jueves, 2 de enero de 2014

Navidad y pobreza de espíritu


Pensamientos en torno a la Navidad 2013


El día de la Vigilia de Navidad me mandó una amiga un Whatsupp con una foto de un belén que había hecho en un rincón de su casa; “mi sencillo belén” escribió, explicando la foto, y así en efecto era: un nacimiento muy sencillo con la cabaña con paja y un ángel en el techo, el buey y la mula, la sagrada familia, alaguna ovejas y los reyes magos, unas palmeras... Todo muy sencillo, pero bellísimo y se notaba que hecho con mucho cariño. Creo que ese belén representa muy bien el misterio, con M mayúscula, que celebramos en estas fiestas, misterio de amor y de sencillez, misterio de un Dios que se hace pobre y débil, misterio de un Dios que entra en nuestra historia y cotidianidad, nuestra ordinariez, entendiendo bien esta palabra.

He pensando mucho estos días en lo importante que es la tradición del belén impulsada por esa representación viviente que hizo san Francisco del nacimiento de Jesús en 1223 en Greccio, haciéndose traer unos animales y un pesebre, y hablando del nacimiento del ‘Rey pobre’. Cuando hacemos un belén, hacemos un acto de amor, de ternura y de fe, como hizo esa noche de hace casi 800 años el ‘pobrecillo de Asís’, queriendo hacer presente en nuestras casas e Iglesias el acontecimiento que ha cambiado la historia del mundo y que da sentido a nuestra vida. Lo hacemos sabiendo que representar ese misterio de salvación es un modo de anunciarnos y anunciar la buena noticia de Jesús y de hacerla presente en nuestros hogares y templos, sobre todo cuando estamos pasando por momento difíciles. Es un modo de decir que nuestra vida por muy mal que esté, con toda su cotidianidad y ordinariez, tiene sentido. Hacer un belén, diría yo, es un modo concreto de orar, de alabar y adorar y dar gracias a Dios.

Hay un aspecto del nacimiento de Jesús que se representa con mucha expresividad en la tradición de
El pesebre de Greccio - Giotto (1295-1299)
            Basílica Superior de Asís (Italia)
it.wikipedia.org
los belenes y que creo que este año cabe destacar. Es la primera Navidad del papa Francisco, que ha elegido este nombre como papa por su cercanía espiritual con el santo de Asís y por su especial predilección por los pobres. De hecho, lo que sin duda caracteriza más este pontificado realmente profético para nuestro tiempo es su clara opción por lo pobres, como puso claramente de manifiesto a los pocos días de ser elegido hablando con los periodistas: “¡Cómo me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo. Esta opción para el papa no es una cuestión de marketing, como algunos podrían pensar, ni tampoco una estrategia evangelizadora, ni un mero asunto de justicia social o de coherencia, o algo romántico y sentimental, ni se debe a que los pobres sean moralmente más buenos, sino es una elección que tiene un claro fundamento teológico: es Dios quien elige a los pobres, es Dios quien opta claramente por ellos, como constatamos al leer la Biblia. Privilegiar a los pobres es lo que hace Dios desde siempre. El nacimiento de Jesús en Belén es también una clara muestra de ello y así lo representamos en nuestros belenes.

En el documento programático para la misión de la Iglesia en los próximos años titulado Evangelii gaudium que se hizo público hace pocos días, el papa lo dice expresamente: “Hoy y siempre ‘los pobre son los destinatarios privilegiados del Evangelio’, y la evangelización dirigida gratuitamente a ellos es signo del Reino que Jesús vino a traer. Hay que decir sin vueltas que existe un vínculo inseparable entre nuestra fe y los pobres. Nunca los dejemos solo” (n. 48).

Papa Francisco en una cárcel de menores
        Casal del Marmo - Roma (Jueves Santo 2013)
Fuente de la image: vaticaninsider
         Esto es lo que representamos en nuestros belenes: esta buena noticia para los pobres del Dios que se ha hecho uno de nosotros, de Dios que se hace pobre para enriquecernos con su pobreza. Vivir verdaderamente la Navidad implica hacer nosotros también esta opción por los pobres y la pobreza, por el camino de las bienaventuranzas, por hacernos niños para poder entrar en el reino de loa cielo, por ser pobres en el espíritu, por ser de esos sencillos a los que Dios revela sus misterios. Por eso el misterio de Navidad choca tanto con la mentalidad consumista de nuestra sociedad que está a sus antípodas. Ni Herodes, ni los doctores del pueblo de Israel se acercaron a Belén, sino solo los pastores y los buscadores sinceros de la Verdad. ¡Que Dios conceda a su Iglesia y a todos nosotros descubrir en el año del Señor 2014 –que ya va siendo hora- la dicha que supone vivir las bienaventuranzas, la felicidad que da el ser de los pobres de espíritu, como María y José!

1 comentario:

  1. A algunos, el Misterio del Amor de Dios, nos cambia la vida, por fortuna. Especialmente, a los que somos pobres. "Hay muchos tipos de pobreza..." Decia Madre Teresa. Es tal el Mistero, que a veces, ni uno mismo ni el pobre , que es el prójimo, lo entiende.
    En cualquier caso, solo cabe dar gracias.

    Que Dios bendiga a usted y a su familia y tengan un muy feliz 2014.

    Marita

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