jueves, 4 de agosto de 2011

San Juan María Vianney y el sacerdote de hoy


En un muro de Ars
            Hoy, memoria de San Juan María Vianney, sacerdote ejemplar y santo patrón de todos los párrocos, quiero proponer a los lectores de este blog unas reflexiones que surgieron en unos ejercicios espirituales que realicé en Ars en noviembre de 2009, coincidiendo con el año sacerdotal convocado por Benedicto XVI con ocasión del 150 aniversario del nacimiento del santo. El cura de Ars en muchas cosas, tanto de su vida como de su enseñanza, sigue siendo muy actual para nosotros y nos invita a preguntarnos sobre la figura del sacerdote, sobre su importancia como mediador entre Dios y los hombres y el que pone a nuestro alcance la redención de Cristo. Y la vida misma de este cura de un pueblo, con su ascetismo, su entusiasmo pastoral, sus pruebas y luchas, nos llevan a cuestionarnos sobre la vida misma del sacerdote de hoy.
            Junto con algunas reflexiones sugeridas por la vida y la enseñanza de este santo, ‘cuelgo’ aquí también algunas fotografias que saqué a lo largo de esos días.
Su vida
  • Nacido el 8 de mayo de 1786 en Dardilly, cerca de Lyon, en el seno de una familia de labradores, Juan María Vianney a los 20 años empieza a prepararse para el sacerdocio  con la ayuda del P. Balley, cura de Ecully. En 1818 es enviado a Ars. En cuanto llega hace de su iglesia su residencia. Noche y día está en ella, delante del tabernáculo, rezando al Señor por sus feligreses: ‘En cuanto llegó, consideró la Iglesia como su casa… Entraba en la Iglesia antes de la aurora y no salía hasta después del Ángelus de la tarde. Si alguno tenía necesidad de él, allí lo podía encontrar’. Poco a poco despierta en sus feligreses la fe con sus sermones sencillos pero llenos de celo por el Señor, y sobre todo con su oración y su manera de vivir. Restaura y embellece la iglesia, funda un orfanato, llamado ‘La Providence’ (la providencia) y atiende a los pobres. Rápidamente su reputación de confesor atrae muchos peregrinos que buscan su consejo y el perdón del ‘buen Dios’ y la paz del corazón. Asaltado por muchas pruebas y combates, guarda su corazón arraigado en el amor de Dios y de sus hermanos; su única pesadilla era la salud de las almas. Su catecismo y sus homilías hablan sobre todo de la bondad y misericordia de Dios. Sacerdote, consumiéndose de amor ante el Santísimo Sacramento, da todo a Dios, a sus feligreses y a los peregrinos y muere el 4 de agosto de 1859. Es canonizado en 1925 por Pio XI — el mismo años que Santa Teresita —, y proclamado en 1929 patrón de todos los sacerdotes del mundo.

Año sacerdotal 2009-2010
El Papa Benedicto XVI en su Carta del 16 de junio de 2009 convoca un año sacerdotal con ocasión del aniversario del nacimiento del santo y explica en ella la finalidad de esta iniciativa:
Monumento del año sacerdotal
“He resuelto convocar oficialmente un Año Sacerdotal con ocasión del 150 aniversario del dies natalis de Juan María Vianney, el Santo Patrón de todos los párrocos del mundo, que comenzará el viernes 19 de junio de 2009, solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús –jornada tradicionalmente dedicada a la oración por la santificación del clero–. Este año desea contribuir a promover el compromiso de renovación interior de todos los sacerdotes, para que su testimonio evangélico en el mundo de hoy sea más intenso e incisivo, y se concluirá en la misma solemnidad de 2010”. 


 Algunas palabras del cura de Ars
  • El Sacerdocio es el amor del corazón de Jesús.
  • “Un buen pastor, un pastor según el Corazón de Dios, es el tesoro más grande que el buen Dios puede conceder a una parroquia, y uno de los dones más preciosos de la misericordia divina.”
  • “¡Oh, qué grande es el sacerdote! Si se diese cuenta, moriría… Dios le obedece: pronuncia dos palabras y Nuestro Señor baja del cielo al oír su voz y se encierra en una pequeña hostia…”.
  • 
    Confesionario del santo
  • “Si desapareciese el sacramento del Orden, no tendríamos al Señor. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El sacerdote. ¿Quién ha recibido vuestra alma apenas nacidos? El sacerdote. ¿Quién la nutre para que pueda terminar su peregrinación? El sacerdote. ¿Quién la preparará para comparecer ante Dios, lavándola por última vez en la sangre de Jesucristo? El sacerdote, siempre el sacerdote. Y si esta alma llegase a morir (a causa del pecado), ¿quién la resucitará y le dará el descanso y la paz? También el sacerdote… ¡Después de Dios, el sacerdote lo es todo!... Él mismo sólo lo entenderá en el cielo.”
  • “Si comprendiéramos bien lo que representa un sacerdote sobre la tierra, moriríamos, no de pavor, sino de amor… Sin el sacerdote, la muerte y la pasión de Nuestro Señor no servirían de nada. El sacerdote continúa la obra de la redención sobre la tierra… ¿De qué nos serviría una casa llena de oro si no hubiera nadie que nos abriera la puerta? El sacerdote tiene la llave de los tesoros del cielo: él es quien abre la puerta; es el administrador del buen Dios; el administrador de sus bienes… Dejad una parroquia veinte años sin sacerdote y adorarán a las bestias… El sacerdote no es sacerdote para sí mismo, sino para vosotros.”
  • “No hay necesidad de hablar mucho para orar bien.... Sabemos que Jesús está allí, en el sagrario: abrámosle nuestro corazón, alegrémonos de su presencia. Ésta es la mejor oración.”
  • “Venid a comulgar, hijos míos, venid donde Jesús. Venid a vivir de Él para poder vivir con Él…. Es verdad que no sois dignos, pero lo necesitáis".
  • “Todas las buenas obras juntas no son comparables al sacrificio de la Misa, porque son obras de hombres, mientras la santa Misa es obra de Dios.”
  • “La causa de la relajación del sacerdote es que descuida la Misa. Dios mío, ¡qué pena el sacerdote que celebra como si estuviese haciendo algo ordinario!”
  • “¡Cómo aprovecha a un sacerdote ofrecerse a Dios en sacrificio todas las mañanas!”
  • “No es el pecador el que vuelve a Dios para pedirle perdón, sino Dios mismo quien va tras el pecador y lo hace volver a Él... Este buen Salvador está tan lleno de amor que nos busca por todas partes”.
  • “Encargaré a mis ministros que anuncien a los pecadores que estoy siempre dispuesto a recibirlos, que mi misericordia es infinita.”
  • “El buen Dios lo sabe todo. Antes incluso de que se lo confeséis, sabe ya que pecaréis nuevamente y sin embargo os perdona. ¡Qué grande es el amor de nuestro Dios que le lleva incluso a olvidar voluntariamente el futuro, con tal de perdonarnos!”
  • “Lloro porque vosotros no lloráis... Si el Señor no fuese tan bueno… pero lo es. Hay que ser un bárbaro para comportarse de esta manera ante un Padre tan bueno.”
  • “Todo bajo los ojos de Dios, todo con Dios, todo para agradar a Dios… ¡Qué maravilla! ... Dios mío, concédeme la gracia de amarte tanto cuanto yo sea capaz.”
  • “La mayor desgracia para nosotros los párrocos es que el alma se endurezca.”
  • “Le diré cuál es mi receta: doy a los pecadores una penitencia pequeña y el resto lo hago yo por ellos.”
  • Comedor del santo
  • En efecto, su pobreza no fue la de un religioso o un monje, sino la que se pide a un sacerdote: a pesar de manejar mucho dinero ya que los peregrinos más pudientes se interesaban por sus obras de caridad, era consciente de que todo era para su iglesia, sus pobres, sus huérfanos, sus niñas de la “Providence”, sus familias más necesitadas. Por eso ‘era rico para dar a los otros y era muy pobre para sí mismo’: “Mi secreto es simple: dar todo y no conservar nada”. Cuando se encontraba con las manos vacías, decía contento a los pobres que le pedían: “Hoy soy pobre como vosotros, soy uno de vosotros”. Así, al final de su vida, pudo decir con absoluta serenidad: “No tengo nada… Ahora el buen Dios me puede llamar cuando quiera.”
  • “No hay dos maneras buenas de servir a Dios. Hay una sola: servirlo como Él quiere ser servido”. Consideraba que la regla de oro para una vida obediente era: “Hacer sólo aquello que puede ser ofrecido al buen Dios.”
  • “Jesucristo, cuando nos dio todo lo que nos podía dar, quiso hacernos herederos de lo más precioso que tenía, es decir de su Santa Madre.”

Algunos sugerencias para la reflexión personal
  • La importancia del sacerdote sobre la que tanto insistía San Juan María Vanney: el sacerdote es el mediador de la salvación de Cristo; sin el sacerdote la obra de Cristo sería inútil para nosotros porque no se aplicaría a nuestra vida.
  • Púlpito utilizado por el santo
  • Su presencia constante en la iglesia: “la iglesia era su casa”
  • Su amor a la Eucaristía, centro de su vida.
  • Su disponibilidad para celebrar el sacramento de la penitencia y su buen hacer con los penitentes.
  • Su lucha  contra la tentación de la desesperación, por sentirse indigno de ser párroco, por su ignorancia, pero aún en esa lucha espiritual que marcó toda su vida era muy fecundo.

Bibliografía utilizada para este artículo y útil para seguir profundizando
Giovanni-Maria Vianney, Importunate il buon Dio. Pensieri e discorsi del Curato d’Ars, Città Nuova Editrice, Roma, 1975 (books.google.es).

Algunas fotografías de Ars

Camino de Ars
 
Vista de Ars
     
Entrando en Ars


Capilla de 'La Providencia'


Capilla donde se guarda el corazón del santo



Relicario con el corazón del santo


Patio de casa del santo


Dormitorio del santo


Monumento del Encuentro:
"Tú me has enseñado el camino de Ars, yo te enseñaré el camino del Cielo"


Seminario internacional de Ars


Urna con el cuerpo del santo

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