sábado, 3 de septiembre de 2011

La JMJ: fiesta del orgullo católico


vidanueva.es

La Jornada Mundial de la Juventud de Madrid (JMJ Madrid 2011) ha sido un gran éxito en todos los sentidos, un gran momento de gracia para toda la Iglesia, y esto a pesar de algunos fallos organizativos que también es de justicia reconocer para poder disculparse por ellos ante los que tanto esfuerzo e ilusión han puesto por estar presente en la Jornada. Desaciertos organizativos que van desde la falta de traducción a otras lenguas en los actos o a una traducción totalmente deficiente, a alojamientos de acogida no adecuados, con falta de aseos y duchas, a falta de agua, de pantallas, de amplificación de sonido en el aeródromo de Cuatro Vientos con mucha gente que no pudo llegar al lugar que tenían asignado o que no pudo entrar, hasta lo que fue más grave de todo, la no distribución de la comunión en la misa de clausura, para lo que no se dio una justificación razonable — más allá del respeto por el Santísimo Sacramento, del ‘viento huracanado’ que voló las tiendas, del ofrecer el sacrificio por el Papa y de realizar una ‘comunión espiritual’, que muchos jóvenes no sabían en qué consistía. Estos fallos son difíciles de justificar, ya que ni la complejidad del evento, ni el desbordamiento de las previsiones de asistencia, ni el que muchos se apuntaran a última hora, ni las inclemencias del tiempo — el calor y las tormentas no son fenómenos raros del agosto madrileño — son excusas adecuadas. Una peregrina me decía simpáticamente que en Cuatro Vientos experimentó en pocas horas lo que se narra en el libro del Génesis y del Éxodo: el desierto, las tiendas arrancadas por el viento, el diluvio, la torre de Babel, los truenos y relámpagos, pero sin poder llegar a la Tierra prometida porque al final no pudo comulgar. Puede que en esto la organización haya pecado algo de orgullo, no dejándose asesorar por los organizadores de Jornadas anteriores para aprender de su experiencia y errores. Es un orgullo que parece darse en la Iglesia con una cierta frecuencia en la organización este tipo de eventos que hace que muchos errores se sigan repitiendo una Jornada tras otra. Creo que lo correcto respecto a estos desaciertos es pedir perdón a los que los padecieron, más que callarlos.
Antonio María Rouco Varela
Cardenal - Arzobispo de Madrid
Sin embargo, como decía, a pesar de estos fallos, la JMJ Madrid 2011 ha sido un gran éxito. Un éxito para toda la Iglesia, pero un éxito también personal del cardenal-arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, que apostó fuertemente por ella venciendo las resistencias de muchos. Él ya había sido responsable de la de 1989 en Santiago de Compostela, y experimentó lo significativo que es este evento para una Iglesia particular y para el obispo que la acoge. Ahora, al cumplir los 75 años, momento en que los obispos presentan su carta de dimisión al Papa, y cumpliéndolos el 20 de agosto dentro de la misma Jornada y acompañado por el Santo Padre, ‘movió Roma con Santiago’ para poder celebrarla en Madrid. Su coraje, perseverancia y buen hacer han sido justamente premiados y muchos de los que dudaban de la oportunidad y utilidad de celebrar esta Jornada en Madrid han tenido que reconsiderar su postura a la luz de los hechos. Es destacable por ejemplo, como varios sacerdotes de Madrid que eran algo contrarios a este acontecimiento y no habían puesto mucho entusiasmo en los preparativos, ahora hablan maravillas de él y del testimonio que han recibido de los jóvenes.

Confesión en el parque del Retiro

Hay muchos factores que han contribuido a que la JMJ Madrid 2011 haya sido un éxito, factores que están presentes también en las otras Jornadas. El primero de todos, como expliqué en otro artículo citando a Dietrich Bonhoeffer, es esa gracia especial que se vive cuando los cristianos como tales se reúnen; cuando esto tiene lugar con autenticidad es siempre fuente de una alegría espiritual especial que supera con creces las alegrías que puede dar el mundo. El espíritu cristiano también ayuda a vivir sin quejarse y superándolas las muchas contrariedades y dificultades de estos eventos de masa: hacinamiento, largas colas, medios de transporte desbordados, interminables caminatas... El soportar todo esto templa el espíritu y la generosidad y refuerza la fraternidad. Lo momentos de oración intensa en medio del ajetreo también agrandan el corazón y lo hacen más capaz de ensimismarse en Dios y dar testimonio de la primacía del Señor sobre todo lo demás. Detrás de todo esto y gracias también a su intercesión, está el Beato Juan Pablo II que, como dijo Benedicto XVI en la rueda de prensa en el avión en vuelo hacia Madrid, “fue realmente una inspiración la que recibió (...) cuando creó esta realidad de un gran encuentro de los jóvenes del mundo con el Señor”.
Vista áerea del Aeródromo de Cuatro Vientos
Al leer los distintos artículos que se han publicado sobre la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid, lo que sale a la luz son más los prejuicios y pre-comprensiones de los articulistas en cuestión que la realidad de la JMJ. El hecho de que cientos de miles de jóvenes, de distintas partes del mundo, con mucho sacrificio, aguantando un calor sofocante, y pagando de su bolsillo el viaje, se reúnan entre tantas calamidades sin quejarse y escuchen con atención y devoción a una persona mayor sin aparentemente mucho carisma y con un mensaje según muchos anticuado, es difícil de explicar con criterios mundanos. Para los que piensan que el hombre se mueve sólo por dinero, por el prestigio social, por el placer inmediato, explicar la conducta de estos jóvenes se vuelve casi imposible. Algunos apelan al deseo de tener vacaciones distintas conociendo a gente y durmiendo lejos de los padres, otros a motivos más inconscientes o sociales como la presión de grupo, y otros llegan incluso más lejos para decir que la religión ante el fracaso de la cultura actual, demasiado superficial y fragmentada, se vuelve un refugio necesario para la mayoría ante las grandes inquietudes de la vida (Vargas Llosa). Ninguna de estas explicaciones llega a convencer del todo.
Eucaristía de peregrinos italianos en un centro de acogida
De ahí el gran efecto de testimonio ante el mundo que tienen las Jornadas Mundiales de la Juventud. Son un signo que apunta hacia una dimensión trascedente, que al final es la única realmente capaz de explicar y dar sentido a este acontecimiento. Junto a esto, las Jornadas contradicen con la fuerza de la evidencia que dan dos millones de jóvenes ‘acampados’, el mensaje laicista que la Iglesia está en declive y que el catolicismo es cosa de viejos.
Esto explica también las fuertes reacciones en contra que se han dado en ciertos sectores de la sociedad, en algunos casos bastante violentas. Como dijo el Papa Benedicto XVI en la Misa con los seminaristas, “puede que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia”. Y, diciéndolo todo, ante estos ataques groseros de unas minorías, las autoridades civiles no hicieron lo necesario y oportuno para atajarlos. Esto ha llevado a que muchos españoles — no sólo creyentes, sino también laicos ‘sanos’ — se avergonzaran de la imagen que algunos estaban dando de España a los jóvenes venidos de otras partes del mundo. Y aunque estos ataques e insultos eran obra de pocos energúmenos ignorantes e intolerantes, la historia enseña que no hay que minimizarlos.
Vigilia de Oración - Aeródromo de Cuatro Vientos
Desde dentro, los católicos que hemos participado en esta Jornada Mundial de la Juventud de Madrid, hemos tenido experiencias distintas, según la perspectiva desde la que las hemos vivido, aunque creo que todas ellas muy enriquecedoras. Diferente, de hecho, ha sido la experiencia de los organizadores, de los obispos, de los voluntarios y de los peregrinos. Distinta también ha sido la experiencia que hemos hecho los que nos hemos encargado de acoger a los peregrinos que venían. Así la he vivido yo, como párroco de una parroquia que ha acogido en su territorio cerca de 3000 jóvenes. 250 de ellos los había invitado yo personalmente; venían de un parroquia romana donde estuve de vicario parroquial y de la diócesis de Cagliari a cuyo frente está un obispo amigo, ex-rector del Seminario de Roma. Fueron alojados en un colegio privado que generosamente había cedido sus espacios. Los otros los colocó la organización en colegios públicos del territorio parroquial, en situaciones muchas veces no aptas, con instalaciones deficientes y con pocos voluntarios parroquiales para atender sus necesidades y que estaban desbordados. Los primeros en comparación con éstos sentían que estaban en un hotel de cinco estrellas. Esto me llevó a tener que hacer el trabajo de Marta y no el de María, debiendo ocuparme de la intendencia y no pudiendo asistir a la mayoría de los actos. Sí fui a una catequesis de los obispos de Milán y a la Vigilia y Eucaristía de Cuatro Vientos, quedándome a dormir allí la por la noche. Haciendo de Marta, experimenté lo que Benedicto XVI dijo con mucho acierto en su encuentro con los voluntarios: “Muchos de vosotros habéis debido renunciar a participar de un modo directo en los actos, al tener que ocuparos de otras tareas de la organización. Sin embargo, esa renuncia ha sido un modo hermoso y evangélico de participar en la Jornada: el de la entrega a los demás de la que habla Jesús. En cierto sentido, habéis hecho realidad las palabras del Señor: «Si uno quiere ser el primero, sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc 9,35)”. De este modo, aún con todas estas complicaciones y los inevitables momentos de tensión, estas Jornadas han sido una experiencia inolvidable. Para mí, personalmente, y para otros con los que lo he comentado, ha sido una inyección de orgullo católico que necesitábamos. ¡Gracias, otra vez, al cardenal – arzobispo de Madrid por haber hecho posible la celebración de esta Jornada en nuestra ciudad, prestando así un importante servicio a su diócesis y a toda la Iglesia española! Necesitábamos todos recuperar el orgullo de ser católicos.
Celebración de la Misa de Clausura de la JMJ Madrid 2011
Aeródromo de Cuatro Vientos
El mensaje que trajo el Papa, sucesor de Pedro, no ha sido innovador —ya que esto no es lo que se espera en una JMJ —, sino un reiterar con fuerza pocas verdades fundamentales frente al relativismo de la cultura dominante, que se vuelve pragmatismo en la enseñanza universitaria. Esta es la gran cruzada que lleva a cabo el Papa actual desde el comienzo de su pontificado. Así, Benedicto XVI repitió una y otra vez que no hay que renunciar a la búsqueda de la verdad y resignarse al pragmatismo, que la verdad no es una ideología o una serie de ideas sino una Persona, Cristo, que se acoge en la fe y a la que uno se puede abrir solo en la libertad, un Cristo que no se puede separar de la Iglesia por Él fundada. Este mensaje con distintos matices lo repitió en los discursos que se fueron pronunciando a lo largo de estos intensos días: a los jóvenes en Cibeles, a las religiosas, a los profesores universitarios, a los seminaristas, etc. Cabe destacar el discurso centrado en el misterio del sufrimiento en la ‘Fundación Instituto San José’.
Juan Pablo II sobrevalorando en helicóptero Tor Vergata
en la JMJ del año 2000 en Roma
            Juan Pablo II, en la Vigilia de oración con los Jóvenes en Tor Vergata, en la Jornada Mundial de la Juventud del Jubileo del año 2000, al terminar la celebración, se despidió improvisando unas palabras que nos han quedado en el corazón de todos los que estuvimos presentes y que curiosamente no se encuentran en las traducciones oficiales de este acto. Dijo en italiano: “C’è un proverbio polacco che dice: ‘Kto z kim przestaje, takim si? Staje’. Vuol dire: se vivi con i giovani, dovrai diventare anche tu giovane. Così ritorno ringiovanito. E saluto ancora una volta tutti voi, specialmente quelli che sono più indietro, in ombra, e non vedono niente. Ma se non hanno potuto vedere, certamente hanno potuto sentire questo ‘chiasso’. Questo ‘chiasso’ ha colpito Roma e Roma non lo dimenticherà mai!”. Traduciéndolas: “Hay un refrán polaco que reza... que significa que si vives con los jóvenes, tendrás que volverte tú también joven. Así vuelvo rejuvenecido. Os saludo de nuevo, de modo especial los que están más atrás, en la sombre y no ven nada. Pero si no han podido ver, sí han podido oír este ‘barullo’. Este ‘barullo’ ha conmovido Roma y Roma no lo olvidará jamás”. Lo mismo podemos decir de Madrid. Nuestra ciudad no olvidará fácilmente esta Jornada Mundial de la Juventud.

Enlace a la sección sobre la JMJ Madrid 2011 de la página Web oficial del Vaticano 

(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro Si conocieras el don de Dios y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial) 


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