martes, 3 de enero de 2012

La bendición como palabra eficaz

Homilía 1 de enero 2012
Solemnidad de Santa María, Madre de Dios
Jornada por la Paz

Puerta Santa de la Basílica de S. María
la Mayor de Roma
En la parte de abajo representación del Concilio
de Éfeso que definío a María como Madre de Dios
vatican.va
Hay palabras que experimentamos como eficaces, que no sólo dicen, sino que también hacen, que realizan lo que expresan, que son capaces de cambiar las cosas, de crear algo nuevo, de transformar la vida. Esto lo constatamos, aunque con menos frecuencia de la que desearíamos, los que nos dedicamos — o nos hemos dedicado durante cierto tiempo — a la psicoterapia: una palabra de verdad aunque dura, dicha en el momento oportuno y acogida sin resistencias o con éstas vencidas, trae una luz nueva, provoca un ‘insight’, que lleva a un cambio de sentimiento y de conducta, a superar miedos y fobias, complejos y bloqueos, comportamientos dañinos o poco asertivos, y a ser una nueva persona capaz de amar y trabajar y relacionarse satisfactoriamente con los demás y el mundo. También en psicología social aprendemos la noción de ‘profecía autocumplida’ o ‘autorrealizada’, que hace referencia a aquellas cosas que afirmamos de la realidad que, aunque no necesariamente verdaderas en el momento en que lo hacemos, llevan a que la realidad misma termine amoldándose a los que hemos dicho de ella. De ahí, la terrible fuerza de las encuestas electorales que terminan siendo verdaderas, sin quizás serlo al principio, ya que llevan a la gente a que vote como si lo fueran. Por eso se intentan controlar y a veces se prohiben. El ejemplo clássico que se ofrece de una ‘profecía autocumplida’ es el de un banco en buena salud pero del que empiezan a circular rumores de que está próximo a la quiebra; al final, el falso rumor se convierte en realidad al sacar la gente el dinero del banco por miedo.
Todas estas realidades humanas nos ayudan a entender mejor la eficacia de la Palabra de Dios y su papel destacado en la liturgia. La Palabra de Dios desde el comienzo, desde el relato de la creación en el libro del Génesis, se entiende como una palabra eficaz, una palabra que realiza lo que dice: “Y dijo Dios: ‘Exista la luz’. Y la luz existió” (Gn 1, 3). En el Nuevo Testamento la Palabra de Dios se asocia a la Buena Noticia de Jesús que aporta la salvación a quien la acoge y lo transforma en una nueva criatura: “Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os anuncié y que vosotros aceptasteis, en el que además estáis fundados, y que os está salvando...” (1Cor 15, 1-2). La Palabra de Dios es palabra eficaz que crea y renueva, que da el ser y lo transforma.
Una cristalización, o concreción, de la palabra poderosa del Señor, capaz de crear y cambiar la realidad, es la ‘bendición’ — berak, beraká, en hebreo —, con la que se hace también referencia a la generosidad y gratuidad de Dios para con sus criaturas. En el libro de los Números encontramos el mandato que da Dios a Moisés para que lo transmita a los sacerdotes, a los hijos de Aarón, mandato que incluye las palabras precisas con las que quiere se bendigan los israelitas que se acercan al Templo:
El Señor habló a Moisés: “Di a Aarón y a sus hijos, esta es la fórmula con la que bendeciréis a los hijos de Israel:
El Señor te bendiga y te proteja,
ilumine su rostro sobre ti y te conceda su favor.
El Señor te muestre su rostro y te conceda la paz.
Así invocarán mi nombre sobre los hijos de Israel y yo los bendeciré.”(Nm 6, 22-27)

Una traducción más literal de las palabras de bendición, palabras con forma poéticas y con resonancias pre-exílicas, con la triple invocación del nombre divino y con una doble referencia a su rostro, nos puede ayudar a captar más plenamente toda su fuerza:
¡Yahveh te bendiga y guarde!
¡haga brillar Yahveh su rostro sobre ti y séate propicio!
¡alce Yahveh su rostro hacia ti y te conceda la paz!
                                (traducción de Cantera-Iglesias)

                El texto deja claro que es Dios mismo quien bendice con la intermediación de los sacerdotes, intermediación que antes de su institucionalización podía ser ejercida también por el padre de familia u otra persona. Y la bendición es una palabra eficaz de Dios pronunciada sobre una persona, no una cosa inanimada. Según la Escritura, una cosa inanimada o un animal pueden ser consagrados para uso litúrgico y pasar así a participar de la santidad de Dios, pero sólo un ser humano puede ser bendecido.
Texto hebreo de la bendición aarónica
adoradores.com
                El poder de la bendición deriva del poder mismo Dios “que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe” (Rm 4, 17), pero apela también a le fe de quien la recibe. De este modo se hace palabra que crea, sana y renueva. Al derivar su poder de Dios, la bendición es mucho más eficaz que cualquier palabra terapéutica, o cualquier profecía que se autorrealiza a través de mecanismos psicológicos y sociales. La bendición actúa en capas mucho más profundas de nuestro ser, más allá de la consciencia y el inconsciente personal o colectivo, de los sentimientos y impulsos, y llega hasta el mismo ser ontológico de la persona. Sin embargo, su eficacia también depende de la acogida que le demos, de nuestra fe.
                Al comenzar el nuevo año, año del Señor 2012, la Iglesia hace suya la bendición de los sacerdotes de la antigua alianza y la pronuncia sobre nosotros. Pide a Dios que nos conceda la paz, el gran don mesiánico que resume todo lo que podemos desear. Paz que no es sólo ausencia de conflicto, sino plena armonía con Dios, los demás, y todo lo que existe. Paz que es don, pero también tarea relacionada con la búsqueda de la justicia. Paz que también depende de la educación adecuada de las nuevas generaciones en estos valores, como recuerda el Papa en su mensaje para este día.
                El uno de enero la Iglesia también celebra la maternidad divina de María, llevándonos otra vez delante del misterio de Belén para contemplar esta vez a la Madre, a la ‘Mujer’ de que habla san Pablo en la Carta a los Gálatas, que en la plenitud de los tiempos da a la luz al que nos hace hijos de Dios y sus herederos a través del don del Espíritu.
                También el uno de enero, al concluir la octava de Navidad, recordamos la circuncisión de Jesús, ‘que nace bajo la Ley para rescatarnos de la Ley’ como también dice san Pablo en el texto de la Carta a los Gálatas. Al ser circuncidado Jesús derrama su primera sangre, preludio de su obra redentora, y se le da el nombre, el que había dicho el ángel a María, el dulce y santo nombre de Jesús que significa ‘Dios salva’.
                La fiesta del santo nombre de Jesús se ha vuelto a introducir el día tres de enero en las últimas ediciones del Misal romano. Es otra instancia de la eficacia de la Palabra de Dios. Este nombre pronunciado con fe, no sólo significa que ‘Dios salva’, sino que realiza lo que significa, nos da la salvación que nos trae Jesús, como afirman muchos textos del Nuevo Testamento.
                ¡Que este año 2012 experimentemos en nuestra vida la fuerza de la Palabra salvadora y sanadora de Dios! ¡Que el Señor nos colme en este nuevo año de Espíritu Santo y de paz!

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