sábado, 26 de mayo de 2012

El Youcat: un buen resumen de la fe no solo para jóvenes



Piedra sepulcral cristiana
catacumbas de Domitila
Roma (Siglo III)
En las reuniones de los grupos de matrimonios de mi parroquia a lo largo de este curso hemos utilizado como texto de referencia el Youcat, el catecismo que se entregó a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud celebrada en Madrid en agosto (JMJ Madrid 2011). Este texto es una traducción-aplicación del Catecismo de la Iglesia Católica para el mundo juvenil. Sin embargo, al utilizarlo en los talleres de matrimonios, nos dimos cuenta de su utilidad como instrumento para ayudar también a los que son menos jóvenes y que se sienten alejados o con prejuicios respecto a la doctrina de la Iglesia Católica. De hecho, algunos de los miembros de estos grupos de matrimonios expresaron su sorpresa al descubrir lo que de verdad dice la Iglesia y en qué se fundamenta y lo razonable que es la fe cristiana. En el Youcat, el edificio de nuestra fe se muestra en toda su realidad, con sus fundamentos, con la relación entre sus partes, y el ver esto puede ser para muchos una sorpresa, sobre todo si están acostumbrados a ver a la Iglesia y a sus enseñanzas a través de las lentes de los medios de comunicación social.

Propongo aquí un resumen del Youcat –que ya de por sí es un resumen del Catecismo de la Iglesia Católica-. Este resumen lo hice teniendo presente los grupos de matrimonios de mi parroquia, en su mayoría compuestos por matrimonios jóvenes con niños pequeños, para ayudarles en la preparación de la reuniones de este año. Sin embargo, aunque en este resumen del Youcat se tiene especial atención a los temas matrimoniales y familiares, creo que puede ayudar también a otras personas y grupos de diferentes contextos y con diversos grados de adhesión o crítica a las enseñanzas de la Iglesia. Añado aquí a este resumen algunas imágenes de obras de artes que se encuentran en el Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, otro resumen del Catecismo del que este año celebramos el XX aniversario de su promulgación.


Introducción

  • ¿Cómo y por qué surgió el Catecismos de la Iglesia Católica (CIC)?
Icono de Cristo
Teófanes de Creta (1546)
Monte Athos (Grecia)
Fue una iniciativa de Juan Pablo II: En un momento de confusión y de dudas sobre lo que cree la Iglesia, se debía aclarar qué es lo que cree hoy la Iglesia Católica y cómo se puede creer de un modo razonable.

  • Estructura del CIC
    • La de la experiencia catequética de muchos siglos:
          • Lo que creemos: el Credo
          • Lo que celebramos: los siete sacramentos
          • Cómo vivimos: los diez mandamientos
          • Cómo rezamos: el Padrenuestro

  • El Youcat es una de las tantas necesarias ‘traducciones’ del CIC para los distintos espacios vitales, en este caso para los jóvenes.

  • Su importancia: nos habla de nuestro propio destino. No nos regala el oído, no nos lo pone fácil, nos exige una vida nueva, pero es la “perla de gran valor” por la que vale la pena renunciar a lo demás. Hoy es necesario estar firmemente enraizados en Cristo y saber dar razón de nuestra esperanza para vivir en este mundo como creyentes.


1º parte: Lo que creemos

La adoración de los Magos
Gentile da Fabriano (1423)
Galeria de los Uffizi -Florencia (Italia)

  • Podemos decir algo con verdad de Dios, aunque Dios es siempre más grande de lo que podamos pensar o decir de él.


  • Libremente Dios se nos ha revelado y esta revelación está contenida en las Escrituras y en la Tradición. Dios se nos revela en la historia, en la historia de la salvación. Momentos señalados de esta historia: creación; vocación de Abrahán; Moisés: revelación del nombre divino y de la Ley; salida de Egipto; profetas; espera del Mesías; ENCARNACIÓN.

  • Jesucristo es la plenitud de la revelación, por eso en el diálogo interreligioso hay que mantener que Jesucristo no es uno más entre los fundadores de las grandes religiones, sino el Hijo de Dios encarnado.

  • La Sagrada Escritura: su inspiración; su inerrancia (no tiene error); el canon; cómo surgieron los textos sagrados; la forma de leerlos; importancia del Antiguo Testamento para los cristianos.

  • La fe: aceptación de una verdad en base al testimonio y también confianza en Dios; respuesta a Dios que se revela; es razonable creer aunque le fe no es la conclusión de un argumento lógico; cómo se llega a creer; es personal y a la vez comunitaria.

  • El Credo: resumen vinculante de la fe; los más importantes son el Credo de los Apóstoles (el corto) y el niceno-contantinopolitano (el largo); el germen del Credo está en el mandato de Jesús resucitado de bautizar en ‘el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu santo’.


Creo en Dios Padre

Miniatura sobre los
siete días de la creación
Biblia de Souvigny
Moulins (Francia)
  • Monoteísmo: Dios es uno; es la experiencia fundamental del pueblo de Israel: Dt 6, 4; revelación del nombre divino (JHWH) a Moisés: Ex 3, 14; Dios es la verdad; Dios es amor.

  • Trinidad: Un sólo Dios en tres personas, Dios es comunión perfecta de personas.

  • Paternidad de Dios. En el sentido de origen y autoridad, que protege y sostiene; parábola del padre misericordioso; palabra abbá que utilizaba Jesús al orar a Dios Padre.

  • Omnipotencia. Dios lo puede todo, pero ejerce su omnipotencia de forma misteriosa y nunca caprichosamente; actúa siempre con amor.

  • Creación: Dios crea todo de la nada; es una verdad teológica, de un orden distinto al de las ciencias naturales; no es incompatible con las ciencias ni con la teoría de la  evolución, pero sí con el evolucionismo como ideología que ve todo como un proceso casual, sin sentido ni finalidad; la naturaleza tiene sus leyes que le ha dado el Creador y que el hombre tiene que respetar.

  • Providencia divina: Dios cuida de todo lo creado; problema del mal.

  • Cielo: no es un lugar, sino un estado en el más allá donde su cumple plenamente la voluntad de Dios.

  • Infierno: supone la separación definitiva de Dios.

  • El hombre: es creado a imagen y semejanza de Dios; es distinto de las demás criaturas, es persona; igualdad de todos los hombres: tenemos todos un mismo origen y un mismo fin; idea de alma, como aspecto espiritual del hombre no reducible a la materia; diferencia sexual como inscrita en nuestra naturaleza y fundamento del matrimonio; homosexualidad.

  • El pecado original: alienación; relato del Génesis; consecuencias del pecado.


Creo en Jesucristo, Hijo único de Dios

La cruz, árbol de la vida
Basílica de San Clemente (Roma)
Evangelios: La palabra evangelio significa ‘buena noticia’: es la noticia de que Dios envió a su Hijo al mundo para salvarnos; en otras palabras, que Jesús de Nazaret es el Hijo único de Dios y el salvador de la humanidad. Esta fe la expresaban los primeros cristianos de distintos modos, por ejemplo dibujando un pez, ya que las letras de la palabra griega pueden ser leídas como una profesión de fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, el Salvador.

Encarnación: el Hijo eterno del Padre se hace hombre sin dejar de ser Dios; por eso Jesús es verdaderamente hombre y verdaderamente Dios; la Iglesia se esforzó por aclarar este misterio luchando contra distintas herejías (arrianismo, docetismo, nestorianismo, monofisismo...) y proponiendo en los diversos concilios, como el de Calcedonia, fórmulas legítimas para hablar del misterio de Jesús. Al ser verdaderamente hombre, fue en todo igual a cualquiera de nosotros, excepto en el pecado.

María: Virginidad de María: no es una idea mitológica, es una virginidad real y no meramente simbólica y así la entendió la Iglesia desde los comienzos; y es una virginidad perpetua, lo que excluye que Jesús tuviera hermanos. Cuando se habla de hermanos de Jesús en el evangelio hay que entenderlos como parientes cercanos, ya que en arameo se utiliza la misma palabra para hermanos y primos. María es la Theotókos, madre de Dios, porque el que engendra en su seno es el Hijo de Dios. La Inmaculada Concepción significa que Dios preservó a María del pecado original desde el comienzo de su existencia. María es nuestra Madre, porque Jesús nos la dio como madre en la cruz.

Los Misterios de la Vida de Jesús: Vida escondida en Nazaret: santificación de la vida ordinaria y familiar; bautismo de Jesús: solidaridad con los pecadores y anticipación de su muerte (inmersión en el agua) y resurrección (voz del cielo); tentaciones en el desierto: combate espiritual de todo cristiano; predicación del Reino: dirigida preferentemente a los pobres y pecadores; milagros: como sucesos reales que señalan el comienzo del Reino de Dios y confirman el mensaje de Jesús; llamada de los apóstoles: continuadores de la misión de Jesús y testigos de la resurrección, cuyos sucesores son los obispos, y con una papel especial desempeñado por Pedro y su sucesor que es el obispo de Roma, el papa; transfiguración: manifestación de la gloria divina de Jesús y preparación de los apóstoles para el escándalo de la cruz; última cena: en un contexto pascual haciendo memoria de la liberación de Egipto como símbolo de una liberación más profunda; Jesús es el verdadero cordero pascual; condena: Jesús fue condenado a muerte porque se arrogaba un poder divino y cabían solo dos posibilidades, o era verdad o era un blasfemo, lo que implicaba la pena de muerte; los responsables de su muerte somos todos nosotros, no el pueblo judío como tal; no fue una casualidad la muerte de Jesús, sino que fue querida por Dios para nuestra salvación; en la última cena Jesús instituyó la Eucaristía y el sacerdocio; en el huerto de los olivos experimentó realmente el miedo humano ante la muerte y se decidió por un sí a la voluntad del Padre; en la cruz Jesús bajó a los más profundo del sufrimiento y del dolor humano; la resurrección es un suceso real; los apóstoles creyeron en la resurrección por los encuentros con el Resucitado y por la tumba vacía; la ascensión al cielo marca el final de las apariciones y el inicio de un nuevo modo de presencia del Señor; la parusía es la segunda venida del Señor cuando vendrá con gloria al final de los tiempos para juzgar a vivos y muertos y establecer definitivamente el Reino.

Creo en el Espíritu Santo, la Santa Iglesia Católica, el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida eterna

Espíritu Santo: es la tercera Persona de la Trinidad, Dios igual al Padre y al Hijo; los carismas son dones especiales del Espíritu Santo; los símbolos utilizados para hablar del Espíritu son, entre otros: el fuego, el agua, el viento, la paloma; habló por los profetas en los tiempos del Antiguo Testamento; en Pentecostés Jesús envía su Espíritu sobre los apóstoles y comienza el tiempo de la Iglesia; el Espíritu Santo actúa en la Iglesia cuando se celebran los sacramentos, cuando se proclama la Palabra de Dios, cuando mueve a la los cristianos a la misión, etc., es el ‘huésped silencioso de nuestra alma’, en palabras de san Agustín; se nota que dejamos actuar el Espíritu Santo en nuestra vida cuando manifestamos los frutos del Espíritu.

La Iglesia: la comunión de vida de todos los bautizados; se usan distintas imágenes para referirse a ella: cuerpo de Cristo, pueblo de Dios, esposa de Cristo; la Iglesia no es sólo la institución visible, es también signo e instrumento de la unión con Dios, por eso decimos que creemos en ella; su misión es hacer brotar y crecer en todos los pueblos el Reino de Dios; la Iglesia es misterio de fe porque es una realidad humano-divina, en ella está presente y actúa Dios; la Iglesia puede ser sólo una, porque hay sólo un cuerpo de Cristo, aunque se concrete en iglesias locales; a esta Iglesia pertenecen todos los bautizados aunque no estén en plena comunión con la Iglesia de Roma, de ahí la importancia del ecumenismo y el trabajar por la plena unidad visible de todos los bautizados; la Iglesia es santa porque Dios actúa en ella y por ella; es católica porque es universal; la relación de la Iglesia con el pueblo judío es muy especial; la relación con las demás religiones implica el respeto de la libertad religiosa como derecho humano fundamental; la Iglesia es apostólica porque está fundada sobre el fundamento de los apóstoles y es guiada por sus sucesores, los obispos; está formada por clérigos y laicos, iguales en dignidad pero con diferente misión; los religiosos son los que hacen los votos de castidad, pobreza y obediencia (los ‘consejos evangélicos’) y pueden ser tanto laicos como clérigos; los laicos no son cristianos de segunda clase: tienen una misión que le es propia; la Iglesia no es una democracia porque el poder en ella no deriva del pueblo, sino de Dios y éste es el fundamento de la jerarquía en la Iglesia; el papa es sucesor de Pedro y detenta la autoridad máxima en las decisiones doctrinales y disciplinares; el papa es infalible cuando proclama algo que se refiere a le fe o a la moral como definitivo; los obispos son sucesores de los apóstoles y están al frente de las iglesias particulares.

Jesús da la comunión a los apóstoles
Joos van Wassenhove
Urbino (Italia)
Por comunión de los santos se entiende la comunión de todos los creyentes en Cristo, vivos y muertos, que forman un solo cuerpo que abarca cielo y tierra y en el que nos podemos ayudar unos a otros, tanto los que ya están en la gloria de Dios intercediendo por nosotros, como nosotros pidiendo por los que todavía necesitan purificarse para encontrarse con el Señor cara a cara. Entre los santos destaca María que es nuestra madre e intercede por nosotros; a María no la adoramos, pero sí la veneramos como madre del Señor.

La Iglesia puede perdonar los pecados porque el Señor le dio este poder. El perdón de los pecados se da fundamentalmente en el sacramento del bautismo y en los ya bautizados en el sacramento de la reconciliación. Para los bautizados que cometan pecados graves es necesario confesarse para tener seguridad de haber sido perdonados.

Nuestra fe en la resurrección de los muertos se fundamenta en la resurrección de Jesús. También nuestra carne participará de algún modo de la resurrección final. Todo nuestro ser será salvado.

El juicio particular es el juicio que tiene lugar en el momento de nuestra muerte; el cielo es el estado en que se disfruta eternamente del amor de Dios; el purgatorio es el estado de purificación previo a poder gozar definitivamente del Señor y nosotros podemos ayudar con nuestras oraciones a los que están en él; el infierno es el estado de separación eterna de Dios de quien muere conscientemente y por propia voluntad en pecado mortal; no es Dios quien condena, es el hombre que se autoexcluye del amor de Dios; el infierno existe porque Dios nos ha creado libres; el juicio final será al final de los tiempos y con él se acabará el mundo y empezarán los cielos nuevos y la tierra nueva.


2º parte: Cómo celebramos los misterios cristianos


P. Rupnik - Centro Aletti
Capilla "Redemptoris Mater"
Vaticano
  • En la liturgia tiene lugar un encuentro real con Cristo. Por eso es tan importante. La salvación nos llega a través de la fe y de los sacramentos: “Y les dijo: ‘Id al mundo entero y proclamad el evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará; el que no crea será condenado’” (Mc 16, 15).

  • La liturgia es fuente y culmen de toda la acción de la Iglesia; de ella todo mana y a ella todo tiende.

  • Los sacramentos son signos visibles de una realidad invisible y fueron instituidos por Cristo.

  • La salvación viene de la fe y de los sacramentos, no sólo de la fe como afirman los protestantes; Dios quiere acercarse a todo nuestro ser, no sólo a la cabeza.

  • Es la Iglesia la encargada de celebrar los sacramentos y custodiarlos.

  • Los sacramentos que confieren carácter, es decir, un sello indeleble en el alma, se reciben solo una vez en la vida: bautismo, confirmación y orden sacerdotal.

  • Los sacramentos suponen la fe, pero también la fortalecen y la expresan.

  • Su eficacia no depende de la dignidad de quien los celebra (actúan ex opere operato).

  • En la liturgia hay signos y palabras.

  • En un cierto sentido la liturgia nos hace contemporáneos de Jesús (cf. Soren Kierkegaard; n. 1859).

  • Idea del año litúrgico con sus tiempos fuertes (Pascua y Navidad, precedidos de la Cuaresma y el Adviento).

  • El domingo es el día del Señor; importancia de vivirlo bien, de aprender a santificar las fiestas.

  • En la liturgia hay elementos que se pueden cambiar y otros que no porque son de origen divino.

  • Clasificación de los sacramentos:
    • De iniciación: bautismo, confirmación y eucaristía
    • De curación: penitencia y unción
    • De servicio: matrimonio y orden

Bautismo
·      Es el primero de los sacramentos y es condición para recibir todos los demás; nos une a Cristo, nos libera del pecado original y de los pecados personales que hayamos cometido.
·        Forma de celebrarlo: inmersión en agua (o infusión) con la fórmula trinitaria.
·    Cualquier persona no bautizada es apta para recibirlo. Se exige la fe, que pueden confesar los padres en representación de sus hijos.
·   Ministro del bautismo: cualquiera que quiere hacer lo que hace la Iglesia; ordinariamente el obispo, el presbítero o el diácono.
·       El bautismo es necesario para la salvación (cf. Jn 3), pero existe también el bautismo de deseo.

Confirmación
·         Completa el bautismo y en ella se recibe el don del Espíritu Santo.
·        Puede recibir este sacramento todo bautizado que esté en estado de gracia.
·         El ministro originario es el obispo, pero puede delegar en un sacerdote.

Eucaristía
·         La palabra significa ‘acción de gracias’; en la Eucaristía se renueva el sacrificio de Jesús en la cruz de forma incruenta; Jesús la instituye en la última cena.
·         Es la Eucaristía la que hace la Iglesia.
·         Dos partes de la Misa: liturgia de la Palabra y liturgia eucarística.
·         Otros elementos de la misa: kyrie, gloria, aleluya, sanctus, agnus dei, etc.
·         El sacerdote actúa in persona Christi capitis.
·         Concepto de transubstanciación.
·         Conservación de las formas consagradas: tabernáculo.
·         Precepto dominical.
·         Comunión y ecumenismo.

Sacramento de la penitencia
·         Recibe distintos nombres: confesión, reconciliación, conversión, perdón, etc.
Tríptico de los siete sacramento
Roger van de Weyden
Amberes (Bélgica)
·         Lo instituyó Jesús el día de Pascua: Jn 20, 22: “a quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados”; parábola del padre misericordioso.
·    Puede perdonar los pecados sólo Dios y quien ha recibido de él este poder: los apóstoles y sus sucesores.
·        El arrepentimiento sincero es necesario para recibir el perdón y es distinto del complejo de culpa patológico.
·     Hay que entender la penitencia que impone el sacerdote como reparación por el mal cometido; suele consistir en oraciones, ayunos o limosna.
·        Para el perdón de los pecados se requiere el arrepentimiento por parte del penitente y la absolución de parte del sacerdote.
·   Los actos del penitente son: examen de conciencia, arrepentimiento, propósito de enmienda, confesión y penitencia.
·        Hay que confesar los pecados graves que se recuerden y que no se han confesado; la absolución general sin confesión individual se puede dar solo en determinados casos.
·         Hay que confesar los pecados graves antes de recibir la comunión y por lo menos una vez al año.
·   Aún cuando no hay obligación formal de confesarse por no haber cometido un pecado grave, es útil confesarse para crecer espiritualmente.
·        Hay pecados que están sancionados con la excomunión, por ejemplo el aborto.
·        El sacerdote está obligado a mantener el secreto absoluto.
·         La confesión reconcilia con Dios y con la Iglesia.

Unción de los Enfermos:
·    La Iglesia, siguiendo el ejemplo de Jesús y obedeciendo a su mandato, se ha ocupado siempre de los enfermos.
·     Es un sacramento destinado a quien está gravemente enfermo: se puede recibir varias veces a lo largo de la vida.
·      Se realiza mediante la unción en la frente y en las manos con el óleo bendecido, acompañada de las palabras correspondientes.
·       La unción une al enfermo con Cristo paciente y perdona sus pecados.
·      Hay que recuperar este sacramento y desligarlo de la idea de extremaunción y del miedo correspondiente; hay que saber preparar a nuestros enfermos para que lo reciban.
·       Lo pueden celebrar los presbíteros y los obispos.
·       Hay que distinguirlo del viático que es la última comunión que se recibe antes de morir y que es el verdadero sacramento de los moribundos.

El Orden
Ilustración del Tetraevangelio
Jacob Copista
Viena (Austria)
·        El sacerdocio es participación en el único sacerdocio de Cristo.
·        El sacramento del Orden tiene tres grados: obispo, sacerdote y diácono.
·   El obispo tiene la plenitud del sacramento del Orden, es sucesor de los apóstoles, y tiene encomendadas las funciones de enseñar, gobernar y santificar.
·     La ordenación se realiza mediante la imposición de las manos y la oración consecratoria.
·        Desde el Concilio Vaticano II se ha vuelto a instaurar el diaconado permanente que puede ser ejercido por célibes y casados.
·         La mujeres no pueden ser ordenadas porque Jesús al instituir el sacerdocio en la última cena eligió solo a varones.
·   La Iglesia romana exige a los presbíteros y obispos el celibato. El celibato es signo de la entrega plena al Señor y de disponibilidad para el servicio.
·     Hay un sacerdocio común de los fieles, distinto del sacerdocio ordenado; estos dos tipos de sacerdocio se implican mutuamente.

El matrimonio
·    Se fundamenta en la naturaleza misma del hombre y la mujer, creados varón y hembra a imagen de Dios.
·     El matrimonio se celebra mediante una promesa pública consumada en la unión corporal entre los esposos (rato y consumado, en términos canónicos).
·  Los ministros son los propios esposos; el sacerdote o diácono es testigo calificado.
·     Para la validez del matrimonio se requiere: consentimiento matrimonial, ausencia de impedimentos y respeto de la forma canónica.
·        El consentimiento implica querer una unión exclusiva con el otro para toda la vida y estar abierto a los hijos que Dios quiera dar.
·         El matrimonio es indisoluble porque es signo de la fidelidad de Dios y así lo enseña Jesús.
·         Lo que en el fondo amenaza el matrimonio, más allá de condicionantes psicológicos y sociales, es el pecado.
·        No todos están llamados al matrimonio y los que viven solos por distintos motivos pueden también tener una vida plena y fecunda.
·         Para los matrimonios mixtos (entre católico y bautizado no católico) se requiere dispensa del obispo.
·       Cuando se celebra un matrimonio con un miembro de otra religión, se habla de matrimonio de disparidad de culto y se requiere también dispensa del obispo y es un matrimonio no sacramental. Muchas veces se desaconseja.
·         A los cristianos se les permite la separación pero no el divorcio.
·         Situación de los divorciados vueltos a casar.
·         La familia como Iglesia doméstica.

Otras celebraciones
·        Sacramentales: profesión religiosa, cenizas, agua bendita, bendiciones...
·        Exorcismo: el solemne se realiza en contadas ocasiones y después de un cuidadoso examen.
·        La piedad popular tiene cosas buenas y cosas que hay que purificar; v.gr. las procesiones de Semana Santa.
·        Veneración de las reliquias.
·        Peregrinaciones: es ‘orar con los pies’; ir a lugares que desprenden paz y fuerza.
·        Vía crucis


3º parte: Cómo obtenemos la vida en Cristo


Fundamentos de la moral católica

San Juan contempla la
Inmaculada Concepción
El Greco
Toledo (España)
  • Necesitamos la ayuda de Dios para hacer el bien y esta ayuda, que llamamos gracia, nos llega por la fe y los sacramentos.
  • El ser humano tiene una dignidad inviolable que no depende de sus éxitos o fracasos, sino de que es creado por Dios y llamado a la comunión con él, a la vida eterna.
  • El mensaje central de las bienaventuranzas es que la felicidad viene de seguir el estilo de vida de Jesús y buscar la paz con un corazón limpio.
  • Dios nos ha hecho libres para poder elegir el bien, aunque el grado de libertad y responsabilidad por nuestros actos puede variar en función de la coacción, el miedo, la ignorancia, las malas costumbres, las drogas…
  • La libertad religiosa y de conciencia está inscrita en la dignidad del hombre y la Iglesia la defiende.
  • El hombre puede distinguir si sus actos son buenos o malos usando su inteligencia y siguiendo la voz de la conciencia. Existen tres criterios fundamentales a tener en cuenta para juzgar la bondad de un acto: el objeto del acto en sí, la intención y las circunstancias. No es lícito nunca hacer directamente algo que es malo en sí; una intención mala hace malo cualquier acto aunque el objeto sea bueno y las circunstancias no cambian la calidad del acto pero afectan el grado de responsabilidad.
  • No se debe hacer ningún acto que sea malo en si mismo, aunque es lícito tolerar el mal menor para evitar un mal mayor; el fin no justifica los medios si éstos son intrínsecamente malos.
  • Los sentimientos y pasiones no son en sí ni malos ni buenos, dependen de lo que hagamos con ellos.
  • Nadie puede ser obligado a actuar contra su conciencia incluso si lo que le dicta es erróneo, con tal de que su acto no vaya contra el bien común.
  • No es pecado actuar según un juicio de conciencia cierto pero erróneo que no sea culpable; de todas formas, es un deber formar la propia conciencia.
  • Las virtudes son disposiciones estables a hacer el bien que se pueden entrenar con ayuda de la gracia de Dios; las virtudes cardinales son la prudencia (capacidad de reconocer lo que es justo y elegir los medios adecuados para obtenerlo), la justicia (dar a cada uno lo que le es debido), la fortaleza (perseverancia) y la templanza (autocontrol).
  • Las virtudes teologales son la fe, la esperanza y la caridad. Tienen a Dios como fundamento y meta.
  • La esperanza es la confianza de que lo que Dios ha prometido se cumplirá y la espera esperanzada y activa de ello. El objeto de nuestra esperanza es la comunión con Dios mismo.
  • Los dones del Espíritu Santo son: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.
  • Los frutos del Espíritu Santo son caridad, gozo, paz paciencia, longanimidad, bondad, benignidad, mansedumbre, fidelidad, modestia, continencia, castidad.
  • Dios se ha revelado como un Dios misericordioso por eso debemos confesar con confianza nuestros pecados y nunca desesperar de su misericordia.
  • Un pecado es una palabra, un acto o una intención que atenta consciente y voluntariamente contra el orden establecido por Dios; no es equivalente a infringir unas normas establecidas por los hombres. De hecho, hay ocasiones en que obedecer una ley hecha por los hombres es pecado, cuando esta ley es injusta y va contra el derecho natural (v.gr. el aborto).
  • Los pecados graves apartan de Dios mientras los veniales enturbian la relación con él. El pecado grave para ser tal debe ser cometido con pleno conocimiento y con consentimiento deliberado.
  • Los pecados capitales, relacionados con los vicios que adormecen la conciencia y predisponen al pecado, son: soberbia, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula, pereza.
  • Podemos ser responsables de los pecados de los demás si inducimos a ellos, si colaboramos o si omitimos de advertir para que no se cometan.
  • Aunque el pecado es siempre algo personal, se puede hablar de ‘estructuras de pecado’ porque surgen de pecados personales y son contrarias a lo que Dios quiere, y crean y mantiene situaciones injustas: v.gr. la distribución de la riqueza en el mundo.
  • El principio de subsidariedad, desarrollado por la doctrina social de la Iglesia, es fundamental para conciliar el individuo y la sociedad: lo que puede hacer el individuo por sí mismo y con sus propios medios no debe ser suplantado por una instancia superior. V.gr. lo que es propio de la familia no debe ser realizado por el Estado.
  • El orden social y su progreso deben subordinarse al bien de las personas y no al contrario.
  • Dios ha creados a todos los hombres con igual dignidad por eso es inaceptable cualquier discriminación por causa de sexo, raza, cultura o religión.
  • Hay desigualdades entre los hombres que derivan de las diferencias entre los talentos que ha recibido cada uno y otras que provienen del reparto injusto de materias primas, propiedades y capital. Las desigualdades injustas entre los hombres deben ser abolidas.
  • Los cristianos deben comprometerse para que todos tengan acceso a los bienes materiales y espirituales necesarios para una vida digna.
  • Existe una ley natural que puede ser conocida por la razón. En el Antiguo Testamento encontramos expresados algunos preceptos de esta ley natural que se acreditan como Ley de Dios. Este es el caso de los diez mandamientos.
  • Para los cristianos no es el cumplimiento de la ley lo que nos salva, lo que nos pone en una buena relación con Dios, sino la fe; la ley nos enseña el camino pero es difícil recorrerlo sin la ayuda de Dios.
  • La ley del Antiguo Testamento llega a su plenitud en el Nuevo, que no añade nuevos preceptos exteriores sino cambia su raíz que es el corazón del hombre.
  • La doctrina de la justificación indica que lo que nos hace justos ante Dios no es nuestro respeto de la Ley, sino la justicia de Cristo que se nos aplica por la fe, gratuitamente.
  • La gracia es el acercamiento gratuito y amoroso de Dios a nosotros, acercamiento del que a veces somos consciente y otras veces no; significa “ser contemplados por Dios, ser tocado por su amor” (Benedicto XVI). La gracia recibe distintos nombres (cf. n. 339: santificante, habitual, actual, sacramental, de estado, etc.), pero en el fondo es sólo una, es Dios mismo que se dona.
  • Hay una relación difícil de aclarar entre la gracia de Dios y la libertad del hombre: sin la gracia no podemos hacer nada, sin embargo Dios nos deja libres para elegir y exige nuestra colaboración (máxima de San Ignacio de Loyola de rezar como si todo dependiera de Dios y obrar como si todo dependiera de nosotros).
  • Lo que nos justifica es la fe, pero la fe sin las obras está muerta; la fe se manifiesta en las buenas obras.
  • Hay una vocación universal a la santidad, es decir, todos estamos llamados a la santidad. Esta es la vocación fundamental de todo cristiano. No hay dos cristianismos: uno más perfecto para pocos y otro más laxo para la mayoría.
  • La Iglesia nos ayuda a llevar una vida santa a través de: la transmisión de la fe, la celebración de los sacramentos  -especialmente la Eucaristía-, la proclamación de la Palabra de Dios, el ejemplo de los santos, etc.
  • El Magisterio de la Iglesia no sólo se refiere a lo que está contenido en el evangelio, sino también a la ley moral natural.
  • Los cinco mandamientos de la Iglesia son de obligado cumplimiento para todo católico y son “exigencias de mínimos” para llevar una vida cristiana.
  • La doble moral (diferencia entre lo que se predica en público y lo que se hace en la vida privada) es un contratestimonio a la verdad del evangelio.
  • Los diez mandamientos son inmutables y valen siempre y en todas partes: son mandatos de la razón y parte esencial de la revelación vinculante de Dios.


Primer mandamiento: Amarás a Dios sobre todas las cosas

El sermón de la montaña
Beato Angélico
Florencia (Italia)
·  Conocer a Dios, servirle, adorarlo, es la prioridad absoluta en la vida. La reverencia y adoración son la respuesta adecuada a Dios que se manifiesta y se hace presente.
·    No se puede imponer a nadie la fe, ni a los propios hijos. Es imprescindible el respeto de la libertad religiosa.
·       Este primer mandamiento prohíbe: tener ídolos (cosas o personas que usurpan el lugar de Dios), consagrar la vida sólo a lo terrenal; ser supersticioso; tentar a Dios; cometer sacrilegio (profanar lo sagrado); ejercer la simonía (comerciar con las cosas de Dios).
·    El esoterismo tiene una concepción falsa de Dios, al no considerarlo como un ser personal y compasivo, sino como una energía cómica impersonal (New Age). El panteísmo que profesan algunos también es incompatible con la fe cristiana en un Dios que no se identifica con el cosmos.
·      A través del Yoga, la meditación con técnicas orientales, el Reiki, etc., que parecen en principio inofensivos, se puede estar transmitiendo una idea falsa de Dios.
·   Existen varias modalidades actuales del antiguo gnosticismo que diferenciaba entre los iniciados y el pueblo llano y sostenía que se alcanzaba la salvación a través del conocimiento y no de la fe.
·     La magia pretende controlar y manipular a Dios en vez de confiar en él.
·     El ateísmo es un pecado contra el primer mandamiento, pero el grado de responsabilidad del individuo que lo profesa puede variar en función de sus intenciones y circunstancias. Hay que distinguir entre ateísmo (negación de la existencia de Dios) y agnosticismo (deja la cuestión de la existencia de Dios abierta al considerar que con la razón no se puede saber).
·    La prohibición de hacer imágenes de la divinidad contenida en este primer mandamiento y que siguen respetando los judíos y los musulmanes, quedó superada en el cristianismo gracias a la encarnación del Hijo de Dios con la que Dios asumió un rostro humano que se puede representar.


Segundo mandamiento: No tomarás el nombre de Dios en vano

·     Este mandamiento prohíbe: pronunciar el nombre de Dios de forma irreverente, blasfemar, maldecir usando su nombre, hacer falsas promesas y dar falso testimonio en nombre de Dios. Es un mandamiento que exige reverencia hacia lo sagrado, tanto objetos, como personas.
·    Para los cristianos la señal de la cruz es una forma de ‘cristianizar’ lo que hacemos poniéndolo bajo el signo de la cruz y la presencia de la Santísima Trinidad.
·     Hay que elegir bien el nombre de pila que ponemos a nuestros hijos; es importante que tengan un santo patrono que interceda por ellos.


Tercer mandamiento: Santificarás las fiestas

·    Para el pueblo judío el respeto del sábado es crucial: recuerda el día en que Dios reposó después de crear el mundo y hace presente la liberación de la esclavitud de Egipto y anticipa el mundo futuro. El sábado es un signo de identidad para el pueblo de Israel y forma parte de su ser.
·    Jesús relativiza el sábado: “El sábado ha sido hecho para el hombre y no el hombre para el sábado”. Al hacerlo, muestra que él es el Mesías, el ‘Señor del sábado’. Si su pretensión no fuera cierta, sería un impostor y blasfemo que transgrede una de las leyes más sagradas del pueblo elegido.
·      Los cristianos sustituyen el sábado por el domingo porque es el día de la resurrección de Cristo, el día de la nueva creación, pero al hacerlo mantienen el significado fundamental que tenía el sábado para el pueblo judío.
·     Se santifica el domingo participando en el culto de la comunidad cristiana y evitando todo lo que impide la adoración de Dios y que perturba el carácter de la fiesta, de alegría, paz y descanso.


Cuarto mandamiento: Honrarás a tu padre y a tu madre

·        Deber de amor, agradecimiento y afecto hacia nuestros padres.
·      Importancia de la familia como célula de la sociedad y como Iglesia doméstica: lugar donde se vive y se transmite la fe a las nuevas generaciones.
·        La familia fundada en el matrimonio, entendido como una unión estable de un hombre y una mujer abierta a la vida, es querida por Dios y debe ser respetada y protegida por el Estado.
·       Los hijos son don de Dios y no propiedad de los padres; los padres deben hacer todo lo necesario para que se puedan desarrollar corporal y espiritualmente de la mejor forma posible.
·      Los padres deben hacer todo lo que está en sus manos para que los hijos experimenten que vivir en la presencia y cercanía de Dios es valioso y benéfico.
·    La relación del hombre con Dios es la más importante y tiene prioridad incluso sobre las relaciones familiares: “El que quiera a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí”.
·        Hay que ejercer la autoridad como servicio y no de forma arbitraria.
·      Existe la obligación para el cristiano de colaborar lealmente con los organismos estatales y contribuir al bien común en verdad, justicia, libertad y solidaridad; se debe amar a la propia patria, defenderla si es el caso, y pagar los impuestos justos.
·      No se deben seguir las prescripciones de las autoridades civiles que son contrarias a la ley de Dios: resistencia pasiva, lucha no violenta, etc.


Quinto mandamiento: No matarás

·      Excepto en caso de legítima defensa o auxilio necesario, nadie puede matar a otra persona: la vida humana es sagrada, pertenece a Dios; incluso nuestra propia vida no nos pertenece, sino que nos ha sido confiada.
·     Este precepto prohíbe el asesinato y la cooperación en él; el aborto; el suicidio; la automutilación y la autodestrucción; la eutanasia.
·      La pena de muerte es solo aceptable en el caso en que la sociedad no se pueda defender de otro modo que con la muerte del reo, pero estos casos son muy raros y prácticamente no se dan; por tanto, hoy la Iglesia es contraria a su utilización.
·      La eutanasia en sentido propio es una acción u omisión que por su naturaleza y en la intención causa la muerte con el fin de eliminar el dolor; en cuanto tal es un homicidio y es inaceptable. En cambio, la administración de calmantes, aunque pueda tener como consecuencia acortar la vida, o la renuncia al encarnizamiento terapéutico, no es eutanasia; la muerte no debe ser causada, pero tampoco absurdamente retrasada. Hay que promover los cuidados paliativos.
·       El aborto no es aceptable en ningún caso, ni en ningún momento del desarrollo del embrión a partir de la concepción. De este modo, no se puede abortar un niño con minusvalía, ni se puede investigar con embriones vivos y células madres embrionarias. La vida humana comienza con la unión del espermatozoide y el óvulo.
·    El quinto mandamiento implica también el respeto por la integridad física y psíquica de las personas (contra la seducción mental, la agresión sexual, la violencia física, etc.)
·        Hay que respetar el propio cuerpo: No existe un derecho humano a destruir el propio cuerpo recibido por Dios (v.gr. con incisiones, etc.).
·        La salud es un valor importante pero no absoluto. No hay que caer en el culto al cuerpo.
·      El tomar drogas, al ser un acto de autodestrucción, es pecado, aunque hay también un uso razonable, consciente y moderado de drogas, por ejemplo en el ámbito médico; v.gr. estimulantes, morfina, etc.
·     Las donaciones de órganos son un verdadero acto de caridad con el prójimo, siempre y cuando las personas no sean obligadas a ello.
·        Se atenta contra el derecho a la integridad física de las personas con el uso de la violencia, el secuestro y la toma de rehenes, el terrorismo, la tortura, la violación, la esterilización por la fuerza, la amputación, la mutilación...
·        Los cristianos deben tratar con respeto y caridad el cuerpo de un difunto, conscientes de que Dios lo ha destinado a la resurrección final. Hay que cuidar la forma de comportarse con las cenizas de los difuntos, evitando extravagancias que no son apropiadas.
·        La paz es la consecuencia de la justicia.
·      La ira o cólera es una reacción natural ante una injusticia experimentada, pero hay que cuidar que no se convierta en odio y deseo de venganza.
·       La acción no violenta tiene un gran valor para Jesús y la Iglesia respeta a los que rehúsan el empleo de las armas.
·      Sin embargo, la Iglesia no defiende un pacifismo radical, porque hay un legítimo uso de la guerra como último recurso.


Sexto mandamiento: No cometerás adulterio

Pentecostés
Icono copto
·      El hombre es un ser sexuado. El hombre y la mujer son distintos y complementarios y tienen la misma dignidad como personas.
·         El amor es la entrega libre del corazón.
·         Sexualidad y amor van inseparablemente unidos. El encuentro sexual necesita el ámbito de un amor fiel y seguro. El sexo sin amor es mentira y perjudica a la larga al cuerpo y al alma.
·     La castidad hay que entenderla como la virtud mediante la cual se reserva el deseo sexual de forma consciente y decidida para el amor, integrándolo en la persona. Castidad y continencia no son lo mismo: una persona casada con una vida sexual activa cuando la vive como expresión de amor es casto. La castidad es una virtud moral y también un don de Dios, una gracia, fruto también del trabajo espiritual. Vivir un amor casto implica no ser esclavo de los propios instintos y pasiones.
·       Todos están llamados a vivir la castidad, aunque no la continencia. Ser castos significa vivir el amor de una forma integrada.
·         La Iglesia se opone a las relaciones prematrimoniales porque quiere defender el amor. No se puede decir a otra persona “te quiero” con el cuerpo cuando no es verdad.
·       La masturbación es una falta contra el amor, porque convierte el placer sexual en un fin en sí mismo. El autoerotismo unido a la pornografía puede llevar al aislamiento y a que sea cada vez más difícil crear relaciones interpersonales gratificantes y sanas.
·       La fornicación, entendida como realizar actos sexuales fuera de la unión matrimonial, es una falta grave contra el amor porque ofende a la dignidad de la persona y niega el sentido de la sexualidad humana.
·       La prostitución que convierte el amor en mercancía y en la que la persona es degradada a objeto de placer es una falta grave contra la dignidad humana y un pecado grave contra el amor.
·         La pornografía también es una falta grave contra el amor y la dignidad humana.
·     El violador comete un crimen contra la esencia del amor, ya que el amor es libre por naturaleza y este crimen es más reprobable si tiene lugar en el contexto de una relación jerárquica o de autoridad.
·       La Iglesia rechaza el uso del preservativo para luchar contra el Sida y apuesta por una nueva cultura de las relaciones humanas y un cambio de la conciencia social. La fidelidad conyugal y la continencia fuera del matrimonio son los mejores medios para luchar contra el Sida.
·      La Iglesia acoge sin condiciones a las personas con tendencias homosexuales. Al mismo tiempo afirma que todas las formas de encuentros sexuales entre personas del mismo sexo no corresponden al orden de la creación.
·         Lo esencial del matrimonio cristiano es la unidad, la indisolubilidad, la apertura a la prole y la ordenación al bien del cónyuge.
·         El cristianismo se opone a quien afirma que el placer sexual es malo en sí mismo, aunque sí afirma que el placer no es un fin en sí mismo.
·         El niño que nace del amor es un don y una bendición de Dios; es una criatura de Dios totalmente nueva y única.
·      Una pareja cristiana puede legítimamente decidir cuántos hijos puede asumir responsablemente en su situación económica, social o de salud; esto a veces se designa como paternidad responsable.
·     Un matrimonio cristiano puede utilizar métodos de regulación de la fecundidad, especialmente los llamados de ‘planificación familiar natural’ que se corresponden a la dignidad del varón y de la mujer, que respetan las leyes internas del cuerpo femenino y que exigen ternura y unas relaciones recíprocas respetuosas. Los métodos anticonceptivos, en cambio, distorsionan la naturaleza propia de la relación íntima conyugal, haciéndola intencionadamente infecunda.
·      En caso de esterilidad, se puede recurrir a toda ayuda médica que no contradiga la dignidad de la persona, los derechos del niño que se desea concebir y la santidad del sacramento del matrimonio. No hay derecho absoluto a tener un hijo; un hijo es un don de Dios. Cuando se han agotado los recursos legítimos de la medicina se puede pensar en adoptar o acoger a niños o comprometerse de otro modo con la sociedad.
·      La ayuda de la medicina se extralimita y por tanto no es aceptable cuando se disuelve  y destruya por medio de una tercera persona la paternidad conjunta de los padres (v.gr. fecundación heteróloga), o cuando la concepción se convierte en un acto técnico fuera de la unión sexual dentro del matrimonio.
·      La doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio: el matrimonio rato y consumado entre bautizados no puede ser disuelto por ningún poder humano, ni por ninguna causa fuera de la muerte.
·         En caso de adulterio y cuando el matrimonio ya no es viable se puede pensar en la separación.


Séptimo mandamiento: No robarás

·         El séptimo mandamiento prohíbe quitarle algo a alguien, pero implica también la justa administración y el reparto de los bienes de la tierra, la regulación de las cuestiones de la propiedad privada y el reparto de los rendimientos del trabajo humano y de las materias primas y la protección de la naturaleza. Es un mandamiento que hace referencia a la doctrina social de la Iglesia.
·         El derecho a la propiedad privada es relativo y no absoluto, porque Dios creó la tierra y sus bienes para todos los hombres.
·        El robo es la apropiación indebida de un bien ajeno. Pero también se peca contra el séptimo mandamiento por la retención injusta del salario justo, por quedarse con objetos encontrados que deben ser devueltos, por los engaños en general, por dar trabajo a los empleados en condiciones contrarias a la dignidad personal, por no mantener los acuerdos suscritos, por despilfarrar las ganancias, por elevar o bajar artificialmente los precios, por poner en peligro el puesto de trabajo de un compañero, por el soborno y la corrupción, por inducir a los subordinados a cometer actos ilegales, por exigir honorarios desproporcionados, por derrochar o administrar mal las propiedades sociales comunes, por falsificar dinero, contabilidades o balances, por el fraude fiscal, etc.
·         También es robo la sustracción de la propiedad intelectual.
·     Es inmoral el engaño y el fraude fiscal, es decir, falsificar, silenciar o tapar hechos para impedir una evaluación fiscal correcta, aunque en un sistema fiscal complejo es lícita la ‘creatividad’...
·         La especulación es inmoral si se emplean medios deshonestos, si se pone en peligro los medios de vida propios o ajenos o cuando se ha vuelto en una adicción como el juego.
·       El vandalismo y los daños deliberados a equipamientos públicos y a bienes comunes son formas de robo.
·       Las apuestas y los juegos de azar son inmorales cuando el jugador arriesga el sustento suyo o el de otras personas, especialmente si están a su cargo.
·         Comprar o vender personas, u órganos, o embriones, etc. es algo absolutamente reprobable.
·        Existe el deber de cuidar la creación: el mandato de someter la tierra que Dios da al hombre no significa un derecho absoluto de poder disponer arbitrariamente de la naturaleza; el hombre es pastor y guardián de la creación, debe cuidar de ella.
·        Es misión de los fieles laicos comprometerse en la política, la sociedad y la economía, para transformar las realidades temporales según el espíritu del evangelio.
·    La Iglesia apoya la democracia porque entre los sistemas políticos es el que ofrece las mejores condiciones para que se realicen la igualdad ante la ley y los derechos humanos. Pero la democracia debe ser algo más que el mero dominio de la mayoría; es preciso reconocer los derechos fundamentales del hombre en cuanto tal. La democracia se fundamenta en unos valores que ella mismo no puede darse; por eso hay que estar atentos a que no se socaven los derechos fundamentales del ser humano. Si esto no se hace, fácilmente la democracia se vuelve una tiranía.
·         El capitalismo tiene que situarse dentro de un ordenamiento jurídico sólido.
·         Junto a los justos intereses de beneficios, los empresarios deben tener en cuenta los justos intereses de los empleados, de los proveedores, de los clientes y de toda la sociedad y también del medio ambiente.
·       El trabajo es un mandato de Dios al hombre y para la mayoría de los hombres es su medio principal de sustento. El desempleo es un mal grave que debe ser combatido con decisión. El trabajo no es un fin en sí mismo sino que debe servir a la realización de una sociedad que corresponda a la dignidad del hombre. La Iglesia defiende un salario justo, que haga posible para todos una existencia digna, y exhorta a los ricos a practicar las virtudes de la moderación y del compartir solidarios.
·     La Iglesia defiende el principio del trabajo sobre el capital: las necesidades elementales de los trabajadores tienen prioridad sobre los intereses del capital.
·     La globalización en principio no es ni buena ni mala, pero sí puede suponer una gran oportunidad para muchos países. Tiene que ser dirigida por la caridad en la verdad para evitar que las condiciones de vida de los pobres empeoren, que crezca la desigualdad y que se pisotee el medio ambiente. Esto requiere el fortalecimiento de las instituciones políticas superestatales y de la sociedad civil.
·         La pobreza y el subdesarrollo no son un destino ineludible. La tierra tiene suficientes recursos para que todos tengan una vida digna.


Octavo mandamiento: No dirás falso testimonio ni mentirás

Icono de las principales fiestas litúrgicas
·         El octavo mandamiento nos exige no mentir, es decir, no hablar ni obrar consciente y voluntariamente contra la verdad. Significa vivir en el respeto de la verdad, ser veraz.
·         El supremo testimonio a la verdad se da en el martirio cuando se entrega la vida por ella, y por amor a Dios y a los hombres.
·         Las faltas contra la verdad exigen reparación, por ejemplo cuando se calumnia a alguien. No basta que la culpa sea perdonada.
·         La verdad exige discreción: hay que comunicarla con inteligencia y caridad. Es útil para ello tener presente los ‘tres filtros’ de Sócrates: ¿Es verdad? ¿Es bueno? ¿Es útil?
·         El secreto de confesión a diferencia del secreto profesional es absoluto. Nunca puede ser revelado, ni en el caso de un crimen. Si las leyes civiles no lo defienden el sacerdote las debe desobedecer.
·         Los medios de comunicación social deben respetar la verdad y los derechos y la dignidad de las personas: No deben ensalzar la violencia, aprobar el comportamiento antisocial, promover la banalización de la sexualidad, etc.
·         El arte que expresa la belleza que es reflejo de la verdad es un medio para llegar a Dios.


Noveno mandamiento: No consentirás pensamientos ni deseos impuros

·         Este mandamiento no se opone al deseo sexual, sino al deseo desordenado, a la concupiscencia, al dominio de los impulsos sobre el espíritu. La atracción erótica es querida por Dios y buena en sí misma, pero no se debe jugar con ella de modo que ponga en peligro el ámbito protegido del matrimonio y la familia.
·         Hay que esforzarse por conseguir la limpieza de corazón de las bienaventuranzas, el tener un corazón sincero e indiviso.
·         El pudor protege el ámbito íntimo de las personas, su dignidad, lo que sólo está autorizado a ver el amor; no es mojigatería ni represión.


Décimo mandamiento: No codiciarás los bienes ajenos

·         Exige una actitud interior de respeto hacia los bienes ajenos, siendo libres de la avidez que se manifiesta en la codicia, el robo, la rapiña, el fraude, la envidia...
·         La envidia es el disgusto y enfado ante el bienestar de otros y el deseo de apropiarse indebidamente de lo que otros tienen. Hay que esforzarse por alegrarse de los éxitos y los dones de los demás. Para supera la envidia hay que tener presente la providencia amorosa de Dios también para uno mimo y en qué consiste la verdadera riqueza de la que ya participamos al estar en comunión con Dios.


4ª parte: Cómo debemos orar

La oración de Jesús en el huerto
El Greco
Toledo, Ohio (Estados Unidos)
  • La oración es la elevación del corazón a Dios. Aunque pueda parecer paradójico, orar es un don que se recibe a través de la oración y nos lleva a una relación de intimidad con Dios. “Es un impulso del corazón, una mirada lanzada hacia el cielo, un grito de reconocimiento y de amor tanto desde dentro de la prueba como desde dentro de la alegría” (Santa Teresa del Niño Jesús).

  • En el cristianismo, contemplación (vida espiritual interior) y vida activa son inseparables. Hay que ser al mismo tiempo Marta y María.

  • Abraham es modelo de oración para nosotros por su escucha y disponibilidad para hacer lo que Dios le pedía. Su oración de intercesión por Sodoma (Gn 18) es un impresionante ejemplo de oración de petición.

  • Moisés hablaba con Dios “cara a cara” como con un amigo (Ex 33, 11), y Dios promete otro profeta como Moisés. Promesa que se cumple de modo sobreabundante con Jesús que es el Hijo único de Dios que está en el seno del Padre.

  • En el Libro de los Salmos de la Biblia hay 150 salmos que han sido utilizados tanto por el pueblo de Israel, como per Jesús y por la Iglesia para la oración.

  • Jesús tenía una relación de intimidad con Dios Padre que se manifestaba en su oración y que impresionaba a sus discípulos. Una intimidad con Dios única, ya que es el Hijo de Dios, de la misma naturaleza que el Padre. Es el maestro de oración por excelencia. En sus palabras en la cruz ‘Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?’, tomadas del salmo 22, está presente todo el drama de la humanidad que experimenta la ausencia de Dios.

  • Orar bien implica tener la certeza de ser escuchados, aceptando al mismo tiempo que no seamos atendidos según nuestros propios planes (Rahner).

  • María es también modelo de oración. De ella aprendemos a decir ‘sí’ a la voluntad de Dios.

  • Importancia del rezo del Rosario. Era la oración preferida de Juan Pablo II.

  • Hay distintos tipos de oración: de bendición, de adoración, de petición e intercesión, de acción de gracias, de alabanza; la oración no es sólo pedir.

  • También nuestro cuerpo debe participar en nuestra oración. Así, rezamos de pie, sentados, de rodillas, con los brazos extendidos, postrados, etc. Cada postura corporal tiene un significado distinto que refuerza nuestra oración.

  • Es importante rezar por los demás, también por los que no conocemos, incluso por nuestros enemigos como pide Jesús.

  • Una de los recursos para la oración es la Sagrada Escritura, otro es la Liturgia de la Iglesia que nos une a todos los demás que están rezando en todo el mundo. También los acontecimientos de la vida cotidiana pueden servir para la oración.

  • Hay distintas escuelas de espiritualidad en la Iglesia: benedictina, ignaciana, franciscana, etc. que nacen alrededor de la vivencia espiritual de un santo y que siguen siendo actuales en la Iglesia y que ayudan a muchos a encontrar su camino de oración.

  • Hay tres formas de oración: la oración vocal, la meditación y la contemplación. En la oración, sobre todo en la contemplación, llegamos a veces a experimentar la presencia palpable de Dios como un regalo inmerecido de su gracia.

El Padrenuestro:

Ángeles cantores
Jan Van Eyck
Gante (Bélgica)
·         Es la única oración que Jesús enseñó a sus discípulos.
·         Consiste en siete peticiones.
·         El Padrenuestro es “la más perfecta de todas las oraciones” (santo Tomás de Aquino) y es el “resumen de todo el evangelio” (Tertuliano).
·         Podemos llamar a Dios ‘padre’ porque así nos lo ha enseñado Jesús y decimos ‘nuestro’ sintiéndonos hermanos de los demás con los que formamos un mismo cuerpo.
·         ‘Santificar el nombre de Dios’ significa hacer justicia a su realidad.
·         La petición “venga tu reino” significa que la soberanía de Dios se instale definitivamente en nuestro mundo.
·         Cuando decimos “hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”, pedimos que se cumpla universalmente la voluntad de Dios, que la tierra sea cielo.
·         Pedir el ‘pan nuestro de cada día” significa saber que todo viene de Dios y esperar de él lo bienes materiales y espirituales necesarios, comprometiéndonos en la lucha por la justicia para que todos tengan lo necesario para una vida digna.
·         Buscar e perdón de Dios y otorgarlo a los demás van juntos; eso es lo que reconocemos cuando decimos “perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
·         Cuando pedimos ‘no caer en la tentación’, le pedimos a Dios que no nos deje indefensos ante el poder de la tentación. Confiamos en su ayuda en la hora de la prueba.
·         Cuando decimos “líbranos del mal” nos referimos a Satanás, el tentador, el ‘príncipe de este mundo’.








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martes, 22 de mayo de 2012

La Ascensión, Bernardino de Siena y el nombre de Jesús



Homilía Domingo 20 de mayo
VII Domingo de Pascua – Solemnidad de la Ascensión del Señor
San Bernardino de Siena
Jornada mundial de las comunicaciones sociales

San Bernadino de Siena
 Goya 1781-1783
San Francisco el Grande (Madrid)
Hoy, 20 de mayo, la Iglesia hace memoria de san Bernardino de Siena. Fue el iniciador y un gran propagador de la devoción al nombre de Jesús, que decía era la “luz de los predicadores”, luz que ilumina a las naciones y que los predicadores, como san Pablo -vaso elegido por Dios para dar a conocer su nombre-, llevan a los pueblos cuando anuncian ‘a Jesús, y a éste crucificado’. El nombre de Jesús es poderoso, porque cuando se pronuncia con fe, hace presente al mismo Señor que está sentado a la derecha del Padre y que todo lo puede, y nos pone bajo su señorío. Por eso, dice el mismo apóstol Pablo: “Porque si profesas con tus labios que Jesús es Señor, y crees con tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvo” (Rm 10, 10).

San Bernardino de Siena murió en el día de la Ascensión, la fiesta que hoy celebramos. Esto no es una casualidad, ya que el Señor está presente en nuestras vidas con su providencia, llevando a cabo su obra de salvación para con nosotros, muchas veces en modos que no comprendemos. (Así tampoco fue una casualidad que el beato Juan Pablo II muriera la vigilia de la fiesta de la Divina Misericordia). Hay una estrecha relación entre el poder del nombre de Jesús y su ascensión al cielo. El misterio de la ascensión indica el cumplimiento del misterio pascual, la exaltación del Señor crucificado a la diestra del Padre y, por ende, una nueva presencia del Señor entre los suyos y en el mundo. Ya han pasado los días en que los apóstoles conversaban y convivían con él en Galilea y Judea, ni lo volverán a ver resucitado con su cuerpo glorioso una vez haya ascendido al cielo. En adelante su presencia será distinta. Será la del Señor crucificado que está en la gloria del Padre después de haber cumplido su obra, intercediendo continuamente por los suyos y acompañando a la acción evangelizadora de la Iglesia con su Espíritu. Con su glorificación a la diestra del Padre, Jesús recibe el “Nombre-sobre-todo-nombre”, ante el cual toda rodilla se dobla, en el cielo, en la tierra y en el abismo”, como se afirma en la Carta a los Filipenses (Flp 2, 10). Cuando pronunciamos con fe su nombre, cuando decimos Jesús es el Señor y lo creemos con el corazón, todo cambia, empieza para nosotros el reino de Dios, nos ponemos bajo se señorío, de él que ha vencido al mundo, a la carne y a Satanás. Por eso en el nombre de Jesús vencemos los demonios, superamos los peligros, vivimos de un modo distinto la enfermedad, no tememos la muerte... Su nombre es luz para nuestra vida y para las naciones.

P. Rupnik - Centro Aletti
Capilla del Colegio San Estanislao
Lublana-Šentvid - Eslovenia
Todo esto se nos dice también en el evangelio que acabamos de escuchar. Es el final del evangelio de san Marcos tal como lo encontramos en nuestras Biblias. Para muchos estudiosos no es el final original de este evangelio, ya que no aparece en algunos manuscritos antiguos y muy fidedignos y su lenguaje es distinto al resto del evangelio y también contiene un resumen de las apariciones del resucitado que parece haber sido tomado del relato de san Lucas. Sin embargo, la Iglesia lo reconoce como canónico y así lo queremos escuchar hoy nosotros, como palabra de Dios. Quizás el final original se perdió y algún escritor inspirado por el Espíritu Santo añadió este texto en sustitución. O quizás el evangelio terminaba con las mujeres que huyen del sepulcro y no dicen nada a nadie por miedo, y algún autor, considerando este final demasiado abrupto, añadió unos versículos que hicieran referencia a las apariciones. Sin embargo, por extraño que pueda parecer que el evangelio termine en el versículo 8, tiene a su favor buenos argumentos literarios y teológicos: aunque las mujeres no dicen nada y tienen miedo, a partir del sepulcro vacío surge la Iglesia y su misión, que es el signo más elocuente de la verdad de la resurrección. Si aceptamos esta propuesta, el final verdadero del evangelio no sería un texto sino la vida misma y la misión de la comunidad de los discípulos del Señor.

En este final del evangelio que hemos escuchado se nos habla de esta vida y de la misión de los discípulos del Señor que surge de la resurrección. Los discípulos reciben el mandato de ‘proclamar el Evangelio a todas la criaturas’: la Iglesia tiene clara conciencia que su deber de predicar la buena noticia no se lo da ella misma, sino que le es dado por Señor. Se afirma en este final largo del evangelio de Marcos que para salvarse es necesario creer y ser bautizados: la salvación nos llega por medio de la fe y de los sacramentos. También se dice que podemos autoexcluirnos de esta salvación si deliberada y conscientemente nos negamos a creer. Se enumeran algunos signos que acompañan a la misión de la Iglesia y que confirman la verdad de la palabra que ella anuncia. Son signos que se realizan en virtud de que el Señor ha sido “llevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios”. Son signos que muestran que Jesús es el Señor del mundo y de la historia, y que el mal y la muerte han sido vencidos en la cruz; que ya no tienen un poder definitivo sobre el hombre y el mundo.

Según el relato del Libro de los Hechos de los Apóstoles que hemos escuchado como primera lectura, los apóstoles se quedan mirando fijos al cielo mientras ven marcharse a Jesús. En esto se presentan dos hombres vestidos de blanco que dicen: “Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?”. Es casi un reproche; un reproche que muchas veces se ha dirigido a la Iglesia que mira al cielo y hace poco para cambiar el mundo y hacerlo más justo. Esto nos debe poner en guardia contra el peligro de un excesivo espiritualismo, haciendo dejadez de nuestra responsabilidad de evangelizar y mejorar el mundo. De hecho, de la ascensión de Jesús surge la misión de la Iglesia y su compromiso con el mundo para que se ponga bajo la señoría de Cristo. Sin embargo, también tenemos que evitar el peligro opuesto, el de olvidar el cielo donde está sentado Jesús a la derecha del Padre y donde ha ido a prepararnos un sitio.

Hoy también es la Jornada Mundial de las comunicaciones sociales, cuyo tema propuesto por el papa Benedicto XVI para este año es: “silencio y palabra, caminos de evangelización”. Es fundamental que los mass media ejerzan su importante función social en el respeto de la verdad y de la dignidad del hombre y de la mujer. Que sepan hablar, pero también escuchar los verdaderos anhelos de los hombres. Los medios cristianos están también llamados a hacer algo más, ya que participan de la misión evangelizadora de la Iglesia: a llevar el nombre de Jesús a todos los rincones del planeta conscientes de que solo en él hay verdadera salvación.

martes, 15 de mayo de 2012

Cuando los comentarios sobran: Dios es amor



Homilía 13 de mayo 2012
Sexto domingo de Pascua
Nuestra Señora de Fátima – Pascua del Enfermo

"Dios es amor"
Fuente de la imagen: cartasdapalavra.blogspot.com.es
            Hay ocasiones en que se tiene la clara sensación de que comentar la Palabra de Dios está de más, sobra, que ella se basta a sí misma, que cualquier interpretación que hagamos puede quitarle su fuerza y ensombrecerla. Esto pasa, por ejemplo, cuando a los sacerdotes se nos llama al lecho del dolor, o a consolar a una persona que sufre o está gravemente enferma, o a acompañar a una familia que ha perdido inesperadamente un ser querido. En estas situaciones más que nuestras propias palabras de consuelo, lo que verdaderamente puede ayudar y dar esperanza es la Palabra de Dios, contenida en la preces litúrgicas de la Iglesia. Nuestras propias palabras parecen poca cosa y muchas veces es preferible no pronunciarlas y dejar hablar a Dios, manteniéndonos nosotros en un silencio respetuoso. Otra ocasión en la que sobran los comentarios a la Palabra de Dios es en un domingo como el de hoy en que se proclaman lecturas tan significativas. Los textos bíblicos son tan ricos y expresivos que lo mejor es escucharlos con oídos y corazón abiertos y dejar que esta Palabra eficaz entre en lo más profundo de nuestro ser y lo vaya transformando. Así que me limitaré a señalar algunos textos de la liturgia de la Palabra de Dios de este domingo, quizás con una breve glosa, esperando que ésta no le quite su fuerza.

Bautismo de Cornelio
Francesco Trevisani (1709)
Pinacoteca Civica - Jesi (Italia)
En la primera lectura encontramos la narración de un acontecimiento fundamental en la historia de la Iglesia. El apóstol Pedro se da cuenta de que Dios llama también a los paganos a entrar en la Iglesia. Dice el apóstol: “Está claro que Dios no hace distinciones; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la nación que sea”. Dios no hace distinciones: esta es una afirmación fundamental, con muchas implicaciones también sociales. Es parecida a esa afirmación tan importante de Thomas Jefferson contenida en la Declaración de Independencia de los Estados Unidos que se ha venido a llamar la ‘declaración inmortal’: “Todos los hombres han sido creados iguales -all men have been created equal-. En un principio esta afirmación iba contra el presunto ‘derecho divino’ de los reyes de ser lo que son, pero después se fue aplicando a otras situaciones como la de la esclavitud. Es un principio fundamental y poderosísimo de la humanidad. Todos hemos sido creados iguales: no hay nadie que por nacimiento, por naturaleza, sea superior o inferior a los demás.

En la segunda lectura encontramos lo más cercano a una definición de Dios que nos ofrece la Biblia: “Dios es amor”. Se ha dicho que si tuviéramos que escoger un único versículo de la Escritura dejando a todos los demás, éste sería que el que elegiríamos. Es la cumbre de la revelación de Dios contenida en la Escritura. Se refiere al mismo ser de Dios: Dios es comunión perfecta de personas, es uno y trino, es un continuo dinamismo de amor que sale de sí mismo. En la segunda lectura san Juan nos dice que una característica de este amor es que nos precede, se nos adelanta, es primero, nos viene al encuentro inmerecidamente, siendo nosotros pecadores. A veces, en nuestras relaciones con los demás, queremos que el otro nos ame primero para que nosotros podamos corresponder -“si él no da el primer paso, yo tampoco”-; pues Dios ha dado el primer paso sin nosotros haber hecho nada para merecerlo, y haciendo esto se ha vuelto vulnerable como sabe muy bien el que ama. El amor verdadero nos hace vulnerables porque nos pone a la merced del otro. Es lo que ha hecho Dios.

Papiro con fragmento del evangelio de Juan
Fuente de la imagen: bible-researcher.com
En la filosofía contemporánea se habla mucho de ‘círculo hermenéutico’. Se refiere al principio de que para comprender algo tenemos que ya de antemano saber algo de aquello que queremos comprender. Así, para entender la frase ‘Dios es amor’ tenemos que saber de antemano algo de lo que significa amor. De hecho, para entender esta frase partimos de nuestra experiencia humana del amor en sus distintas modalidades: de padre y madre, de hermano, de amigo, de esposo y esposa, de enamorado y enamorada, etc. Sin embargo, cuando nuestra experiencia humana del amor se confronta con la revelación que Dios ha hecho de sí mismo y que está contenida en la Escritura, nuestra comprensión del amor se enriquece. Por eso los primeros cristianos utilizaron la palabra griega ágape para hablar de este amor que es Dios mismo, que Dios ha manifestado y quiere que vivamos entre nosotros. Es un tipo de amor que lleva a plenitud el amor humano; que lo asume, lo purifica y lo eleva. Es ese amor que vivían los primeros cristianos y que cuando lo veían los demás decían admirados: “mirad como se aman”. Es un amor ligado indisolublemente a la fe, un amor noble, respetuoso, que perdona, que se adelanta al otro, que da la vida por el otro, que es duradero, etc. Es un amor que es una virtud sobrenatural que transforma el corazón del hombre.

Viviendo este amor se cumple en nosotros todo eso que Jesús dice de sus discípulos en el evangelio de hoy: permanecen en él, guardan sus mandamientos, tienen alegría plena, son sus amigos, son elegidos por él y son escuchados cuando rezan. En algunos escritores paganos de los primeros siglos, por ejemplo en Filón de Alejandría, se habla de los sabios como amigos de Dios, contrastándolos con los ‘esclavos de Dios’. Algo de esto hay detrás de este texto del evangelio de Juan: los verdaderos sabios son los amigos de Dios, los que viven una relación de intimidad y de comunión con él. Vivir este amor, más que un mandamiento es un don de Dios. Se vive cuando se ha conocido el amor de Dios, cuando Dios nos ha revelado como nos ama y cuando nos ha cambiado el corazón para poder vivirlo. Y al vivirlo nos sentimos amigos de Dios y damos testimonio de él con nuestra vida.

Explanada del Santuario de Nuestra Señora de Fátima
con la Capilla de las Apariciones iluminada
Hoy también es el 13 de mayo. Tal día como hoy, en 1917, empezaron esas apariciones de la Virgen en la localidad portuguesa de Fátima; apariciones que han sido muy importantes en la historia reciente de la Iglesia al haber sido relacionadas con la primera guerra mundial, la historia de Rusia y del comunismo, el atentado a Juan Pablo II que ocurrió también un 13 de mayo, y más recientemente con el Concilio Vaticano II y la secularización interna de la Iglesia. Nos encomendamos hoy a María, en este mes de mayo, pidiéndole que interceda por nuestros enfermos y que nos ayude a vivir el amor en plenitud.

martes, 8 de mayo de 2012

La vid y los sarmientos


Homilía 6 de mayo 2012
Quinto domingo de Pascua
Jornada del Clero nativo - Día de la madre (en España)

Fuente de la imagen:  guide.supereva.it
Entre los distintos elementos que encontramos en la Sagrada Escritura –relatos, preceptos y normas, discursos, oraciones, poesías, proverbios, parábolas, etc.- destacan de un modo muy notable las imágenes que utiliza Jesús en los evangelios para hablarnos del reino de Dios, y de él mismo y su relación con nosotros. Son parte esencial de su enseñanza divino-humana y tienen un enorme poder evocador y transformador. Así, todos tenemos presente las imágenes de la perla preciosa, del grano de mostaza, de la sal, de la levadura, del buen samaritano, del buen pastor, del padre misericordioso... Son imágenes que llegan a lo más profundo de nuestro ser haciéndolo resonar al sonido de la verdad sobre Dios y nosotros mismos y nuestra relación con él. Una de estas imágenes poderosas es la que se nos presenta hoy en el evangelio, la de la vid y los sarmientos. Como la de buen pastor que escuchamos el domingo pasado, está tomada de la vida cotidiana, pero también hace referencia a textos del Antiguo Testamento en los que se habla de Israel como la viña del Señor.

Lo primero que nos sugiere esta imagen es la unión vital que existe entre Cristo y los suyos. Es un compartir la misma savia, la misma vida, formar parte de él. En esto es muy parecida a la imagen del cuerpo que utiliza san Pablo para la Iglesia. Se nos dice que tenemos que permanecer en él y él en nosotros para dar fruto. Y se nos dice también la forma de hacerlo: a través de la fe y el amor, guardando sus mandamientos. Esto implica el cultivo de la vida espiritual, de la vida interior, con la participación frecuente en la celebración de los sacramentos, sobre todo la Eucaristía y la penitencia, con la lectura asidua de la Palabra de Dios, con la mortificación, con momentos intensos y prolongados de oración personal, con la lectura espiritual etc., es decir, con los instrumentos que desde siempre la tradición espiritual nos ofrece para permanecer unidos al Señor. Puede que no estén de moda, pero son los que son y no hay otros. Es más fácil de lo que pensamos separarnos de la vid, de que se rompa nuestra unión vital con el Señor. A veces esta ruptura se va dando poco a poco, sin que casi nos demos cuenta, hasta que llega un día, si Dios quiere, como le pasó al hijo pródigo de la parábola, en que despertamos de nuestro sueño de muerte, en que se nos abren los ojos y nos damos cuente de dónde hemos caído, que de ser hijos nos hemos vuelto cuidadores de cerdos queriendo comer las algarrobas con las que se alimentan ellos. La parábola narra que en ese momento el hijo del padre misericordioso recapacita y decide levantarse para volver a casa de su padre. Es una bellísima imagen del proceso de conversión.

Otra enseñanza que nos ofrece la alegoría de la vid y los sarmientos tiene que ver con dar fruto, fruto abundante, fruto de vida eterna. El fruto del que se habla es una vida santa, una vida de plenitud humana y cristiana, una vida que ha desarrollado todas sus potencialidades, una vida de hijo de Dios. El evangelista Juan utiliza el término ‘vida eterna’ para hablar de ella; vida eterna que ya empieza aquí y llega a su plenitud en el cielo. Dar fruto significa vivir así y ayudar a los demás a que lo hagan también. Este fruto es eterno porque no perece, perdura para siempre, también en la eternidad. Ayudar a una persona a llegar a la santidad es dar fruto de verdad.

Fuente de la imagen: casadeoracionmexico.info
Pero la imagen de la vid y los sarmientos también nos dice algo sobre el dolor y sufrimiento presente en la vida de todo cristiano, dolor que es ocasión para crecer en la fe y el amor, para que demos más fruto. El texto del evangelio de hoy habla de la poda y bien traducido – no como en el leccionario actual, sino como aparece en la nueva versión oficial de la Conferencia Episcopal Española- dice: “A todo sarmiento que no da fruto lo arrancia, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto” (Jn 15, 2). Al sarmiento que da fruto, no al que no da fruto que es arrancado, sino al que ya da fruto, se le poda, el Padre que es el labrador lo poda, para que dé más fruto. La poda es dolorosa, la vid llora, pero es necesaria para dar buenos frutos. Si no se poda, la vid crece demasiado y desordenadamente y los frutos que da no son buenos. Así también en nuestra vida, tenemos que quitar cosas que estorban y no nos hacen crecer, que nos dispersan, decidirnos y comprometernos en una dirección renunciando a otras, aprender que el amor verdadero duele, etc.

Ordenaciones sacerdotales en la Catedral de Madrid
Fuente de la imagen: seminariomadrid.org
Este domingo quinto de Pascua también se llama domingo de los ministerios ya que se leen textos que hacen referencia a los distintos servicios en la Iglesia y como ella va creciendo y desarrollándose por la acción del Espíritu: “La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaria. Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Señor, y se multiplicaba, animada por el Espíritu Santo” (Hch 9, 31). A mí siempre me sorprende constatar cómo van surgiendo nuevos ministerios y servicios en la Iglesia. Ayer se ordenaba sacerdote en la Catedral de Madrid un chico de nuestra parroquia, Jaime López. Lo conozco desde cuando llegué yo a la parroquia hace más de diez años. Asombra y llena a uno de agradecimiento ver como el Espíritu actúa concretamente en las vidas de las personas. Jaime, por ejemplo, estaba estudiando la carrera de Ingeniero de Telecomunicaciones cuando empezó a sentir la llamada a ser sacerdote y acabó la carrera y entró en el Seminario de Madrid y ayer el cardenal-arzobispo le impuso las manos asociándolo al orden de los presbíteros, a esta apasionante misión que nos supera por todos partes. En el folleto que se preparó para la celebración litúrgica de ayer se citaban unas palabras en latín: “Oh, sacerdos, tu qui es?... Nihil et omnia, oh sacerdos!” -Sacerdote, ¿tú qué eres?... ¡Todo y nada, sacerdote!-. Es nada por sí mismo, pero todo con el Señor.

Hoy en España se celebra el día de la madre. ¡Qué importantes son las madres! Tanto para la sociedad como para la Iglesia. ¡Cuánto fruto están llamadas a dar sobre todo en la educación de sus hijos! Si quieren dar frutos de vida eterna en sus hijos, el evangelio de hoy les dice que permanezcan unidas al Señor. Sólo así lo podrán hacer.

Sin embargo, todos nosotros a la luz de esta imagen de la vid y los sarmientos debemos interrogarnos sobre los frutos que estamos dando y estamos llamados a dar, si aceptamos la poda que el Señor hace en nuestra vida y dónde nos pide que estemos y qué quiere que hagamos para dar más fruto.

miércoles, 2 de mayo de 2012

¿Qué pastor estamos siguiendo? ¿Es un buen pastor?



Homilía 29 de abril 2012
Cuarto domingo de Pascua
XLIX Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones

Fuente de la imagen: arturosalerno.com 
Con frecuencia se nos critica a los cristianos, especialmente a los católicos, o se piensa de nosotros, que somos personas sin libertad, que siguen a pie juntillas lo que dice el papa o los obispos, como si fuéramos ovejas mansas y obedientes, sin personalidad propia. Y hoy se rechaza este rol de oveja al considerarlo opuesto a la idea de la modernidad, entendida como la época en que el hombre ha llegado a la mayoría de edad y puede y debe decidir por sí mismo respecto a su vida y a su destino. Sin embargo, si miramos con atención a nuestro alrededor, a nuestra sociedad, nos damos cuenta de todo lo contrario. Lo que caracteriza nuestro entorno es el fenómeno de la masificación, de que todos hacen y piensan más o menos lo mismo,  de que las personas están sujetas a todo tipo de manipulaciones, presiones y persuasiones ocultas y no tan ocultas. Así se siguen, sin pararse mucho a pensar, determinados modelos de bienestar y de felicidad que se proponen o imponen desde los mass media, modelos de conducta y de lo que es deseable, de lo que ‘hay que ser y hacer’, de lo que es bueno hablar, de que significa progreso, de lo que deberíamos sentir, de lo que es políticamente correcto e incorrecto, de donde debemos buscar la vida y felicidad, de lo que significa una vida plena y realizada... Y las personas siguen estos modelos con la angustia de que si no lo hacen se quedan atrás, se ‘desfasan’. Así las personas hacen lo que ‘hacen todos’ para no quedarse fuera de la foto. Si lo miramos bien, el hombre y la mujer de nuestro tiempo y de nuestra sociedad, - y quizás nosotros mismos también -  sí se parece a una oveja. Y si es una oveja, cabe preguntar inmediatamente: ¿quién es su pastor? Es un pastor bueno, que cuida de ella, que la ama, que busca su bien, que la conduce a buenas praderas, que la defiende de los lobos, o es un mercenario al que no le importan las ovejas y que sólo persigue su propio interés.

Fuente de la imagen:
maranatha.it
            Este domingo cuarto de Pascua se llama Domingo del Buen Pastor porque en él se nos proclama un pasaje del capítulo diez del evangelio de san Juan en el que el Señor usa esta imagen para hablar de sí mismo y de su relación con nosotros. Él es el buen pastor - o kalós, en griego - el pastor ‘noble’, ‘hermoso’, ‘bello’, y es hermoso porque de verdad le importan las ovejas, busca su bien, no es un asalariado; él da la vida por ellas. Además las conoce, las llama por nombre una a una, sabe lo que necesitan, de qué pie cojean. Entenderíamos quizás mejor esta imagen si nos retrotraemos a los tiempos de Jesús o si miramos a los pastores de los pueblos nómadas o seminómadas de hoy, como los beduinos. La relación entre el pastor y su rebaño es muy estrecha, casi personal, no es una relación meramente comercial e interesada; es una relación que se va fraguando a través de largas horas pasadas juntos en la soledad del desierto. También debemos tener en cuenta para interpretar bien esta imagen los textos del Antiguo Testamento que hacen referencia a ella, textos en los que Dios se lamenta de los malos pastores que explotan a su pueblo y en los que promete que será él mismo el que pastoreará a Israel. Jesús, de hecho, utiliza esta imagen en el contexto de la disputa con los fariseos después de haber curado el ciego de nacimiento. Al utilizarla reclama para sí un título mesiánico y quizás también veladamente alude a su divinidad.

A nosotros no nos importa que se nos considere ovejas de este pastor, más bien, todo lo contrario, nos honra. Sabemos que este pastor es bueno, que nos ama y nos quiere dar la vida en abundancia; es el que no lleva a los buenos pastos, el que quiere nuestro bien. En la medida en que los demás pastores de la Iglesia lo hacen presente, también los seguimos a ellos, desde el papa a nuestros obispos y sacerdotes. Reconocemos en su voz la suya y en su caridad pastoral la del único pastor. Los demás seguirán los pastores que quieran, o creerán falsamente ser autónomos y decidir por su cuenta. Nosotros sabemos en quien hemos puesto nuestra confianza.

Hay una frase que dice Jesús en el evangelio de hoy que no quiero pasar por alto, porque es muy importante. Jesús habla de ovejas que no son de este redil, que también las tiene que traer para que haya un solo rebaño y un solo pastor. Aquí encontramos el fundamento de la labor ecuménica e interreligiosa que llevan a cabo los cristianos y los hombres de buena voluntad. Hay ovejas del Señor que no forman parte visiblemente de la Iglesia Católica, ni tampoco de otras Iglesias y comunidades cristianas, y que sin embargo pertenecen al Señor y están llamadas en los tiempo de Dios, no en los nuestros, cuando y como él quiera, a formar parte del único redil. Redil que es mucho más amplio y variado de lo que nos imaginamos.

Hoy domingo del Buen Pastor celebramos también la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones. En el cartel que ha realizado la Conferencia Episcopal Española para esta Jornada, se ve una playa en cuya arena hay una cruz y la frase: “Tú sabes que te quiero”. Es lo que le dice san Pedro al Señor resucitado a orillas del mar de Galilea cuando por tres veces le pregunta si le quiere. Es una frase que podemos repetir cada uno de nosotros. Por muchos errores que hayamos cometido, por muchas voces de otros pastores que hayamos obedecido, por muchas veces que le hayamos negado, podemos sinceramente decir: “Tú, Señor, sabes que te quiero”. Y a cada uno de nosotros el Señor nos da una orden como se la dio a Pedro, una misión. A algunos nos pide hacerle presente como buen pastor. Es una misión apasionante que tiene su fundamento en una relación de amor especial con el Señor. A otros les pide otras cosas, que sean un buen padre o una buena madre de familia, que hagan presente la buena noticia en sus ambientes…

            Pidamos hoy especialmente por las vocaciones sacerdotales que, como dice el papa en su mensaje para esta Jornada, son dones de la caridad de Dios. Dones que hemos de pedir sin desfallecer, como la viuda del evangelio.