martes, 8 de mayo de 2012

La vid y los sarmientos


Homilía 6 de mayo 2012
Quinto domingo de Pascua
Jornada del Clero nativo - Día de la madre (en España)

Fuente de la imagen:  guide.supereva.it
Entre los distintos elementos que encontramos en la Sagrada Escritura –relatos, preceptos y normas, discursos, oraciones, poesías, proverbios, parábolas, etc.- destacan de un modo muy notable las imágenes que utiliza Jesús en los evangelios para hablarnos del reino de Dios, y de él mismo y su relación con nosotros. Son parte esencial de su enseñanza divino-humana y tienen un enorme poder evocador y transformador. Así, todos tenemos presente las imágenes de la perla preciosa, del grano de mostaza, de la sal, de la levadura, del buen samaritano, del buen pastor, del padre misericordioso... Son imágenes que llegan a lo más profundo de nuestro ser haciéndolo resonar al sonido de la verdad sobre Dios y nosotros mismos y nuestra relación con él. Una de estas imágenes poderosas es la que se nos presenta hoy en el evangelio, la de la vid y los sarmientos. Como la de buen pastor que escuchamos el domingo pasado, está tomada de la vida cotidiana, pero también hace referencia a textos del Antiguo Testamento en los que se habla de Israel como la viña del Señor.

Lo primero que nos sugiere esta imagen es la unión vital que existe entre Cristo y los suyos. Es un compartir la misma savia, la misma vida, formar parte de él. En esto es muy parecida a la imagen del cuerpo que utiliza san Pablo para la Iglesia. Se nos dice que tenemos que permanecer en él y él en nosotros para dar fruto. Y se nos dice también la forma de hacerlo: a través de la fe y el amor, guardando sus mandamientos. Esto implica el cultivo de la vida espiritual, de la vida interior, con la participación frecuente en la celebración de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la penitencia, con la lectura asidua de la Palabra de Dios, con la mortificación, con momentos intensos y prolongados de oración personal, con la lectura espiritual etc., es decir, con los instrumentos que desde siempre la tradición espiritual nos ofrece para permanecer unidos al Señor. Puede que no estén de moda, pero son los que son y no hay otros. Es más fácil de lo que pensamos separarnos de la vid, de que se rompa nuestra unión vital con el Señor. A veces esta ruptura se va dando poco a poco, sin que casi nos demos cuenta, hasta que llega un día, si Dios quiere, como le pasó al hijo pródigo de la parábola, en que despertamos de nuestro sueño de muerte, en que se nos abren los ojos y nos damos cuente de dónde hemos caído, que de ser hijos nos hemos vuelto cuidadores de cerdos queriendo comer las algarrobas con las que se alimentan ellos. La parábola narra que en ese momento el hijo del padre misericordioso recapacita y decide levantarse para volver a casa de su padre. Es una bellísima imagen del proceso de conversión.

Otra enseñanza que nos ofrece la alegoría de la vid y los sarmientos tiene que ver con dar fruto, fruto abundante, fruto de vida eterna. El fruto del que se habla es una vida santa, una vida de plenitud humana y cristiana, una vida que ha desarrollado todas sus potencialidades, una vida de hijo de Dios. El evangelista Juan utiliza el término ‘vida eterna’ para hablar de ella; vida eterna que ya empieza aquí y llega a su plenitud en el cielo. Dar fruto significa vivir así y ayudar a los demás a que lo hagan también. Este fruto es eterno porque no perece, perdura para siempre, también en la eternidad. Ayudar a una persona a llegar a la santidad es dar fruto de verdad.

Fuente de la imagen: casadeoracionmexico.info
Pero la imagen de la vid y los sarmientos también nos dice algo sobre el dolor y sufrimiento presente en la vida de todo cristiano, dolor que es ocasión para crecer en la fe y el amor, para que demos más fruto. El texto del evangelio de hoy habla de la poda y bien traducido – no como en el leccionario actual, sino como aparece en la nueva versión oficial de la Conferencia Episcopal Española- dice: “A todo sarmiento que no da fruto lo arrancia, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto” (Jn 15, 2). Al sarmiento que da fruto, no al que no da fruto que es arrancado, sino al que ya da fruto, se le poda, el Padre que es el labrador lo poda, para que dé más fruto. La poda es dolorosa, la vid llora, pero es necesaria para dar buenos frutos. Si no se poda, la vid crece demasiado y desordenadamente y los frutos que da no son buenos. Así también en nuestra vida, tenemos que quitar cosas que estorban y no nos hacen crecer, que nos dispersan, decidirnos y comprometernos en una dirección renunciando a otras, aprender que el amor verdadero duele, etc.

Ordenaciones sacerdotales en la Catedral de Madrid
Fuente de la imagen: seminariomadrid.org
Este domingo quinto de Pascua también se llama domingo de los ministerios ya que se leen textos que hacen referencia a los distintos servicios en la Iglesia y como ella va creciendo y desarrollándose por la acción del Espíritu: “La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo” (Hch 9, 31). A mí siempre me sorprende constatar cómo van surgiendo nuevos ministerios y servicios en la Iglesia. Ayer se ordenaba sacerdote en la Catedral de Madrid un chico de nuestra parroquia, Jaime López. Lo conozco desde cuando llegué yo a la parroquia hace más de diez años. Asombra y llena a uno de agradecimiento ver como el Espíritu actúa concretamente en las vidas de las personas. Jaime, por ejemplo, estaba estudiando la carrera de Ingeniero de Telecomunicaciones cuando empezó a sentir la llamada a ser sacerdote y acabó la carrera y entró en el Seminario de Madrid y ayer el cardenal-arzobispo le impuso las manos asociándolo al orden de los presbíteros, a esta apasionante misión que nos supera por todos partes. En el folleto que se preparó para la celebración litúrgica de ayer se citaban unas palabras en latín: “Oh, sacerdos, tu qui es?... Nihil et omnia, oh sacerdos!” -Sacerdote, ¿tú qué eres?... ¡Todo y nada, sacerdote!-. Es nada por sí mismo, pero todo con el Señor.

Hoy en España se celebra el día de la madre. ¡Qué importantes son las madres! Tanto para la sociedad como para la Iglesia. ¡Cuánto fruto están llamadas a dar sobre todo en la educación de sus hijos! Si quieren dar frutos de vida eterna en sus hijos, el evangelio de hoy les dice que permanezcan unidas al Señor. Sólo así lo podrán hacer.

Sin embargo, todos nosotros a la luz de esta imagen de la vid y los sarmientos debemos interrogarnos sobre los frutos que estamos dando y estamos llamados a dar, si aceptamos la poda que el Señor hace en nuestra vida y dónde nos pide que estemos y qué quiere que hagamos para dar más fruto.

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