jueves, 24 de febrero de 2011

Enseñar a nuestros hijos a amar




referencia del libro
Inspirándome en un libro de Juan José Javaloyes, titulado El arte de enseñar a amar que recomiendo a quien quiera profundizar en este tema, deseo compartir con los lectores de mi blog unas consideraciones sobre algo tan importante y que con frecuencia descuidamos tanto como es la educación para el amor de nuestros hijos. Es sorprendente como invertimos tanto tempo, energía y dinero para que adquieran las habilidades necesarias para el trabajo y dedicamos tan poco esfuerzo para enseñarles algo tan fundamental para su felicidad como es el amor. Las consideraciones que siguen las propuse en una Escuela de Padres en el Colegio Nuestra Señora de las Delicias de Madrid.


Introducción

  • Según lo que pensaba Freud hay dos ámbitos de nuestra vida que tienen mucho que ver con nuestra felicidad: el amor y el trabajo; cuando nos sentimos descontentos o infelices es útil ver en cuál de estos dos aspectos de nuestra vida hay problemas.
  • En nuestra sociedad nos preparamos bien para el trabajo, pero quizás no tanto para el amor.
  • Para el amor deberían preparar los padres pero ellos se sienten con frecuencia incapaces y se resignan a que sean los amigos, la televisión, etc. los que enseñen a sus hijos qué es y cómo se debe vivir el amor.

Opción fundamental

  • Lo primero que tenemos que hacer es tener claro nosotros lo que es y debe ser el amor y cómo se debe vivir. Aquí está la cuestión fundamental: si  no tenemos claro lo que queremos transmitir a los hijos, lo que sería bueno para ellos, no podemos educar. Seremos ciegos que pretenden guiar a otros ciegos.
  • En nuestra cultura se dan distintas formas de entender y vivir el amor que, para simplificar, podemos separar en dos grandes bloques:

    • Hay una forma que se centra en el mismo sujeto y entiende el amor sobre todo como un sentimiento placentero. La otra persona se instrumentaliza, me interesa en cuanto crea en mí ese sentimiento. Se distingue amor de compromiso, considerando que la voluntad no tiene mucho que ver con los sentimientos. La sexualidad va unida al amor, sobre todo para la mujer, pero se utiliza para obtener placer y no para comunicarse realmente con el otro. Es una visión hedonista, egoísta y efímera.
    • La otra tendencia considera que la persona humana se realiza en la medida en que sale de sí misma y se encuentra realmente con el otro, entregándose a él, no en función del placer que me produzca, sino por él mismo. Aquí el amor es sentimiento, pero también es entrega, acto de la voluntad y de la inteligencia, compromiso. En el caso del amor conyugal, un compromiso estable, exclusivo, único, fiel, para siempre; una entrega total de sí mismo al otro. Este amor es de por sí abierto a la vida. La sexualidad se vive más como lenguaje del amor, como comunicación profunda entre el hombre y la mujer.

  • Evidentemente la primera forma de entender el amor es la más común en nuestra sociedad; la segunda es contracultural; requiere mucho esfuerzo educativo para aprenderla y vivirla (el joven tendrá que ser capaz de asumir y vivir con orgullo que se le considere algo ‘diferente’). Los cristianos pensamos que la segunda forma de entender el amor es la verdadera, la que vivió y nos enseñó Jesús, la que nos puede hacer verdaderamente felices.
  • La primera decisión que debemos tomar, por tanto, antes de empezar la tarea educativa, es qué forma de entender y vivir el amor quiero yo enseñar a mis hijos. Para enseñarle a vivir la primera forma no tendremos que hacer mucho esfuerzo; la aprenderán casi automáticamente. Es verdad que tenderemos que enseñarles como evitar algunos problemas que podrían tener, como embarazos indeseados y enfermedades de transmisión sexual, pero esto no nos costará mucho esfuerzo. (Es probable que tampoco tengamos mucho éxito en esto a la luz de las estadísticas). Sin embargo, si optamos por la segunda forma, deberemos hacer un gran esfuerzo para llevar nuestros hijos a salirse de la masa y ser ellos mismos, luchando contra los poderosos medios que empujan en la otra dirección.

Conceptos fundamentales

  • Es oportuno tener siempre presente que todo ser humano es único, irrepetible. Esto lo sabemos bien, pero muchas veces no lo aplicamos al educar, pretendiendo seguir un mismo patrón con todos. Toda persona comparte muchas cosas con los demás seres humanos, comparte otras con los de su mismo sexo y no con los del otro, y tiene otras cosas que son suyas propias y que no comparte con nadie. Al educar tenemos que cuidar esto, educando de forma distinta según se trate de algo que vale para todo ser humano, sólo para las mujeres o los hombres, o sólo para la persona en cuestión.
  • Otro principio básico es que la diferencia sexual es algo inscrito profundamente en el ser humano. No es algo accidental o que depende sólo de la forma en que hemos sido educados. Nuestro sexo no es un rol que hemos asumido, sino algo que nos caracteriza en lo más íntimo y que influye en todo nuestro ser: cuerpo, emociones, cogniciones, conductas.
  • También hay que señalar la unidad del ser humano: El hombre no es sólo cuerpo, ni solo mente, sino una totalidad que incluye distintos aspectos. El hombre cuando ama, ama con todo su ser: cuerpo, pensamientos, emociones, inteligencia y voluntad.

Algunos principios básicos para la educación en general

  • Todo a su tiempo — gradualidad: algunos conocimientos o hábitos solo se pueden enseñar después de que se hayan adquiridos otros más básicos; no se puede exigir a los hijos aquello para lo que no se les ha preparado y/o sorprenderse por la tardanza de los frutos; para enseñar a amar hay que tener en cuenta la evolución psicológica, afectiva y personal del niño y respetarla.
  • La verdad aunque cueste: hay que contestar siempre con la verdad a cualquier pregunta que se nos formule por inoportuna o embarazosa que nos pueda resultar; si es complicado responder en el momento, es mejor decir: “en este momento no te lo puedo explicar, búscame más tarde y hablaremos”, y hay que mantener la conversación prometida; no debemos tener miedo de enfrentarnos con la realidad; a veces estamos tentados a quitarnos el muerto de encima dejando que sea la televisión o los amigos los que enseñen a nuestros hijos; para poder responder con la verdad hay que vencer disposiciones personales de timidez, inseguridad o poca preparación.
  • Planificar la educación: En la educación hay unas instrucciones a seguir: aclarar objetivos, elegir los medios, decidir el tiempo que se dedica, establecer el  modo de evaluación de los progresos; tenemos que tomarnos la educación de nuestros hijos como algo serio, no menos de como nos tomamos nuestro trabajo profesional.
  • Empezar es importante pero no basta: Es necesario evaluar continuamente la tarea educativa que se lleva a cabo con los hijos, sobre todo a través de la conversación de los padres, pasando revista a cada uno de ellos, pero también hablando con los profesores.
  • Sólo lo valioso cuesta: hoy está de moda el "sin esfuerzo", pero no se aprende nada sin esfuerzo y menos aquellas cosas importantes en la vida; amar es lo más maravilloso que podemos hacer los hombres y, por tanto, cuesta mucho aprender a hacerlo bien.
    blogs.laverdad.es
  • Ser críticos con la información que recibimos y con nuestra cultura: Tenemos que usar nuestra inteligencia con lo que sale en los medios de comunicación sobre la sexualidad y el amor. No todo lo que dicen es verdad y es bueno. Tenemos que saber para poder enseñar a nuestros hijos, formándonos nosotros primero. Es necesario tener unos conocimientos básicos sobre la sexualidad masculina y femenina: anatomía del aparato sexual de los dos sexos, menstruación, fecundación, embarazo, nacimiento, lactancia, vida del embrión, fases de la respuesta sexual, etc.
  • No basta conocer la verdad para ponerla en práctica: los seres humanos somos incoherentes, y aunque sepamos lo que es bueno, con frecuencia no lo hacemos. Es necesario, por tanto, fortalecer la voluntad de nuestros hijos a través de ejercicios en que aprendan a usar su libertad y el autodominio. Para amar hay que ser dueños de uno mismo. Es muy importante saber como actuar ante los caprichos de nuestros hijos. Muchas veces es útil enseñar a los hijos a hacer pequeñas renuncias no irracionales, sino explicando el sentido. No se nace libres sino que se aprende a serlo.

Los seis primeros años

  • Desde que nace, lo ‘primero’ que preguntamos es si es niño o niña y tenemos que educar consecuentemente desde el principio, empezando por preparar un ambiente familiar adecuado. Hay que cuidar cosas como ropa, nombre, roles, etc. Es importante educar correctamente la intimidad cuidando la higiene, el baño, la recogida de ropa, etc.
  • Son muy curiosos y hacen muchas preguntas sin sentirse satisfechos cuando se les contesta. Gradualmente van descubriendo la diferencia sexual y hacen preguntas sobre ella con la misma naturalidad que sobre otros asuntos. También preguntan sobre el embarazo: “¿Por qué mamá está tan gorda?” “¿Cómo se le ha metido el bebé?”. Como estas preguntas nos suelen coger desprevenidos, tenemos que tener las respuestas preparadas y ensayadas y a veces provocar el diálogo. Nuestras respuestas deben ser naturales y sencillas, dando no más datos de los necesarios. Muchas veces es bueno tener conversaciones a solas. En esta edad da lo mismo que sea el padre o la madre el que contesta a las preguntas.
  • Este es un tiempo propicio para aprender algunos hábitos que son importantes para la educación para el amor, como el orden y la sinceridad. Hay que hacer una guerra al capricho, enseñando a resaltar justamente lo extraordinario, como cumpleaños, aniversario, etc. y a posponer la gratificación. También es bueno que experimenten la alegría de regalar cosas.

De 6 a 12 años

  • Es una etapa en que se configura el comportamiento afectivo; el niño se va conociendo a sí mismo y se ofrecen muchas posibilidades para la educación de los sentimientos: celos por el nacimiento de un nuevo hermano, tozudez en elegir un programa de televisión, desmedido deseo de algo, rechazo excesivo de lo que no le gusta...
  • La identidad sexual se va configurando a través de una creciente identificación con cada uno de los padres, cosa que hay que cuidar. En esta etapa es conveniente que sea el padre del mismo sexo el que conteste a las preguntas sobre el amor y la sexualidad. Al hablar con ellos es importante saber escuchar activamente, dedicando tiempo de calidad y creando las situaciones donde pueda tener lugar este diálogo. Diálogo que muchas veces es bueno que sea a solas, hecho con naturalidad y preparado. Al hablar de temas sexuales es bueno hacer referencia siempre al amor, la entrega, la apertura a la vida, para enmarcarlos en su justo contexto. También deben cuidar los padres su comportamiento delante de los hijos: chiste, bromas, doble sentidos, caricias, etc.

amor.net
  • Es también un período propicio para adquirir algunos hábitos y virtudes al desarrollarse un tipo de pensamiento más abstracto; son capaces de comprender el valor moral de la verdad y de esforzarse para vivirla; esto permite encauzar positivamente su inclinación a la amistad y al compañerismo, a la responsabilidad (disfruta sintiéndose importante y útil) y a la reciedumbre (ejercicio físico); la educación en la disciplina y el autodominio es importante en esta etapa; también es un período propicio para educar la laboriosidad (agenda, horario de trabajo, etc.). Para educar estos hábitos es necesario la paciencia, la creatividad, el razonar con ellos. Se sigue con la educación del orden  y la sinceridad, estableciendo rutinas, dando ejemplo los padres de sinceridad, mostrándose contrariados cuando descubren mentiras. Otros hábitos que se pueden educar en esta edad son la generosidad y la fortaleza, enseñando a cumplir horarios exigentes pero flexibles (con mucho espacio para el juego y el deporte) y a aguantar incomodidades y a rechazar caprichos.
  • En esta etapa los amigos empiezan a ser importantes y es bueno conocer quien son y tener trato con ellos.
  • Muchos expertos insisten en que en esta etapa es necesario adelantarse a la madurez biológica, haciendo una labor preventiva. Afirman que hay una edad crítica alrededor de los 8 y 9 años en la que es oportuno mantener conversaciones con los hijos acerca de las relaciones entre un hombre y una mujer que se quieren y su manifestación sexual, como también algunos de los cambios corporales que van a experimentar y los chistes que pueden oír sobre estos temas. En estas conversaciones se aclarará anticipadamente el significado del desnudo y la importancia de la intimidad y de respetar la dignidad del otro (no es malo el desnudo pero sí el no-respeto hacia la intimidad del otro). De aquí se le puede explicar la decisión de no ver imágenes inoportunas y de conocer las reacciones de su cuerpo para saber dominarlas. Es útil dejar siempre abierta la puerta para diálogos posteriores y remitirles al sacerdote cuando es necesario (los padres no pueden ser confesores de sus hijos). También se aprovecha las ocasiones que surgen para prevenir o amortiguar el efecto de algunas campañas o imágenes que ven.

La adolescencia (12 a 16 años)

  • Se caracteriza por la aparición de los rasgos sexuales secundarios y el pensamiento abstracto. Es la etapa del YO con mayúsculas que muchas veces se pronuncia en oposición a los padres. Es etapa de tempestad: cambios muy importantes del cuerpo que les sorprenden y deben hacer un esfuerzo para reconocerse pasando horas ante un espejo. Todo tiene que pasar por su YO. Descubren con mucha fuerza la sexualidad, impulsados por los cambios corporales. Los componentes de la sexualidad — el impulso sexual y el afecto — están disociados y hay diferencias entre niña y niño. Las niños tienden más al narcisismo y a agradar y los chicos al autoerotismo. En esta etapa son bastante inseguros y en los chicos se pueden dar resistencias que se manifiestan como rigidez y agresividad en el trato con el sexo opuesto. En esta etapa se da una evolución bastante clara en las relaciones entre los dos sexos: al principio los grupos de amigos son unisexuales y manifiestan hostilidad hacia el otro sexo, después se van volviendo mixtos y al final de esta etapa empiezan a surgir parejas. 
  • En esta etapa es necesario practicar una “observación a distancia de los hijos” ya que reaccionaran muy mal a cualquier intento de vigilancia explícita. Modos posibles de llevarla a cabo son: conocer los amigos, fijarse en la habitación del hijo que puede dar muchas pistas, en su forma de vestir y la música que oye, en sus lecturas favoritas, las películas que ve; pero hay que evita invadir su intimidad recién estrenada. Es necesario saber escoger buenos confidentes y amigos de nuestros hijos que nos ayuden en esta etapa difícil (compañeros, sacerdotes, profesores). En esta edad son susceptibles de ser seducidos por todo lo que les rodea: drogas, experiencias sexuales pervertidas, amistades perniciosas, etc. En muchos casos cuando esto tiene lugar habrá que hacer un diagnóstico y encontrar soluciones que a veces pueden requerir sacrificios importantes: cambio de colegio, de barrio, de ciudad...
  • Muy importante, si se opta por una educación para el amor como hemos propuesto, es ayudar a los jóvenes a sentirse orgullosos de ser diferentes, ya que lo que le hemos enseñado es distinto a la cultura imperante; lo van a tener difícil. Puede ser útil buscarles un grupo de amigos que comparta los mismos valores.
  • Al dialogar con los hijos es importante no saltar a la primera, sino hacer un esfuerzo de comprensión y aceptación en la verdad.
  • En esta etapa es útil invitar a los adolescentes a perseguir ideales. Muchas veces el que se encuentren con situaciones de dolor puede ayudarles a madurar y aprender más sobre el amor.

De 16 a 18 años

    
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  • En esta etapa reaparece la calma; afectivamente son mucho más estables. Esta nueva situación se refleja en todo: en el estudio que se regulariza, en las relaciones con los hermanos al ser consciente de la diferencia de edad, en el trato con los padres con los que tiene conversaciones más largas, con los amigos con los que puede establecer verdadera amistad; en esta etapa la ternura y el impulso sexual se van centrando en la persona amada; también suelen tener una confianza ilimitada en sus propias fuerzas. Uno de los retos educativos generales en esta edad es armonizar deseos y realidad, para evitar desordenes psíquicos.
  • En esta etapa es fundamental ayudar a los hijos a vivir de forma apropiada cosas tan importantes como la sexualidad, la amistad, el noviazgo...




(Este post sale publicado con algunas modificaciones y mejoras en mi libro La buena noticia del matrimonio y la familia y por tanto está sujeto al copyright que establece la editorial)

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