Roma cuando fueron colgadas en la capilla y como iba a ser una constante con otros lienzos de Caravaggio, dieron lugar a una enconada división entre admiradores y detractores del pintor. De todos modos, a causa de estos lienzos, Caravaggio se volvió un pintor famoso y conocido y podía aspirar a otros importantes encargos. Sin embargo, lo que iba a causarle problemas y forzarlo a huir de Roma era su vida disoluta y violenta con frecuentes peleas y acusaciones de asesinato.
El lienzo representa el momento de la vocación de San Mateo. Es una ‘instantánea’ parecida a la del Muchacho mordido por el lagarto y con la misma intensidad de ésta. Pero aquí la obra quiere situar al espectador ante ese momento del paso de la gracia, ese kairós salvífico en el que el Señor pasa y llama a ser sus discípulos. De la mordedura de un lagarto todos tenemos experiencias análogas que nos hacen entender bien la obra, facilitan que nos identifiquemos con el protagonista y que surjan emociones. En cambio, de la vocación cristiana parecería en un principio que la mayoría de nosotros no tenemos una experiencia comparable a la de san Mateo. Sin embargo, esto no es verdad. La vocación cristiana es universal, todos somos llamados, aunque esta llamada muchas veces pase desapercibida o sea ignorada, a sabiendas o no. Es esto lo que logra representar Caravaggio en este lienzo y en lo que radica la genialidad teológica de esta obra de arte. Es lo que hace que sea actual también para nosotros hoy y que nos interpele al contemplarla.
Los recursos que utiliza el pintor para conseguir esto son los que hacen de él un grande de la pintura de todos los tiempos. En primer lugar el uso magistral de la luz para guiar la mirada del espectador; luz que viene de la parte superior derecha del lienzo y no de la ventana como cabría esperar. Como en otras obras religiosas de Caravaggio, la luz representa la gracia que vence las tinieblas. Ella proviene de la espalda de Cristo e ilumina de forma diferente los rostros de los personajes. En segundo lugar, tiene el pintor la osadía de situar la escena bíblica en un contexto contemporáneo a él, como podía ser el ambiente de una taberna que él conocía bien. Dos cuadros anteriores del pintor, Partida de carta y La buenaventura parecen servir de material para esta nueva obra y ser evocados por ella. Por otro lado, Enrique IV, rey de Francia, se había convertido poco antes a la fe católica, y este acontecimiento tan importante para Europa lo era más aún para los franceses residentes en Roma que tenían como su lugar de culto la Iglesia de San Luis de los Franceses, su Iglesia nacional. Seguramente estaba presente en la mente del artista este hecho al pintar el cuadro de la vocación de san Mateo para esta iglesia romana.
Los personajes con distintas edades, sentados alrededor de una mesa y vestidos con ropajes de la época de Caravaggio muestras actitudes distintas. Uno está reclinado sobre las monedas, ajeno al paso de Jesús y san Pedro, demasiado preocupado con el dinero para mirar hacia arriba; quizás una representación del joven rico del evangelio incapaz de renunciar a sus riquezas para seguir al Maestro. Otro de más edad lleva gafas, y aunque iluminado por la gracia, sigue mirando las monedas, ciego para ver y acoger el paso de la salvación por su vida. Los dos más jóvenes, miran hacia la luz, hacia Jesús y Pedro, uno acercándose con curiosidad y el otro retirándose sorprendido. Mateo, el Leví recaudador, con una moneda metida en el ala de su sombrero, pregunta si es a él al que se dirige el Señor. Jesús, apunta con el dedo hacia el futuro apóstol, en un gesto que recuerda la representación de la creación de hombre de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, y con los pies se dirige ya hacia la salida. Más que el dedo de Adán, con la idea de Cristo como segundo Adán, yo diría que es el dedo creador de Dios, ya que la vocación es como una nueva creación: el Leví recaudador de impuestos pasa a ser Mateo, apóstol y evangelista. La figura de Pedro, que cubre casi totalmente a Cristo y que está vestido de forma distinta de las demás figuras, con los pies descalzos, fue añadida después por el pintor, como muestran los estudios con rayos X del lienzo. Su forma de vestir de peregrino puede indicar su pobreza, y ya sabemos que Caravaggio era por lo menos simpatizante del movimiento de su época que reclamaba una Iglesia más pobre y parecida a la apostólica. Pero puede también indicar su atemporalidad respecto a la escena contemporánea, sugiriendo que la llamada es permanente, para todos los tiempos. Pedro representa a la Iglesia que media entre el Señor y los hombres y que repite el mismo gesto de Jesús. El añadido de la figura del Príncipe de los Apóstoles en una fase tardía de la realización de la obra, como también la riqueza gestual del lienzo que evoca los signos sacramentales, no sorprende en el contexto de la Contrarreforma y del Jubileo del año 1600 que quería ser una apoteosis de la Iglesia Católica y del papado.
La narración de la vocación de Mateo está presente de forma casi idéntica en los tres evangelios sinópticos, con la diferencia que en Marcos y Lucas se llama al recaudador de impuestos Leví. La versión del evangelio de san Mateo, es decir de la misma persona que según la tradición fue el que llamó Jesús a que le siguiera es la siguiente:
“Al pasar vio Jesús a un hombre llamado Mateo, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: ‘Sígueme’. Él se levantó y lo siguió.” (Mt 9, 9).
Sorprende y emociona constatar como Caravaggio haya logrado en este lienzo comentar y actualizar para nosotros que contemplamos su obra un texto tan escueto pero tan importante del evangelio. Jesús pasa por nuestra vida, se hace presente en lo más ordinario y a veces sucio de nuestra existencia, trae su luz y nos ilumina, e independientemente de nuestro pasado nos llama a seguirle. Sin embargo, puede que no nos demos cuenta de esta luz y que perdamos el momento en que la gracia pasa por nuestra vida.

Y todo esto nos lleva casi espontáneamente a pensar en un tema muy importante para nuestra felicidad y que tiene que ver con ese sentimiento que surge por las ocasiones perdidas en nuestra vida, por aquellas veces que por miedo o soberbia no hemos seguido un camino que se abría delante de nosotros y que hoy pensamos que hubiese sido lo que teníamos que haber hecho, lo nuestro, lo que Dios quería, lo que nos hubiese hecho feliz. Pudo ser una oportunidad de un trabajo distinto, de una nueva relación, de un amor, pero también de una vocación religiosa, de una llamada sentida en lo profundo a ser sacerdote o a consagrar nuestra vida por el Reino de Dios.
Es curioso que en castellano no distingamos entre este sentimiento y otro parecido, pero que se refiere a una situación casi opuesta, es decir, a cuando hemos hecho algo que  lamentamos haber hecho. Para los dos tipos de situaciones y sentimientos usamos en castellano las palabras ‘arrepentimiento’, ‘remordimiento’, ‘pesar’..., sin diferenciar entre ellas, mientras que en otras lenguas, sí se hace, por ejemplo en italiano se utilizan respectivamente ‘rimpianto’ y ‘rimorso’, y con menos claridad en ingles ‘regret’ y ‘remorse’.
Maud Muller, mira hacia el pasado,
laméntando lo que no hizo
y pensando en lo que pudo ser
¿Qué hacemos cuando surge en nosotros este sentimiento de arrepentimiento por algo que pudo ser y no fue? Este sentimiento puede ser desgarrador, puede volver una y otra vez, mantenernos prisioneros del pasado. Surge normalmente con más fuerza cuando menos contentos estamos con nuestro presente. O cuando tenemos envidia por otros que sí han seguido ese camino y aparentemente son más felices que nosotros... Para superar este sentimiento tan negativo, para vencerlo y que no nos domine, necesitamos encontrar una respuesta cognitiva, un pensamiento con el que podernos enfrentar al mensaje que este sentimiento trasmite, y que es que somos unos fracasados, que hemos perdido la oportunidad que se nos ha dado, que este tren pasa solo una vez en la vida y que no volveremos a tener una oportunidad semejante, que ya no vale la pena nada que hagamos... No parece suficiente aprender a convivir con este sentimiento, necesitamos alguna respuesta a lo que nos dice y nos machaca.
Delante de esta obra de Caravaggio, mirando a san Mateo que responde a la llamada del Maestro y al joven que se queda curvado sobre las monedas, nos surgen estos pensamientos. Y quizás en este mismo lienzo, por ser una gran obra de arte, encontramos también alguna pista para buscar una respuesta a este sentimiento tan desagradable que con frecuencia nos asalta. Pero antes de darla, sería bueno que los lectores de este blog opinaran y digan si tienen este tipo de arrepentimiento y cómo se enfrenan a él.

(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro Si conocieras el don de Dios y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial) 

1 comentario:

  1. Don Manuel le felicito por este post, por esa forma de enseñarnos a través del arte. Yo tengo una entrada sobre La Vocación de San Mateo y el uso de la luz:
    http://lienzosybovedas.blogspot.com.es/2012/04/en-los-tres-siguientes-post-voy.html

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