domingo, 14 de octubre de 2012

Con María empezando una nueva evangelización



Homilía 12 de octubre de 2012
Fiesta de Nuestra Señora del Pilar

El apóstol Santiago y sus discípulos
adorando la Virgen del Pilar (Goya, 1775)
El piadoso relato de la aparición de la Virgen al apóstol Santiago sobre un pilar a orillas del Ebro, en un momento en que el que el apóstol estaba muy desanimado por la aparente ineficacia de su obra evangelizadora, puede ayudarnos a empezar con buen pie bien este Año de la Fe que comenzó ayer en el 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II.

Cuando pensamos en España, ‘tierra de María’ como la llamó Juan Pablo II, y consideramos la fe de los españoles, fe que se llevó desde esta tierra a los países de la hispanidad, muchos de los cuales hoy también celebran su fiesta, podemos caer fácilmente en el desánimo. Aunque la mayoría de los españoles se siguen declarando creyentes y católicos, bien sabemos los que estamos en la primera línea de la acción pastoral de la Iglesia que esta fe la mayoría de las veces es muy débil: es una fe que podríamos llamar ‘sociológica’, más que una adhesión plena y consciente a la fe de la Iglesia fruto de un encuentro personal con el Señor. Así lo constatamos en las personas que vienen a solicitar algún sacramento a nuestros despachos parroquiales: el bautismo de sus hijos o su primera comunión, el matrimonio, un funeral para un familiar... Vienen pidiendo algo que creen que es bueno para ellos o para sus seres queridos, pero sin saber muy bien lo que implica. Como han dicho el papa y los obispos en varias ocasiones, se percibe en Europa una crisis de fe, una ‘apostasía silenciosa de  la fe’.

Gráfico de las creencias religiosas de los españoles
elaborado con datos de un barómetro del CIS de 2008.
Datos más recientes en:  cis.es
Ante este hecho que es común a todos los países de antigua cristiandad, Juan Pablo II vio la necesidad para la Iglesia en este nuevo milenio de emprender una nueva evangelización. En Roma, este mes de octubre, se está celebrando una Asamblea General del Sínodo de Obispos para tratar este tema. También en Roma, ayer, 50 aniversario de la apertura del Concilio Vaticano II, con una solemne celebración eucarística, el papa dio comienzo a un Año de la Fe para ‘redescubrir el camino y la belleza de la fe’.

El pilar sobre el que se apareció la Virgen al apóstol Santiago recuerda esa columna de fuego que mostraba al pueblo de Israel salido de Egipto el camino hacia la tierra prometida: es símbolo de la fe que ilumina nuestro peregrinar hacia la casa del Padre, fe que hace que sustentemos nuestra vida sobre la roca que es Cristo, él único que no defrauda y que permanece firme cuando todo los demás vacila.

Hoy esta fe se ha vuelto débil, en nuestros países y también en cada uno de nosotros. Ya no es esa columna sólida que aguantaba todo el peso que le pusiéramos encima. Tenemos que admitir que con frecuencia tenemos dudas de fe, dudamos como hizo el pueblo elegido en el desierto de que Dios esté en medio de nosotros, que nos quiera, que el cielo exista. Por muchas pruebas que nos haya dado el Señor en el pasado, cuando las cosas no salen como pensamos deberían, le ponemos a prueba, pedimos a Dios que haga esto o aquello para que tengamos la certeza de que está con nosotros, como hizo el pueblo de Israel en Masá y Meribá pidiendo con arrogancia a Dios que sacara agua de la roca.

Logo del Año de la Fe
En estos momentos difíciles, de crisis de fe, de aparente fracaso de nuestros esfuerzos evangelizadores, muchas veces con el ánimo como lo tenía el apóstol Santiago en las riberas del Ebro, es cuando tenemos que darnos cuenta de que no estamos solos. En estos momentos estamos llamados a descubrir de nuevo la presencia de María que acompaña siempre a la Iglesia, del mismo modo que en el cenáculo estaba con los apóstoles rezando para se concediera el don del Espíritu. Sabemos que muchas cosas no se podrán hacer sin una intervención poderosa de Dios, sin un nuevo Pentecostés, entre ellas resolver la espinosa y dolorosa cuestión de la desunión de los cristianos que es condición para que el mundo crea. Por eso hoy, en esta fiesta de María, nos dirigimos a ella para que nuestra fe se vuelva más fuerte, se transforme en una columna firme sobre la que podamos edificar nuestra vida y que podemos transmitir a los demás. También ponemos nuestra labor evangelizadora bajo su guía y protección para que ella acompañe nuestros esfuerzos y puedan dar sus frutos en los tiempos y en las formas que Dios quiere.

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