sábado, 22 de enero de 2011

Familia y dureza de corazón

Intervención en la apertura del Ciclo de Conferencias:
 “Matrimonio y Familia: ¿valores a la baja?”
Facultad de Teología San Dámaso
26 de septiembre de 2008


        Damos comienzo a este ciclo de Conferencias sobre el matrimonio y la familia, que nos llevará a lo largo de todo este curso a profundizar e iluminar desde distintas perspectivas y por medio de prestigiosos ponentes, esa realidad tan fundamental para nuestras vidas, y para la Iglesia y la sociedad, que es la familia. En el programa podemos constatar como se abordarán distintos aspectos de la realidad familiar, que van desde hacer un diagnóstico de la familia en la situación actual, a sus claves culturales, a sus retos en nuestro siglo, a las ideologías que la ponen en peligro, y a tratar también temas de mucha actualidad como el aborto, la eutanasia y los relacionados con la bioética.

Quiero dar las gracias a Mercedes y Blanca Semelas que me han invitado a este acto de apertura, a María Rosa de la Cierva, a la Facultad de Teología San Dámaso que acoge estas conferencias, a las distintas fundaciones y asociaciones que las han organizado y a las entidades que colaboran.


cristianosgays.com

La diócesis de Madrid ha puesto desde hace años, sobre todo a partir del Sínodo diocesano, cuyas Constituciones Sinodales se publicaron en noviembre de 2005, en el centro de su atención y preocupación, junto con los jóvenes, a la familia. Estas dos realidades se implican mutuamente, y esto se hace más evidente si las consideramos a la luz del tema central del Sínodo que era “la transmisión de la fe en la comunión de la Iglesia”. Un ámbito fundamental, y creo muy difícilmente sustituible, de la transmisión de la fe a las nuevas generaciones es la familia. Hace unos días, en una conversación con el Padre Fernando Robles, delegado episcopal de Mayores de nuestra diócesis, me contaba que le preguntó a uno de sus colaboradores, persona muy conocida en la vida publica y de una fe ejemplar, si sus hijos eran creyentes; la respuesta fue “a medias”. Esto ha pasado en muchas de nuestras familias. Por alguna razón, que debemos investigar y sanar, los padres y abuelos no han sabido o no han podido transmitir la belleza y riqueza de nuestra fe a las nuevas generaciones.

En junio de este año nuestra Cardenal-Arzobispo hacía pública una Carta pastoral con el título: La familia, vida y esperanza para la humanidad. En ella se afirma que, “después de la misión joven que se ha extendido al ámbito de la realidad matrimonial y familiar, llega la hora de proponer un plan integral de Pastoral Familiar para nuestra archidiócesis que sea capaz de potenciar con nuevo ímpetu la conciencia del ser y de la misión cristiana de las familias. Esto requiere sin duda nuevos evangelizadores capaces de anunciar el Evangelio del matrimonio y la familia. Y requiere sobre todo la confianza en el plan de Dios, que nos ha dado en la unión del hombre y de la mujer un signo sacramental tan elocuente del amor entre Dios y los hombres, entre Cristo y la Iglesia”.
En este plan integral de Pastoral Familiar que nos propone nuestro obispo, la formación de personas para que sepan ‘dar razón de nuestra esperanza’ en el ámbito de la familia y la vida es un aspecto fundamental. Es por ello que este Ciclo de Conferencias que hoy comienza, no sólo se inserta bien en la tarea que encomienda nuestro obispo a nuestra Iglesia, sino que es una aplicación muy concreta de este plan pastoral y una iniciativa que con la ayuda del Señor puede dar mucho fruto.
       
     Cuando los cristianos reflexionamos sobre el matrimonio y la familia, debemos estar abiertos a lo que nos dicen las ciencias humanas que desde distintas perspectivas y con distintos principios metodológicos se ocupan de la familia. Pero la luz más importante que tenemos para saber lo que es el matrimonio y la familia es la Palabra de Dios. Ella contiene la revelación de Dios, pero también nos dice algo acerca del destinatario de esa revelación, el hombre y la mujer, y en este contexto nos habla con mucha claridad del matrimonio y la familia.

Hay un texto bíblico que creo es de suma importancia para comprender la realidad familiar a la luz de la revelación. Ese texto lo encontramos en el evangelio de Mateo y también en el de Marcos con algunas diferencias, y en los dos casos se concluye con un logion de Jesús sobre el repudio que se repite hasta cinco veces en el Nuevo Testamento.

Este texto, con el que quiero concluir mi intervención, en la versión de Mateo es el siguiente:

Se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: “¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?”. El les respondió: “¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: ’Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán los dos una sola carne’? De modo que ya nos son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Ellos insistieron: “¿Y por qué mandó Moisés darle acta de divorcio y repudiarla?” El les contestó: “Por la dureza de vuestro corazón os permitió Moisés repudiar a vuestras mujeres; pero, al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno repudia a su mujer –no hablo de uniones ilegítimas - y se casa con otra, comete adulterio” (Mt 19, 3-9).

Familia Ricart-Goday de Barcelona 
Misionera en Siberia: abc.es
Como vemos, Jesús, contestando a una pregunta sobre el divorcio, hace referencia al plan originario de Dios citando unos textos del Génesis. Jesús nos aclara lo que Dios siempre ha querido para el hombre y esto vale para todos los hombres, porque Dios así nos ha creado a todos; llevamos inscrito en nuestro ser, en nuestro cuerpo y alma, la vocación al amor, que se concreta para la mayoría de las personas en el matrimonio y la familia. Por eso, creemos que nuestra enseñanza sobre el matrimonio y la familia no es sólo para los cristianos, sino para todos.

Pero también Jesús habla de la dureza de corazón, que hace difícil vivir y entender lo que Dios siempre ha querido para nosotros. Esta dureza de corazón la ha venido a sanar el Señor. Con su Espíritu podemos cumplir la voluntad de Dios y vivir el proyecto maravilloso que Él tiene para nosotros.

Vamos a pedirle a María, Madre del Amor Hermoso, al comienzo de este Ciclo de Conferencias, que nos ayude a entender y vivir plenamente el evangelio de su Hijo y que sepamos transmitirlo a los demás y a nuestra sociedad, sobre todo a las nuevas generaciones, con nuestra palabra y con nuestro testimonio de vida.

Programa del ciclo de conferencias

(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro La buena noticia del matrimonio y la familia y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial)

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