viernes, 19 de noviembre de 2010

¿Por qué ha venido el Papa a España?

Visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona
6-7 de noviembre 2010

El filósofo Nietzsche afirmaba que ‘no existen hechos, sino interpretaciones’, y esto no sólo se ha vuelto el principio básico de la filosofía hermenéutica contemporánea, sino que muchas veces es la suposición implícita desde la que se trabaja en los medios de comunicación social. Esto se ha puesto de manifiesto de una forma muy evidente en la reciente Visita de Benedicto XVI a Santiago de Compostela y Barcelona. En muchos medios se ha interpretado este viaje a la luz de unas afirmaciones que hizo el Pontífice a los periodistas en el avión rumbo a Santiago de Compostela. En la respuesta a una de la preguntas, el Papa señalaba que “en España ha nacido una laicidad, un anticlericalismo, un secularismo fuerte y agresivo como lo vimos precisamente en los años treinta”. En línea con estas afirmaciones, algunos medios sostenían que la Visita papal tenía la finalidad de denunciar y contrarrestar este laicismo español que en nuestro país es más preocupante que en otros por su extensión, el apoyo institucional que recibe y la importancia estratégica que tiene España para la Iglesia. En otras palabras, el Papa vendría para tirarnos las orejas, al gobierno y a la sociedad. En otros casos, los medios han interpretado del mismo modo la Visita papal, pero no por convencimiento sino por conveniencia política, para quitarle fuerza y colocarla dentro de su ‘estrategia de la tensión’ que piensan beneficia a los de su bando. Por otro lado, los medios católicos, en buena parte y paradójicamente, han utilizado la misma clave interpretativa, aunque con la intención de destacar lo mal que está España y la necesidad que tiene de cambiar su rumbo. Creo que en ninguno de estos caso se interpreta adecuadamente la Visita del Papa y a diferencia de algunos partidarios de la hermenéutica contemporánea, yo sí creo que hay interpretaciones correctas y otras que no lo son.

Para entender este Viaje de Benedicto XVI a España hay que situarlo en el contexto de todo su pontificado y de toda su trayectoria personal e intelectual. Al hacer esto, nos damos fácilmente cuenta que hay una serie de preocupaciones y temas que están presentes constantemente en los mensajes y las actuaciones del Papa y que son también los que han marcado su Visita a nuestro país. Para quien quiera ver, estos temas y preocupaciones son mucho más profundos y llegan muchos más lejos que el ‘laicismo español’, y constituyen el verdadero desafío para la Iglesia y la humanidad. El ‘laicismo español’ es, como mucho, una expresión limitada de ellos. En otras palabras, interpretar correctamente esta Visita del Papa requiere que salgamos de nuestro ‘españocentrismo’ y nos demos cuenta de lo que está en juego. La clave de lectura adecuada de esta Visita papal es filosófico-cultural y no político-social. No entender esto – o no querer entenderlo ni darlo a entender - lleva a todos, sean del bando que sean, a no apreciar el alcance de esta Visita, tanto si es para acoger el mensaje que quiso transmitir el Papa, como si es para rechazarlo. Un ejemplo de esto último, lo tenemos en las recientes declaraciones del Presidente del Gobierno español sobre si hay que legislar según lo que ha dicho el Pontífice (ver).


Las preocupaciones y temas de que hablamos, y que según nuestro modo de ver caracterizan todo este pontificado, han estado presente ya desde antes de su comienzo, cuando como decano del Colegio Cardenalicio, en la Misa que celebró al inicio del Cónclave que lo elegiría Papa, habló de la ‘dictadura del relativismo’. A este tema va unido el de la relación intrínseca entre fe y razón que es constitutiva del cristianismo, al surgir éste en el contexto del encuentro providencial entre la cultura judía y la griega. El discurso de Benedicto XVI en la Universidad de Ratisbona, tan mal interpretado también, es una exposición magistral de esta tesis, que pretende salvaguardarnos contra cualquier tipo de fanatismo, no solo el musulmán. Relacionados con estos temas, están otros también muy presentes en este Pontificado, pero que en buena parte se pueden derivar de ellos: el rechazo de la idea del iluminismo de que Dios es una amenaza para la libertad y la madurez del hombre y no más bien el garante de su ser y dignidad; la defensa de la libertad religiosa y de un laicismo ‘positivo’ que respete y valore el espacio de la religión en la vida pública; la interpretación del Concilio Vaticano II en continuidad con la tradición precedente y no en ruptura con ella; la dignidad y el respeto debido a la Sagrada Liturgia como obra de Dios según el espíritu de San Benito; el cristianismo como encuentro con la Persona de Jesucristo a la que tenemos acceso objetivo y real a través de la Escritura actualizada en la Iglesia; el mensaje cristiano como promotor de una vivencia auténtica del amor que se manifiesta en obras de caridad concretas y no como su verdugo; la reciente creación del Dicasterio vaticano para la ‘nueva evangelización’, dirigido a los países de antigua cristiandad y hoy secularizados...

Si interpretamos la Visita del Papa a España en esta luz entendemos mejor el desafío que nos plantea a todos, creyentes y no creyentes. Entenderíamos que las palabras importantes del Papa en el avión rumbo a Santiago no fueron aquellas sobre el laicismo, sino aquellas en las que afirmaba: “Vosotros sabéis que yo insisto mucho en la relación entre fe y razón; en que la fe, y la fe cristiana, sólo encuentra su identidad en la apertura a la razón, y que la razón se realiza si trasciende hacia la fe”. Entenderíamos mejor la defensa que hizo de la familia y la vida en la ahora Basílica menor de la Sagrada Familia. Defensa de la familia y la vida, no en el sentido en la que la ha entendido el Presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, sino como una defensa del ser y la dignidad del hombre en cuanto tal, como defensa de la razón del hombre que es capaz de conocer la verdad y de la voluntad del hombre que es capaz de perseguir el bien.

Es éste el verdadero desafío para Europa y España y es éste el ‘granito de arena’ que el Papa, también como pensador, quiere ofrecer a la humanidad. El desafío en el que estamos, la partida que jugamos, no es entre distintas formas de entender el Estado laico y la presencia de la religión en su seno, sino entre verdad y relativismo, entre razón y escepticismo, entre inmanencia cerrada en sí misma o abierta a la trascendencia, entre el hombre capaz de conocer la verdad y vivirla y el hombre ‘light’ que vive sólo de sentimientos y opiniones...

El hecho de que se haya interpretado la Visita de Benedicto XVI a España en la forma en que se ha hecho, es una buena prueba de lo acertado que ha sido su mensaje y el desafío que nos ha planteado a todos. Volviendo a Nietzsche, es verdad que existen muchas interpretaciones, pero no todas son igualmente válidas, no todas se ajustan a los hechos, y el hombre con su razón es capaz de discernir entre ellas, encontrar la verdadera y decidirse por ella. Y esto lo hace el hombre en cuanto peregrino, en cuanto caminante hacia la Verdad, que se expresa y se realiza en la Belleza.


Discursos del Papa y galería fotográfica

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