viernes, 6 de abril de 2012

En el lavatorio de los pies está el sentido de la Eucaristía y del sacerdocio


Homilía 5 de abril 2012
Jueves santo. Conmemoración de la Cena del Señor

La última cena - Leonardo da Vinci (1495-1498)
Santa Maria delle Grazie (Milán)
            Tradicionalmente decimos que en la última cena de Jesús con sus discípulos se hacen presentes tres pilares de nuestra fe que hoy, jueves santo, conmemoramos. Dos de ellos están íntimamente relacionados entre sí, surgen en el mismo momento y constituyen dos sacramentos de la Iglesia. Son la Eucaristía y el sacerdocio. Jesús en la última cena instituye la Eucaristía, como memorial suyo, de su muerte y resurrección. Hemos escuchado el relato de la institución que nos ofrece san Pablo en la segunda lectura, probablemente el texto más antiguo que tenemos de ella. El apóstol hace referencia a una tradición que él había recibido y que procede del Señor y que ha fielmente transmitido a los corintios, tradición que narra lo que hizo Jesús ‘en la noche en que iba a ser entregado’:

Que el Señor Jesús, en la noche que iba a ser entregado, tomó pan y, pronunciando la Acción de Gracias, lo partió y dijo: “Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía”. Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: “Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis en memoria mía” (1 Co 11, 23-25).

Según los evangelios sinópticos, Jesús instituye la Eucaristía en el contexto de la cena pascual judía y en la lectura del libro de Éxodo que hemos proclamado como primera lectura Moisés da las normas para celebrar la Pascua, tanto para esa primera, esa memorable noche en la que el Señor pasó por el país de Egipto hiriendo a los primogénitos y liberando a los israelitas, como también para las que celebrarán subsiguientemente y que tanto configuran la identidad del pueblo de Israel. Los judíos debían comer el cordero pascual deprisa, listos para salir, marcando sus casas con la sangre del animal para que no pasara por ellas el ángel exterminador.

Santo cáliz conservado en
la Catedral de Valencia
En nuestra Eucaristía cristiana todos estos significados están presentes de un modo nuevo y más profundo. Jesús, anticipando su entrega por nosotros, instituye un signo eficaz de su presencia y de la salvación, la liberación, que nos trae, conquistada por nosotros en la cruz. Él es el primogénito sacrificado por nosotros a quien el Padre no ahorra, el cordero sin mancha con cuya sangre estamos marcados que hace huir a nuestro enemigo y nos libra de la muerte eterna. Él es alimento que hay que comer ceñidos en nuestro camino hacia la tierra prometida, hacia la patria definitiva.

Por otro lado, en el mismo momento en que Jesús instituye la Eucaristía, dice a los apóstoles, a los que comían con él, que repitieran eso en memoria suya. De ahí, que junto a la Eucaristía, Jesús instituye a la vez el sacerdocio, es decir, el orden de los que pueden reiterar el gesto y la palabras de Jesús con poder para cambiar el pan y el vino en su cuerpo y su sangre. Por eso hoy, jueves santo, es también el día de los sacerdotes; es un día para que los cristianos recen por sus ministros que tienen este poder tan grande que les trasciende totalmente, para que lo puedan ejercer de la forma menos indigna posible.

Detalle del santo cáliz
Junto a estos dos pilares de nuestra fe, en la última cena Jesús da a sus discípulos el mandamiento nuevo del amor fraterno, del amor como ‘él nos ha amado’, un amor ‘hasta el extremo’. El Señor nos ha amado primero, nos ha perdonado gratuitamente nuestros pecados, y pide a sus discípulos que se amen con el mismo amor. Este es el signo de reconocimiento de los que son verdaderamente sus amigos.

Estos tres pilares son los que caracterizan la vida de Iglesia. La Iglesia nace de la Eucaristía, del memorial del Señor. Lo que nos une es el Señor, su amor por nosotros, la nueva vida que nos da por medio de su Palabra y de los sacramentos y que se manifiesta en nuestras relaciones mutuas.

Lavatorio de los pies
Rupnik - Centro Aletti
Capilla Redemptoris Mater (Vaticano)
            Todo esto se resume y se plasma para nosotros en ese gesto tan conmovedor del lavatorio de los pies. Sólo el evangelio de Juan transmite esta acción del Señor, mientras que omite la institución de la Eucaristía presente en los demás evangelio y en Pablo. Parece que el autor del cuarto evangelio ya da por sentada una tradición transmitida desde los comienzos mismos de la Iglesia y que fundamenta la fracción del pan que se celebraba en las comunidades apostólicas. Por tanto, en vez de repetir lo mismo, resalta otro gesto del Señor que para él es muy significativo y que los demás extrañamente pasaron por alto. Al lavar los pies, Jesús realiza un gesto de hospitalidad que hacían los señores con los huéspedes importantes, pero que no lo realizaban ellos mismos sino que lo mandaban hacer a sus esclavos. Es un gesto de servicio que anticipa lo que el Señor hará cuando se entregará por nosotros en la cruz. En ella nos lavará de nuestros pecados, nos limpiará amándonos hasta el extremo. El lavatorio de los pies nos muestra de una forma plástica es una ‘parábola en acción’ dicen los exegetas la esencia misma de toda la obra del Señor, de la Eucaristía que la hace presente, del sacerdocio que la celebra, y del mandamiento del amor que de ella surge. En el famoso himno de su Carta a los Filipenses san Pablo expresa lo mismo de una forma más teológica, cuando dice que ‘Cristo Jesús se despojó de sí mismo, tomado la condición de esclavo, y se humilló, y se hizo obediente hasta la muerte, y una muerte de cruz” (cf. Flp 2, 5-8) Celebrar la Eucaristía, ser sacerdote, vivir en la Iglesia como hermanos, es posible gracias al Señor que se ha despojado, humillado y hecho esclavo por nosotros muriendo en la cruz. A le vez exige de nosotros que hagamos lo mismo. En Jesús signo y realidad van unidos, el lavatorio de los pies es signo de su muerte en cruz. Así también en nosotros la celebración de la Eucaristía y la vida deben ir a la par.

(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro Si conocieras el don de Dios y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial) 

1 comentario:

  1. pienso que la iglesia catolica debe hacer mas enfasis en el signodel lavatorio de los pies, que es una practica de la kenosis que es sumamente importante para la convivencia humana que es el signo visible del amor que Dios nos ha manifestado. osea que deje de ser un rito mas y sea convertido en un estilo de vida

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